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martes, 25 de abril de 2017

El retrato fotográfico como caricia.


¿Qué es un caricia?

Una breve distancia mensurable. Algo tan leve, o tan doliente, como un corto espacio de tiempo. Unas manos zambullidas, una felicidad cerrada al pasmo, unas gotas de llanto memorable. 

Una caricia es lo que  puede mediar entre abrazos o lo que sigue al calor de un cuello. Una caricia puede valer lo que una noche de placer, un limbo de piedad o una eternidad de hermosura. 

Una caricia es,  quizás, un adiós para siempre, o también un hola sin palabras. Desde unos dedos piadosos, sobre una mejilla cuajada de recuerdos, puede brotar una caricia o puede amanecer ésta desde unos ojos de lumbre apasionados. Una caricia puede terminar de pintar unos párpados de azucena o retirar un mechón de pelo sobre la cara.

En fin, en una caricia siempre hay... matices, detalles, sugerencias.

Incluso un simple click puede ser, de una forma u otra, una caricia.

En este serie de retratos, uno interpreta que el fotógrafo es sujeto activo de la acción y que otorga, mediante su herramienta de trabajo, una caricia al personaje retratado.

Las fotografías, de la serie Campesinos, pertenecen todas a Juan Manuel Díaz Burgos.













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