Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 25 de abril de 2017

El retrato fotográfico como caricia.


¿Qué es un caricia?

Una breve distancia mensurable. Algo tan leve, o tan doliente, como un corto espacio de tiempo. Unas manos zambullidas, una felicidad cerrada al pasmo, unas gotas de llanto memorable. 

Una caricia es lo que  puede mediar entre abrazos o lo que sigue al calor de un cuello. Una caricia puede valer lo que una noche de placer, un limbo de piedad o una eternidad de hermosura. 

Una caricia es,  quizás, un adiós para siempre, o también un hola sin palabras. Desde unos dedos piadosos, sobre una mejilla cuajada de recuerdos, puede brotar una caricia o puede amanecer ésta desde unos ojos de lumbre apasionados. Una caricia puede terminar de pintar unos párpados de azucena o retirar un mechón de pelo sobre la cara.

En fin, en una caricia siempre hay... matices, detalles, sugerencias.

Incluso un simple click puede ser, de una forma u otra, una caricia.

En este serie de retratos, uno interpreta que el fotógrafo es sujeto activo de la acción y que otorga, mediante su herramienta de trabajo, una caricia al personaje retratado.

Las fotografías, de la serie Campesinos, pertenecen todas a Juan Manuel Díaz Burgos.













miércoles, 19 de abril de 2017

Iba cayendo la tarde



Iba cayendo la tarde. Eran casi las nueve de un día incierto, entre dos estaciones. Una fatigada luz se abrazaba al horizonte, para no perderse nada. Muy ligera, desde el cielo bajaba hasta los ojos. Desde el suelo subía, en cambio, la frescura verde y el tintineo de unas campanillas amarillas. Las arrancaba, una a una, para ramitearlas. Las revisaba, por si no fuesen entre sí distintas, o por si encontraba dos iguales. Quién sabe.

-¡Vamos!, le dije,
-¡Espera!, me dijo,

aunque ella pensó en la primavera.

Atrás quedó el esplendor de los prunos y cerezos de la pasada estación, y el verano nos llegó abriendo paso en una sola tarde. La luz, efímera; el cielo, su cúpula; sus manos, quirúrgicas; el suelo, brotando.


Ni una palabra más para contar la felicidad de ese silencio de después.


domingo, 9 de abril de 2017

En una noche oscura.

Fotografía de Ana Muller (con el permiso de la autora)


-Señora, donde hay música no puede haber cosa mala.
-Tampoco donde hay luces y claridad – respondió la duquesa.
Miguel de Cervantes. 
(Quijote, 11, 34)


Escribe uno a sabiendas de que lo leerán unas decenas, sin importarle en cambio que sean centenares de miles, acaso millones,  los que pasen sus dedos por encima de la pantalla de su smartphone en busca de la imagen de fácil digestión, directa, suficiente, filtrada, impactante a ser posible, mañana en cambio olvidada, sin lugar a dudas.

Abocados como parece que estamos hacia lo visual, menos exigente y agresivo que el texto o la música compleja, uno empieza a sentirse un bicho raro al escribir cosas a propósito de lo que esta noche va a escuchar. 

Me acercaré al Auditorio Nacional para disfrutar, una vez más, de la abrumadora Matthäus -Passion de J. S. Bach. Será una paleta de colores instrumentales, cuajadas de meditaciones, la que interprete el Collegium Vocale de Gante con Herreweghe dirigiéndolos. 

Una música que se escribió hace trescientos años en un ambiente recogido y menos luminoso que el actual, de noches más cerradas y por ello más íntimas, en las que los acordes musicales ingrávidos, las flautas y las voces,  lo sobrevolaron todo, otorgando al aire una textura frágil y descarnada. Coros que convocaron la percepción de lo inestable y lo sutil; sombras de cuerdas que levitaron sobre partituras, místicas y sin sustentación, flotarán hoy por encima de mí, y para mí, una vez más.

Una música que resultaba hace trescientos años participativa, no como mero relleno ambiental; una música que lo iluminaba todo, me invitará esta noche a acordarme de los míos que no están ya para celebrar conmigo este misterio artístico.

Porque donde hay música hay luz y claridad.


Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Del poema En una noche oscura
San Juan de la Cruz.