Manual de instrucciones de blogscriptum

domingo, 22 de enero de 2017

Non sufficit orbis


No pude dormir bien. El viento no paró de sonar durante toda la noche. Permanecí quieto y con los párpados cerrados mientras ululaba fuera, buscando como loco los resquicios, queriendo entrar por la ventana que no había conseguido cerrar bien antes de acostarme. Decidí tenerlo así, apartado de mi, silbando disarmónico en el exterior,  hasta que finalmente comenzó a amanecer, y entonces, fue por él y por la luz débil -que más que iluminar, había llenado de sombras el entorno de mi cama- que ya decidí levantarme para fotografiar el invierno.

Y siguió entonces el invierno hablando a través del viento: no aspiro a más -me dijo- ni reniego de lo obtenido; no habito en la permanente promesa del cambio, ni deseo lo imposible. Estoy en un presente satisfecho -continuó silbando- me sobra la fe y me abruma el asombro perpetuo. No encuentro ningún atractivo en la inmediatez del recambio, acaso prefiero el flujo natural del aprendizaje. 

Intenté en vano apretar el cierre de la ventana, para dejar de escucharle, pero remató su discurso susurrándome que se esforzaba en no perder la noción de lo que es importante, que no es otra cosa que percibir el valor que posee lo cotidiano.

Decidí en ese instante terminar un día antes de lo previsto el congreso. Seis horas después estábamos juntos viendo una hermosísima película. Me basta con el mundo.


Nota bene:
Non sufficit orbis, una frase acuñada en las monedas del rey  Felipe II.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Eres libre...¿Quieres decir algo?