Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 11 de enero de 2017

Mentiras verdaderas.

Cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero.
Rayuela 1963
Julio Cortázar.

Tiene uno la sensación de volver de forma repetida a los mismos temas y eso me preocupa. Pero al mismo tiempo, caigo en la cuenta de que en este espacio no se hace otra cosa que hablar de lo que a uno le pasa todos los días, lo cotidiano (I giorni),  y claro, las cosas no pueden ser muy diferentes, aunque uno pretendiera que así fuesen. En cualquier caso uno puede hablar bastante de sí mismo y de sus cosas, pero lo haría de más si siempre lo hiciese a quien no tiene el más mínimo interés en escucharlo, o  sí además, lo que cuenta careciese del más mínimo interés. Uso este adverbio, bastante,  en su sentido más indefinido posible, tal y como hiciera Whitman

Existo como soy, eso es bastante, si nadie en el mundo lo sabe, estoy satisfecho, y si todos y cada uno lo saben, estoy satisfecho.

Y si has llegado a este punto de la redacción, querido lector/a puede uno suponer que tiene cierto interés para ti lo que aquí se va a contar.

Y fue que: la otra noche, final del día de Reyes, estando a punto de dormirse con su madre, V. comentó:

-Mamá, ya sé lo que voy a pedir para el año que viene a los Reyes Magos.
-¿Ah sí?, ¿ya lo sabes?
-Si. Una respuesta.
-¿Una respuesta?.
-Si, una respuesta, porque no sé si esto de los Reyes Magos es verdad, si es que existen, o si como el Ratoncito Pérez todo es una mentira… porque tengo mis sospechas.
-Ya.
-Mamá...
-¿Si?
-¿Qué son sospechas?.

Durante el adviento ella ha ido abriendo, uno a uno, los cajoncitos correspondientes a cada jornada, que contenían una sorpresa distinta, que sus padrinos previamente habían rellenado. Era libre para hacerlo, pero nos aseguró que no había anticipado el hallazgo de los días siguientes, y por su cara, al abrir cada uno, solo el día que correspondía, ponía en evidencia la verdad de la novedad, de la sorpresa.

Y esas dos eran las únicas verdades que le eran suficientes: sentir como propia la incertidumbre, que es la única parte valiosa de la verdad, la única que nos mueve en la búsqueda y que nos estimula en el aprendizaje, y la sorpresa, que solo puede existir cuando cualquier expectativa está abierta, si la mirada es amplia y la imaginación carente de prejuicios.

Y esto es lo que para uno sería bastante: hacer que germine en ellos el principio fértil de la incertidumbre, la inocencia de la sorpresa y la magia de unas pocas y sencillas mentiras verdaderas, tan necesarias.




4 comentarios:

  1. Se hace mayor demasiado rapido

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  2. ¡Qué cada día sea esa cajoncito de sorpresa y fiesta por la vida! Y que después de ser abierto, nos siga acompañando la capacidad para seguir sorprendiéndonos.
    Gracias Enrique, y un abrazo cálido en esta noche fría.
    Satur

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Yo todavía abro cajones y lo sorprendente es que me sigue haciendo ilusión

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