Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 5 de octubre de 2016

Ama y guarda.


Acude uno a este espacio por que no se sabe en otro. Anda despistado por las redes y por la calle, que no deja de ser otra red de redes, entre amigos y conocidos, intentando contar lo vivido y no lo consigue.

Salimos decididos a encontrar las respuestas y nos vinimos cargados de preguntas. ¡Qué alejadas resultaron las hipótesis de las conclusiones!

Al final del relato fotográfico mostrado en el escaparate de las imágenes (Facebook) estaba esta otra fotografía. Entendí que solo podía ser usada como cierre de párrafo, el que diera paso a la palabra más intimista. Se viene pues a este Cuaderno de lo Cotidiano a refugiarse porque es donde mejor puede uno resumirlo todo. 

A lo largo de ese álbum utópico se ha intentado pasar por todos los capítulos posibles: las mujeres, los ancianos, la infancia, los personajes, la comunidad, la familia, la religión, la enfermedad y las cosas. Quedaban los sentimientos, pero claro, los de uno.

Y sucedió que: regresaba uno a su dormitorio después de un día en el hospital. En la plaza que quedaba en medio de todo, como cualquier día, andaban jugando unos críos al balón. Iban por todas partes revoloteando como si fueran golondrinas que jugasen a beber sobre los charcos, volando a ras de suelo. La risa lo llenaba todo. Y pensó uno que la risa no precisa de ninguna explicación. Va de una boca a otra boca, contagiando en los labios, solo con su roce, una concavidad discreta, una mueca de felicidad, supuesta o sincera. 

Había en cambio a la puerta del hospital, en aquel mismo instante, una mujer llorando en silencio. Y fue entonces que necesitó uno una explicación por aquel llanto. La misma que no precisaba por la risa que iba picando por aquí y por allá a todos los que andábamos por esa plaza. Vio uno a esa mujer llorando y exigió inmediatamente una explicación por tanta tristeza, aunque estuviera reconcentrada en una sola lágrima callada. Risa y llanto. Lo mismo que uno.

Hice esa foto y también la de los niños. Esta última la enseño. La primera la amo y me la guardo.

Buenas noches, Nagati bulá.


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