Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 30 de mayo de 2016

La corriente infinita.


Fotografía: Enrique de la Peña

Ingresé en aquel lugar como un hombre solitario, rumiando mis propios pensamientos, como muchas otras veces, con una carga considerable de melancolía. Un vez más la condición humana y su inestabilidad me llevaba hacia esas derivas.

Para ingresar en el campo de concentración de Dachau debe uno atravesar el puente por debajo del cual transcurre un caudal de agua del que no conozco (ni se informa al visitante) el nombre.

Después de cruzar el puente ha de pasar uno bajo el famoso lema: Arbeit macht frei. Mirando la corriente mansa antes de atravesar la verja de hierro –solo entreabierta-  decido fotografiarla:

“Todo fluye, todas las cosas de este mundo pasan y ninguna puede impedir que esto sea así. Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, porque sobre quien se sumerge en los mismos ríos fluyen siempre distintas aguas”

Luego de atravesar la verja, algo me llama la atención: es el silencio. Un espacio exento, rodeado aún de vallas de espino  y torretas que limitan un espacio cuadrangular y agorafóbico, en el que quedan las señales simétricas de los pilotes de andamiaje, el punto exacto donde antes debieron estar asentados los barracones. Al fondo el horno crematorio. El resto es silencio.  Solo es un patio, me digo entonces.

Pasa el tiempo y veo El hijo de Saúl , una película  de László Nemes que no hay que evitar. Hay que tener el valor de ver esta nueva forma de contar la Historia, con el reto de afrontar el Holocausto filmando sobre la base del ruido y la suciedad, las secuencias cargadas de gritos y de órdenes, en la que no hay diferencia entre día y noche; en la que predomina lo sucio, el barro y el estremecimiento, lo feo y lo doloroso. A pesar de todo eso, y precisamente porque no hay terror en un sólo fotograma, hay que verlo.

Y al verlo me digo: estate tranquilo, sólo es cine. Me acuerdo de aquel cauce de agua otra vez, y su verdad profunda, panta rei. Heráclito, irrefutable. El agua fluye lentamente, simbólica y poética, y vuelvo a detenerme mentalmente a la salida de aquel campo, buscando su significado, una perdurable explicación del mundo, algo a lo que asirme ante la aridez a la que acabo de ser sometido en mi recuerdo.


Fotografía: Enrique de la Peña

Compruebo en la red que, efectivamente, ese canal de agua ya limitaba el campo en el que 41.500 personas (200.000 prisioneros) fueron ejecutadas. Ese mismo canal, con distinta agua, nueva a cada instante. Repaso las fotografías de aquel día y encuentro una que me pasó desapercibida en la primera revisión: aquella que tomé a la escultura de  Hubertus von Pilgrim. Rostros anónimos que me inquieren una respuesta. Los nazis prohibían pronunciar la palabra “muerto” en los campos de exterminio, les llamaban Figuren, como si fueran muñecos. Pero sólo es una escultura, me digo ahora que veo la fotografía.


Fotografía: Enrique de la Peña

Decido terminar en esta noche, del tirón, las sesenta últimas páginas de La tierra que pisamos de Jesús Carrasco: un tratado sobre la resilencia. Una historia que mezcla los tiempos y los personajes, ayer y hoy; vivos y muertos; la cultura del campo; el desorden; la locura; la ignominia; el recuerdo de los seres y de la tierra -su olor y su humedad- 

Termino un libro del arrepentimiento y de los verdugos. Una historia de una huida, en círculos. Una huida que no es otra cosa que un regreso al punto de partida, la tierra de la que no puede uno desenraizarse. Pero solo es un libro, me digo, mientras doy la vuelta a la última página.







“Quizá como dicen, en algún momento fuimos uno. No un solo cuerpo, sino un solo ser. Nosotros, los árboles, las rocas, el aire, el agua…” 

Me acuerdo de aquel canal, de su agua, pero solo es un rio, me digo, mientras termino esta entrada..

jueves, 26 de mayo de 2016

El Duque desnudo.

La maja desnuda de Francisco de Goya



Dashiell Hume es un sabio loco, orondo y fabuloso que participa de la tertulia que tenemos cada jueves en el Café L´Autre . Desvía de continuo el riguroso discurso de nuestra científica conversación con sus elucubraciones fantásticas, sin ningún rigor histórico.

A lo largo de los últimos años ha pretendido demostrar (con datos) que Cézanne en realidad era ciego; Jesús de Nazaret una mujer de origen asiático –probablemente tártara- y que Benito Mussolini terminó sus días como una vulgar cabaretera del París  liberado. Todo lo hacía con el afán de hacerse notar, originalidad fatua  -pensábamos- con la única pretensión de llevar la contraria.

Pero todo tiene un límite. El segundo jueves del mes de febrero acordamos de antemano darle la razón en aquello que propusiese. Sin más. No deseábamos más discusiones absurdas.

Y así lo hicimos cuando argumentó que en realidad nunca fue maja, sino duque transexuado, lo que Goya retrató. Todos asentimos coordinadamente al finalizar su disertación y no hubo caso a discusión alguna. Confuso, Dashiell salió malhumorado del Café.

Desde aquel jueves nuestra reunión se ha reconducido hacia la seriedad y el rigor, alejada de toda esa absurda fantasía irrespetuosa, aunque -a decir verdad- la luz del L´Autre parezca ahora algo más mortecina que de costumbre.



miércoles, 18 de mayo de 2016

Lazos entre reinos.

Ropa tendida. Venecia. 2016. Foto Blogscriptum

La ciudad tiene sus grandes casas, sucias y silenciosas. Una hialina luz crepuscular, benigna y suave, hace perderse a los palacios entre las sombras.

Se ven calles sin nadie, con las puertas cerradas; una campana da una hora huérfana y melancólica, y de unas paredes desconchadas y últimas, al final de cualquier callejón, vacila húmeda una colada. Hace gala de una patria interior, de una vida que se adivina dentro. Cuenta cualquier historia cotidiana, tendiendo lazos entre dos reinos.

Llovizna. Algunas gotas mueren en los alféizares. El resto de ellas nos ungen, porque resbalan sobre nuestras cabezas con la lentitud y la dignidad que otorga la ciudad a la que iban dirigidas. Las aceras de cemento toman al mojarse un tono vagamente malva. El viento que viene de la laguna serpenteando por las callejuelas fluye para llevarse sus risas y con ellas el día entero.

Carreras. Venecia 2016. Foto Blogscriptum

Ya al final de la jornada, al lado de la fuente cristalina del alma, desnuda, reina y señora, va y viene la memoria, recogiendo teselas doradas de todo lo vivido, para que luzca en lo alto del brillante mosaico de nuestros sueños.

Desde la cama, abrazados, fundidos como ascuas, viajan los dos en otro sueño, esta vez en un tren largo, de cansancio y de traqueteo amable. Hoy no hizo falta cantarles.



miércoles, 11 de mayo de 2016

La Metamorfosis.








Leo en Correo del Libro que la revista Weiße Blätter (algo así como Las páginas blancas), comenzó a divulgarse en octubre de 1915 para difundir a los principales escritores del entonces joven movimiento expresionista. En ella apareció un texto que de inmediato destacó. Se trataba de una narración de cincuenta y tres páginas en total. Su nombre era Die Verwandlung (La transformación), La Metamorfosis. Desde entonces, la literatura estaría marcada para siempre por su mil veces repetida frase inicial, transformada una y otra vez por generaciones de traductores.

«Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró en la cama transformado en un insecto monstruoso. Estaba acostado sobre la espalda, que era dura, como acorazada, y levantando un poco la cabeza pudo ver su vientre convexo, color pardo».




Los editores pusieron atención a una de las pocas pero pensadas exigencias que Kafka hizo a la hora de editar su obra. Cuando el relato iba a publicarse en la editorial Kurt Wolff, Kafka le pidió al ilustrador Ottomar Starke que por ningún motivo dibujara un escarabajo en la portada.Su primera traducción al español fue hecha en 1925 por un anónimo. 

La editorial Libros del Zorro rojo publicó en el centenario de la obra una edición delicadísima (como todas las que publica) para la cual utilizó las ilustraciones de Luis Scafati (Mendoza, Argentina, 1947). Scafati es un ilustrador cuyas obras han sido expuestas en Barcelona, Frankfurt y Madrid y que integran las colecciones de importantes museos.



En Libros del Zorro Rojo ha publicado además de La metamorfosis, de Franz Kafka: El gato negro, de Edgar Allan Poe, La Historia del Town-ho, de Herman Melville, La ciudad ausente, de Ricardo Piglia, Narración de Arthur Gordon Pym de E. A. Poe,  Drácula, una versión personal sobre el clásico de Bram Stoker, La peste escarlata de Jack London,  y la primera obra por la que le conocí: Informe sobre ciegos de Ernesto Sábato, que como Kafka, no tenía intención alguna de publicar su obra.

Nota a la música:
Metamorfosis fue escrito por Philip Glass (Baltimore 1937) en 1988 y toma su nombre de la obra de Kafka. El número uno de un conjunto de varias piezas fue usado en la banda sonora la película de Errol Morris The Thin Blue Line, que narra la verdadera historia de la condena injusta de un hombre por el asesinato de un oficial de policía de Dallas.

domingo, 8 de mayo de 2016

Entre el agua y el cielo.

Laguna de Venecia, crepúsculo del 1 de mayo de 2016
Solo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos del día excitados por el vino, sin que nos desilusione la pobreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar- como una calabaza arrastrada por la corriente del río- sin perder el ánimo ni por un instante, esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero.
Asai Ryoi
Narraciones sobre el mundo efímero de las diversiones.
Kyoto 1661

Vuelve uno a este cuaderno de bitácora, de lo cotidiano, con unos días de retraso, pero con los ánimos renovados. Desea sentarse a escribir del viaje, no tanto por si alguien quisiera leerlo, como por servirle a uno de apunte para la memoria - tan frágil- no fuera el caso que me de por revivirlo mucho más adelante.

Lo hace uno con respeto, sin embargo, porque como dice A. Trapiello  en Las inclemencias del tiempo (el que hace el número diez de todos sus volúmenes del Salón de pasos perdidos)  una estancia de un par de días, cada diez años en Venecia no parece justificar el poema, el artículo o  la paginita.  Y aunque haya estado allí un número de veces mayor al referido por el escritor leonés,  no se atreve uno a decir nada sobre ella, pues ya lo han dicho antes aquellos que pasearon sus ojos por sus canales haciendo luego literatura incontestable y eterna, como la propia ciudad.

Se ha escrito más sobre Venecia que sobre la mayoría de las otras ciudades del mundo. Goethe opinaba que esta ciudad no podía compararse a ninguna otra. Dickens que "superaba la capacidad imaginativa del más fantástico soñador", o Thomas Mann que la consideraba "la más inverosímil de las ciudades" "mitad cuento de hadas, mitad trampa". Lo hacía Mann mientras describía la belleza de Tadzio, y así de paso, el que lee Muerte en Venecia, va de la mano de Aschenbach entendiendo el hipnotismo decadente de la ciudad suspendida sobre las aguas.

Hemos ido los cuatro. Queríamos presentársela formalmente a V. y P.  Este llevaba tiempo pidiéndolo y había que formalizar una relación que, como en la antigüedad, solo se había establecido desde la posesión de la estampita y la narración de sus padres. Y no le ha defraudado. Italia nunca lo hace.

Han aprendido mucho, aunque me conformaría con que tan solo hubiese prendido en ellos la semilla del asombro, esa que es imprescindible para la vida, sin la cual no se puede dar el espíritu del descubrimiento, de la superación, de la necesidad de estudiar, y en definitiva, de hacer nuevo y distinto cada día.  Me daría por satisfecho si se hubiese improntado en sus cabecillas el recuerdo de escenas y paisajes que, como dice Oliver Sacks, formasen ya parte de su repertorio, de sus “reminiscencias”, que pudieran conformar en el futuro  mundos imaginativos más complejos,  personales, dramáticos e “icónicos”. 

Y para uno, estar otra vez en Venecia, así juntos, ha significado mucho, pues he comprendido el significado de la ciudad y del  propio viaje. Y fue así que: en el crepúsculo del primer día de mayo, celebrando el sexto cumpleaños de V. volvíamos cansados a nuestro hotel en Murano, subidos al vaporeto, después de un largo día de caminata.  Salimos a cubierta para ver el perfil en el horizonte de los campanarios y los edificios suspendidos en la incipiente oscuridad. Había pequeñas luces de Venecia que rebotaban sobre el muro negro de las aguas de la laguna. Eran unos pocos corpúsculos luminosos que bailaban con el viento que pasaba y agitaba el agua dormida. Eran gentiles centellas que se abrían paso entre la bruma, chapoteando luego en ese caldo espeso del Adriático. Todo estaba envuelto en una bondadosa tiniebla, sensible a la vista. Picaban los ojos y a nuestro alrededor palpitaba el ambiente, provocando fácilmente las alucinaciones. Ellos me comentaron entonces que veían sombras danzando sobre el agua, cerca de Venecia. Uno les hizo ver que esas sombras eran amables espectros de antiguos visitantes de la ciudad que volvían con enorme nostalgia para verla de nuevo.


Aprovechad el momento hijos -les dije- abrid los ojos y disfrutad de la escena. Por si no se repitiese. Aprovechad el momento, insistí. Y allí juntos y abrazados presenciamos la somnolienta soledad de la ciudad, entre el agua y el cielo.

El ruso Joseph Brodsky escribe: 
"Al rozar el agua, esta ciudad mejora la imagen del tiempo, embellece el futuro. Ése es el papel de esta ciudad en el universo"

Nota bene:

1.- Asai Ryōi (-, 1691) fue un escritor japonés de principios de la era Edo. Era monje budista en un templo de Kioto y está considerado uno de los mejores autores de un tipo de literatura popular. Aunque comprendía muchos géneros, un tema común era la celebración de la vida urbana contemporánea

En su Historia del mundo flotante se aborda la idea transitoriedad de la vida. Nada permanece para siempre. Uno debe de disfrutar los placeres de esta vida como si cada día fuera el último.

2.- Luchino Visconti utilizo en Adagietto de la quinta sinfonía de Mahler para su película Muerte en Venecia, basada en la novela homónima de T. Mann.