Manual de instrucciones de blogscriptum

domingo, 17 de abril de 2016

Veinte metros.




El paisaje está dulce, todo el campo lo está. Es la niebla la que lo pacifica y ha ido ésta retirándose como si fuera un rebaño camino de la aldea. Llegamos al tiempo que ella se va despertando. ¡Qué alegría!¡Cómo lo hace!, con anuncios de humo por las chimeneas. Se levantan las columnas hacia el cielo como álamos blancos.



Es un paisaje en silencio, un pasaje sin voces. No es triste, es que la aldea sueña. Salen sus tejados por encima de la brumosa ribera y aún sueña. Pisadas, voces, juegos y las brisas infantiles vienen a terminar de sacarla de su letargo de ramajes y yerbas viejas. La mañana se hace lánguida y velada, cargada de secretos y aromas, de ensueños, de abriles que llaman ya a al puerta, de aires distraídos, de deshojadas arboledas, de rosales dolientes de flores, soñando en cada rama leñosa el deseo de plenilunios de pétalos.



Esos últimos veinte metros hasta llegar a casa se hacen entre avellanos, de los que solemos coger ramas largas para hacer arcos y flechas, espadas y lanzas en verano y jugar a Errol Flynn si toca héroe o Dick Turpin si villano. En esos cortos veinte metros todo queda en una penumbra  que nunca el sol calienta lo suficiente. Corona su cielo una bóveda románica hecha de ramas de roble. Son  dos o tres, invadidos por la yedra que los abraza mortalmente. Uno tontamente ha intentado evitar con hacha y sierra esa tragedia natural. Como si fuera posible evitar una agonía que le sobrevivirá a  uno en décadas. Ya le cantará el poeta del futuro al roble seco por la yedra.



En esos veinte metros hay un espacio íntimo donde los rayos que consiguen penetrar generan aquí y allá intrincados recovecos de claroscuros. Trazos de sombras de ramas, finas y gruesas, sobre un alfombrado suelo de hojas, sea la estación del año que sea. El aire encierra una espesura de silencio, una serena penumbra que parece eternamente inalterada. Dudo que haya en ese juego de luces y sombras menor belleza que en un abierto horizonte luminoso.



Pues en esos veinte metros V. ha visto una violeta al lado del camino, en la vereda y al ir  a cogerla para E. ella nos ha dicho –dejadla en el suelo, está mejor ahí. Y entonces ha sido que a uno le ha parecido bien dejar aquellas flores allí, en esos veinte metros. Ellas se dieron la mano y continuaron caminando de vuelta a casa. Uno ha disparado una fotografía de ese preciso momento.


Nota a la entrada musical:
Kongero es un grupo vocal sueco formado por cuatro voces femeninas que no fallan ni una sola nota en su afinación. Las descubrí a través de Radio 3 de Radio Nacional, en el programa Discopolis, y me parecen increíbles.


1 comentario:

  1. Existen universos completos. Paraísos de silencios alegres y alfombras llenas de pensamientos azules. Es una delicia leer que tu tienes un tesoro en tu universo de veinte metros.

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