Manual de instrucciones de blogscriptum

domingo, 10 de abril de 2016

He llegado a quererme: de verdad.

«Hemos llegado a querernos de verdad —decía Andrés—, porque no teníamos interés en mentir.»

Reflexionaba en tercera persona Andrés Hurtado, el protagonista de El árbol de la ciencia (1911). Un joven inquieto que desearía aprender todo cuanto pudiera, sobre todo sobre la medicina,  pero que lee libros de todo tipo, para poder filosofar  todo el día con su tío Iturrioz.
 

A estas alturas de la noche escribo desde el ordenador de mi despacho en el hospital. Me he sentado aquí después de tres días de ingreso hospitalario, una vez han levantado el aislamiento que pesaba sobre uno como una condena. 

Ni Edmond Dantès lo hubiera hecho mejor que el que aquí firma, pues he conseguido zafarme de la vigilancia y bajarme desde la segunda planta del hospital al despacho. Una meningitis me ha hecho ver la vida desde el otro lado del escenario y como parece que la cosa solo quedará en un susto he venido a recordar al bueno de Hurtado, de Pio Baroja, cuando he encendido el ordenador dispuesto a escribir algo sobre lo sucedido.


Y ante la duda sobre el tema del post ha resultado que: delante de uno y alrededor se agolpan muchas cosas, detalles y recuerdos que me explican y me definen y ha sido excepcional el texto que desde este diario de lo cotidiano se ha aproximado a ellos. Sin ánimo de ser exhaustivo describiré aquello que ahora mismo uno observa.


A mi derecha a la altura de mis ojos hay un retrato que la fotógrafa Ana Muller tomó en Mayo de 2006 a P. y E. en el interior de un claustro de una Iglesia en Gijón. Es un buen retrato. Le tengo un especial cariño por la sonrisa de  de la madre y el hijo;  es luminosa y consigue iluminar mi entorno de trabajo.


A la izquierda de la pantalla, apoyada sobre la mesa, una copia original de Nicolás Muller. El famosísimo retrato de D. Pio (que por cierto era médico) paseando por el Retiro. Fue un regalo de Muller y ocupa una posición privilegiada en mi rincón de trabajo; invita a la reflexión y transporta a una cierta melancolía, como la que uno padece a veces. Más de una vez me han preguntado si era mi abuelo y, por supuesto, digo que sí, por parte de madre, claro.




Encima de estas dos imágenes, dos fotografías iconos de mi vida. Se titulan manos y pies. Las hice en Tanzania en 2001. Me recuerdan constantemente cómo venimos al mundo: descalzos y sin propiedades y me refrescan sobre la base de mi trabajo: humildad, dureza, bondad… y  una sonrisa amplia de dientes blancos.



En la izquierda de la mesa, por delante del tratado más importante sobre mi especialidad (no es casual la disposición)  un retrato disparado en automático de mi familia: me gusta el otoño en el bosque. Su magia, su olor, su luz y los colores. Y debe quedar claro cuál es el orden en que se distribuyen las cosas sobre mi mesa. Qué queda por delante, y qué por detrás. Mi familia, el campo y la medicina.


P. más arriba, se tapa los ojos en otra foto, porque no le gusta que le retraten. Tengo especial cariño a esa foto porque él llevaba puesta una camiseta de los Beatles que le encantaba; Yellow submarine, se la sabía de memoria. Resulta que V. la ha heredado y no le gusta Yellow submarine, le parece una canción, tonta. Yo creo que los dos tiene razón: la canción es tonta, como muchas de los Beatles, pero no puedes evitar que te guste.


Detrás de P. está un dibujo a mano alzada que hizo mi bisabuelo José Fajarnés que, para no participar activamente en la Guerra de Cuba, decidió hacerse “enfermero”, bueno, algo parecido. Heredé un dibujo de anatomía suyo y ¡fíjate lo que son las cosas! se trata del suelo pélvico masculino. Tiene un detalle increíble porque está hecho a tinta china. ¿Me estaría predestinando este dibujo?


Al fondo, arriba, a la izquierda de los libros, Wagner, Beethoven, Brahms y Bach y algún otro autor. Wagner no me gusta, pero a mi padre le encantaba y por eso le tengo un profundo respeto. Son los discos que él escuchaba y los guardo con un infinito cariño.


Y alrededor mío, por encima y a mi lado, con cierto orden (me gusta así) libros carísimos comprados con mi dinero de “medicucho” hace años, por ejemplo el Pediatric Urology Practice comprado en mi estancia en el Children´s Hospital de Boston, el Traumatic Reconstructive Urology leído enterito durante mi estancia en la Mayo Clinic en Rochester y el Surgical Pediatric Urology regalado por mi antiguo jefe cuando se enteró que iba a ser urólogo pediátrico. Luego otros muchos: de Laín Entralgo su ensayo sobre la Historia clínica y el Tratado de Urología, claro, que en su día me leí de punta a punta. Entero, completamente.




Tazas, grapadoras, clips morados, una calculadora que me saca de algún aprieto estadístico y una carpeta clasificadora, blanca, gorda y rebosante, donde está mi Curriculum Vitae (esto no lo he traído aquí nunca porque no;  hoy lo hago porque sí).


Son mis cosas y os las he querido presentar en esta estúpida entrada, en una fotografía de esta misma noche, porque me han dado un susto y no tengo ningún interés en mentir: a estas alturas he llegado a quererme de verdad.





11 comentarios:

  1. Gracias Enrique por hacernos partícipes de tu mundo y reflexiones siempre enriquecedoras. Me alegro que el susto haya pasado. Un abrazo

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    1. Sí,pasó. Aún tengo el tercer grado penitenciario y deben hacerme más pruebas más adelante, pero al menos en casa. Gracias. Preciso de terapia tobalina. Un beso.

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  2. Espero que no te retengan mucho tiempo, el mejor sitio para curarse es en casita. Me alegro de que estés mejor. ¡Qué susto!
    Besos: Sol.

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    1. Gracias Sol. No lo dudes, como en casa en ningún lado.

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  3. ¡Qué alegría tu recuperación! La vida es frágil, y en cualquier momento nos sorprende, pero tú eres sabio enfrentándote a ella con dignidad y asombro diario.

    Gracias Enrique por estar siempre ahí, iluminando nuestras vidas con tu mirada poética y sapiencial.

    Un beso para ti y tu familia.

    Satur

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    1. Gracias a ti Satur. Cierto: en cualquier momento. Una nueva enseñanza.

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  4. Hombre, ¡Qué bien que hayas superado el bache!.... Cuidate.
    Me alegro que hayas aprendido a quererte, al fin y al cabo eres la persona que siempre va a estar contigo, asi que mejor llevarse bien con uno mismo.
    Un beso grande desde la ciudad junto al mar.
    K

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    1. No creas, a veces me desdoblo. Cuando me canso de mí mismo.
      Se recibe con gusto ese beso salado. Cuídate también. Cuida a los tuyos (es mi aprendizaje de este suceso).

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  5. Hola Enrique... Que es quererse a uno mismo?
    Quererse a uno mismo es atrevernos a ser quien somos,abrazar nuestra realidad aunque a veces no nos guste o no se acerque a lo que queremos que sea, porque acogiéndola podemos atravesarla y trascendería.
    Olvidaré de lo que crees que debes ser y solo see tu mismo.
    Me alegro que estés mejor.
    Te deseo que un día seas lo que eres...(el)

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    1. "Todos quieren vivir felizmente, hermano, pero al considerar qué es lo que produce una vida feliz caminan sin rumbo claro. Pues no es fácil conseguir la vida feliz, ya que uno se distancia tanto más de ella cuanto más empeñadamente avanza, si es que se da el caso de haber equivocado el camino; y la misma velocidad resulta causa de su mayor alejamiento".
      Lucio Anneo Séneca.

      Quererse y ser feliz: caras de la misma moneda. Cada uno establece su camino y su velocidad. Yo poquito a poco y por la senda que a mí me gusta. Tú querido anónimo/a tendrás la tuya. Las dos son buenas si a cada uno nos valen.
      Gracias por tus deseos.

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  6. Ando estos dias un tanto desnortada a causa del mucho trabajo que tengo, me hago mayor y no doy abasto, no me habia dado de leer esta entrada y creo que alguna otra tampoco. Me alegra que todo haya quedado solucionado, la meningitis es una de esas enfermedades que me asustan bastante. Sé que tienes las cosas muy claras en tu vida, y me alegro que lo compartas con nosotros. Muchos besos y cuidate mucho, no seas mal paciente.

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