Manual de instrucciones de blogscriptum

domingo, 28 de febrero de 2016

El primer paso.


El primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia, no sólo de sí mismo sino que es responsable de la existencia de todos los hombres.
J.P. Sartre


Aún existe espacio más acá de la última frontera, millones de kilómetros hasta el límite. Hay maneras de no instalarse en la incierta inercia de existir; es posible vivir. Se trata de hacer de la vida un interludio amable, distraer el tedio, entretener la aflicción abriendo las puertas a la armonía, reservando espacios sensibles para la contemplación y la reflexión.

Consiste en compartir sentimientos que se expresan en el milagro de una sonrisa, apelando a una melodía, a una fotografía  o al lirismo de cualquier lectura.

Mientras habitemos el tiempo y el misterio de los días que encierran un color, un abrazo o un susurro; mientras seamos suficientes para alguien, mientras alguien o algo sea necesario para nosotros.

Sin invocar a ningún dios, sin solicitar la ayuda de ningún héroe. Mientras haya un Yo habrá un Nosotros.


jueves, 25 de febrero de 2016

Los recuerdos expósitos.





Guarda uno bajá la cama de su antigua casa, la de su infancia, una caja de recuerdos sellada a la luz, la humedad y el polvo. Dentro se amontonan desordenados y sin criterio biográfico, fotografías, cartas, postales, dibujos, mapas, negativos e incluso notas de evaluaciones escolares.


Ocupé un buen tiempo, absolutamente hechizado, en revisarlos hace unos días y tuve mientras lo hacía una extraña sensación de intrusismo, de voyeur, de violador de intimidad, por más que fuera uno el legítimo propietario de todas esas cosas.


No se puede decir que hubiese pasado demasiado tiempo desde que fueron guardadas, lo más un cuarto de siglo, pero muchas de aquellas curiosidades no las recordaba uno en absoluto. Así que encontrarlas fue algo parecido a una hipnosis regresiva o una simpática, pero sobre todo barata, sesión de psicoanálisis.


Alguna ya no representaba nada y no acababa de entender uno el motivo por el que fueron tan celosamente guardadas. Otras consiguieron arrancar una sonrisa, bien cargada de nostalgia, pero hubo incluso algunas que me sacudieron e impulsaron a deshacerme inmediatamente de ellas. Las tuve en mi mano frente a la papelera por unos minutos y en ese momento vino a la mente el  recuerdo del sorprendente hallazgo que fotografié en un vertedero a las afueras de un pequeño pueblo.


Y fue que: esparcidas por el suelo encontramos decenas de fotografías, centenares de negativos, documentos y objetos de una persona a la que conocíamos y que sigue viva en el momento en el que transcribo esto que sucedió hace un año. Estaban todas esas cosas expuestas allí, entre colchones, cafeteras oxidadas, cristales rotos, sillas desvencijadas y viejos televisores, con una carga no pequeña de obscenidad, no tanto por el motivo y las personas que aparecían fotografiadas, como por el hecho de ser escenas cotidianas de viajes, fiestas, celebraciones y, en definitiva, momentos felices que, sin embargo, habían sido tirados por el suelo entre vidrios, despojos y zarrios.



Me surgió entonces la duda del porqué alguien abandona sus recuerdos, completamente desnudos, expuestos al escrutinio de todo aquel que tuvieran a bien pasar por allí. ¿Porqué tiramos recuerdos aparentemente felices?


Por pudor, pensé, por la vergüenza de no reconocernos en ellos, de no admitir que así fuimos o vivimos, en una extravagante interpretación de nuestra dignidad presente, juzgando con las herramientas del hoy lo que nos sucedió o lo que fuimos.


Por venganza, dije en alto, por el odio que se despierta en nosotros al pensar que aquello efectivamente sucedió y quedó lamentablemente atestiguado. No queremos bajo ningún concepto que esos recuerdos materiales formen parte físicamente de nuestro futuro y en un intento de hacer desaparecerlos de nuestra memoria prospectiva, ordenamos la destrucción retrospectiva de todo aquello que pueda despertarlos.


Por desgarro, eso es, por desgarro. No podemos soportar verlos; al fin y al cabo nos recuerdan que en otra época fuimos felices, quizás mucho más que en el presente, o a lo peor, no podemos explicarlos a los que no formaron parte de ellos y que ahora comparten una nueva vida con nosotros: ¡Qué difícil argumentar que tuvimos otra vida y que en ella fuimos más felices que en el presente compartido con ellos!


Finalmente, pienso ahora, en ocasiones, guardarlo todo, intentar preservar todo en la memoria, puede hacer ingobernable el presente, bloqueándolo y terminamos por arrojar al olvido lo material, en un acto de economía de los espacios, no tanto físicos como mentales. El saber no, pero la memoria puede ocupar un enorme lugar.




Pero aquella des-posesión abría las puertas a una reinterpretación, a recrear aquellas vidas esparcidas por el suelo, sin opción de ser ya reclamadas por su anterior propietario, sin derecho a la ofensa por no haberse ajustado el que las interpreta  de nuevo a la verdad de lo que fue. ¿Con qué derecho podría su antiguo propietario reclamar la verdad sobre una historia abandonada a su suerte? Yo me inventé una nueva historia y... ¡era tan fácil hacerlo!


Sólo la destrucción total es la solución. Nunca el abandono. Los recuerdos así abandonados, son expósitos que pueden sufrir una reinterpretación peor aún que la que motivó su abandono: ya sea el pudor, los desgarros del alma, el odio o la falta de espacio, que no es otra cosa que la indolencia y la desmemoria.


Así que después de esos minutos frente a la papelera, guardé todos esos fetiches en la caja, y decidí no abrirla hasta dentro de otra década. Quizás entonces sea uno el que reinterprete lo que se encuentre en un juego constante de reinventar el pasado.


Nota bene:
Fetiche: Del fr. fétiche.
1. m. Ídolo u objeto de culto al que se atribuyen poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.
Expósito, ta: Del lat. exposĭtus 'expuesto'.

1. adj. Dicho de un recién nacido: Abandonado o expuesto, o confiado a un establecimiento benéfico.



Vuelvo a meter esta canción, como un fetiche, al cajón de los recuerdos. No pretendo oírla en los próximos diez años.



lunes, 22 de febrero de 2016

El juego de Yalta. Un gusto teatral.

Objetos personales y manuscrito de A. Chejov


Se pregunta uno al ver la fotografía cómo se vería la vida a través de los anteojos de Anton Chejov. La mayoría de los hombres vive con espontaneidad una vida ficticia y ajena, decía Pessoa. La mayoría de la gente –abundaba Oscar Wilde- es otra gente. Unos gastan la vida en busca de algo que no quieren; otros la emplean en buscar lo que quieren y no les sirve.  Es la estupidez que sacrifica vidas y haberes a algo inevitablemente inútil. Pero, ¿dónde está la verdad de las cosas? ¿Quién conoce el secreto de lo auténtico?

Ante la realidad de la vida, suenan pálidas todas las ficciones de la literatura y el arte. Producen, es cierto, un placer más noble que los de la vida; pero son como los sueños, en los que experimentamos sentimientos que en la vida no se experimentan, y que se conjugan formas que en la vida no se encuentran; son , a pesar de todo, sueños, de los que se despierta, que no constituyen memorias ni nostalgias con las que vivamos después de una segunda vida.

Fernando Pessoa.
Libro del desasosiego


Sin embargo, A. Chejov se da cuenta de que el mundo es el que menos sorpresas depara. Éstas aguardan en la imaginación. El juego de Yalta está basado en “La señora del perrito”, uno de los últimos cuentos de A. Chejov, escrito cuando su salud era muy mala y sabía que sus días estaban contados.




Un hombre (Gurov)  y una mujer (Anna) solitarios, al final del verano, en la costa de Yalta, disfrutan de un emocionante flirteo que con el tiempo se convertirá en amor apasionado, y lo hacen dirigiendo al público sus más íntimas percepciones sobre lo que les sucede, mientras le convierten en cómplice de sus juegos. Las atmósferas en la obra son más reales que los incidentes y sus personajes comparten con el público un sentimiento creciente de incertidumbre sobre lo que es real o irreal, sobre lo que experimentaron o simplemente desearon intensamente.

Basado en este cuento, Brian Friel escribió el texto para esta obra teatral, habiendo cumplido ya los setenta años, por lo que es un trabajo de dos artistas maduros cuya fragilidad humana es innegable. Quizá por eso los personajes de esta obra transmiten esa sensación, personajes frágiles y fugaces que buscan dejar en el otro una huella perenne

La obra explora aspectos del amor que penetran en el corazón y tocan el alma por el camino de la imaginación, un amor que se enfrenta a las convenciones, a la rutina, a lo vulgar y mundano.




La reposición de El juego de Yalta es el homenaje a Brian Friel del equipo del Teatro Guindalera. Friel, autor irlandés nacido en 1.929, y fallecido en octubre del 2015, era uno de los dramaturgos contemporáneos más importantes de la escena mundial.  

Por este montaje de El juego de Yalta, Juan Pastor ganó el premio de la ADE (Asociación de directores de Escena) a la mejor dirección en el año 2011; y como reza el lema del teatro ver esta obra es “Un gusto teatral”: gusto para los sentidos, la inteligencia y sobre todo el espíritu.


domingo, 21 de febrero de 2016

Un fuego blanco

Fotografía de la película "Hiroshima, mon amour" (1959) dirigida por Alain Resnais. 

Estar acostado a tu lado
Me devuelve a lo esencial
A la tierra donde asirme
Donde nacer
Donde caerme muerto

Al agua que mana de tu cuello 
Regateando por mi cara
Desde mis ojos 
En cauce hasta tu boca

Al aire que respiras
Que yo te di antes
Recorriendo el camino de vuelta 
Silbando entre tus labios
En un instante eterno

Y al fuego blanco
Que en esta noche de invierno 
Nos mantiene aún soñando
Con un cercano campo
Cuajado de promesas.


viernes, 19 de febrero de 2016

Los mendicantes del siglo XXI.

Esta imagen de Warren Richardson ha sido la ganadora de la 59 edición de fotografía de la World Press Photo

Inglaterra, año de 1495, tres años después de la expulsión de los judios de la Península: se dicta una disposición por la cual se ordena la captura de vagabundos y holgazanes para, tras ponerlos en cepos, exponerlos en plaza pública para su vergüenza durante tres días, después de los cuales finalemente serán expulsados. 

Durante esas fechas se hace extensiva por el país la exigencia, para su control, de la presentación de documentos justificativos de viaje  a los caminantes, clérigos ambulantes y marineros. 

Año de 1547: se desarrolla en este mismo país una drástica legislación contra los limosneros errantes, según la cual los vagabundos debían ser marcados y puestos a servir durante dos años en casa de quien les hubiera capturado; en caso de que abandonasen el trabajo, recibirían una nueva marca y serían condenados a la esclavitud de por vida.   

Los hijos de los  mendigos, entre cinco y catorce años, debían emplearse como aprendices y, en caso de desatender sus menesteres, se verían, como sus mayores, rebajados a la condición de esclavos. Los pordioseros llegados de otras naciones recibirían idéntico trato, pero no se les podía marcar; eran obligados a trabajar en los puertos hasta abandonar el país. 

Esta  "indecorosa" situación social, la de los mendicantes, supuso una plaga en toda Europa, y su protagonista, el indigente, acabó por identificarse con alguién peligroso. 

Año de 1492: nace  Luis Vives. El humanista y filósofo valenciano deja escrito en De subventione pauperum sus inquietudes, fruto de la observación de una sociedad donde la pobreza atrae no solamente unas condiciones de vida nefastas para quienes la padecen, sino también unas consecuencias perjudiciales para el resto de la sociedad. Se estrechaba el parentesco entre pobreza, vicio y mal.

Para el autor de De subventione, la pobreza es una lacra social que sólo atrae la inestabilidad en las ciudades: delincuencia, falta de ética e inmoralidad. Sin embargo, cree que estableciendo unas reglas sociales y económicas, se producirá en el ser humano un cambio virtuoso en sus conductas. Sus políticas irán dirigidas hacia un sector de la población más vulnerable. 

Aconsejó que cada ciudad designara unos magistrados a fin de recorrieran las calles y barrios pobres, tomaran cuenta de su moral y sus hábitos y , de exigirlo la situación, los desvalidos fueran internados en centros de acogida, donde no estarían ociosos, sino que se ganarían el sustento con su trabajo.

Por todo ello, se decide crear un censo de pobres, clasificando a estos entre “verdaderos” y “falsos”. Por un lado, las personas que por circunstancias fatídicas de la vida han llegado a la pobreza más extrema; por otro lado, las personas que encuentran en la mendicidad un modo de vida. El Consejo sería financiado desde el aparato estatal, y tendría como misión detectar los diferentes estratos y colectivos sociales, para posteriormente aplicar -de modo equitativo- medidas que paliasen la pobreza. De este modo, quienes se inclinasen por el fraude serían castigados con la obligación de trabajar para la sociedad, mientras que las personas de salud frágil o con algún tipo de minusvalía, serán atendidas en todos los aspectos: desde la formación y la inserción laboral hasta su cuidado en hospitales cuando fuera preciso. 

Siglo XV: un filósofo demanda del estado su responsabilidad política en la asistencia humanitaria, no basada en la caridad.


¿Y a qué teme Europa? 
Europa le tiene miedo a sí misma. La angustia hacia el otro es el reflejo del ansia, inquietud y vulnerabilidad de su estructura, de su papel en el mundo y busca, como hace seis siglos, un enemigo explícito contra el que hacer patente sus frustaciones.

No hemos avanzado nada.