Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 10 de noviembre de 2015

Un viaje en tren.



Un viaje en tren. En algún lugar de Andalucía a 300 km/h.

-Es una mermelada muy buena –dijo la Reina.
-Bueno, de todos modos hoy no me apetece.
-Hoy no la tendrías aunque quisieras –dijo la Reina–. La regla es: mermelada ayer, mermelada mañana... pero no hoy.
-Pero de vez en cuando debe haber «mermelada hoy» –objetó Alicia.
-No; no puede ser –dijo la Reina–. La mermelada toca al otro día; como comprenderás, hoy es siempre éste.
-No os comprendo –dijo Alicia–. ¡Lo veo horriblemente confuso!
-Es lo que pasa al vivir hacia atrás –dijo la Reina con afabilidad–: siempre produce un poco de vértigo al principio...
-¡Vivir hacia atrás! –repitió Alicia con gran asombro–. ¡Jamás había oído nada semejante!
-Sin embargo, tiene una gran ventaja: la memoria funciona en las dos direcciones.
-Desde luego, la mía solo funciona en una –comentó Alicia–. No puedo recordar cosas antes de que hayan sucedido.
-Es mala memoria, la que funciona sólo hacia atrás –comentó la Reina.
  A través del espejo, de Lewis Carroll, Capítulo 5.



Vuelve uno en tren, a toda velocidad, después de haber ganado un premio -casi por nada- pero no vuelve orgulloso. No puedo decir que indiferente, pero casi igual que cuando fue uno hacia el sur, en el viaje de ida. La cosa no supuso un alto reto. Ya no me gustan las competiciones cuerpo a cuerpo (que no hubo en esta ocasión por ausencia de rival serio). La cosa a estas alturas se ha quedado en las carreras de larga distancia, esas en las que el contrincante no es otro que el tú de ayer (Murakami, el eterno candidato a Nobel en el libro De qué hablo cuando hablo de correr). Esta época que vivimos, de desilusión generalizada, pues nadie ve recompensados suficientemente los esfuerzos, va dejando poco a poco de ir conmigo, pues ando yo otorgándome los premios según alcanzo mis propios objetivos.

Ya me gustaría pasearme en cualquier caso así, de esta manera, por el fracaso como por el éxito; con la misma naturalidad y despreocupación con la que camina un ciego por la noche. Pero hoy no toca lo primero, ya vendrá el fracaso por sí solo, no lo llamemos. Atardece, el tren circula a casi trescientos kilometros por hora y el vasto paisaje exterior, de olivares infinitos, verdeplateados, dibujados a escuadra y cartabón, invita a la reflexión casi nostálgica.

Hace tiempo que disfruto del Blog El arte del puzle del escritor José María Pérez Álvarez, 'Chesi'. En una sutil entrada sobre la nostalgia me enseña el origen de la palabra, que no del sentimiento que expresa, un sentimiento de segura antigüedad cavernaria. Fue Johanes Hofer, un estudiante de medicina alsaciano que en su tesis de 1688 Dissertatio medica de nostalgia, combinó la palabra nostos (retorno) con la palabra algos (dolor) para describir la enfermedad que padecían los soldados suizos obligados a vivir lejos de sus montañas. Un neologismo hermoso, dice Chelsi,  tan perfecto que el nombre de Hofer debería ir indefectiblemente unido a tan contundente palabra.


Durante el viaje, las páginas de un libro que no me termina de atrapar (lástima de Héctor Abad Falciolince y La Oculta), un sueño que no llega a cuajar por falta del traqueteo hipnótico, y la sensación de que todo lo que veo a través de la ventanilla es hermoso: por inesperado, por virginal o  por quijotesco, hace que uno quede atrapado en sus propios sueños que no son otra cosa que la memoria hacia delante, no tanto los trenes a los que se ha subido uno o los que ha perdido, como los que están por llegar e ignora. Ese destino desconocido al que marcha el tren, en cualquier caso lejano.

Arribes del Douro. Abril 2007.

Es la rapidez meteórica de este cohete en forma de lanzadera la que le ha hecho a uno reflexionar. La misma velocidad a la que uno siente que pasan las cosas, los días, la vida misma. Ha transcurrido para mi cabeza apenas un minuto desde que tomé la fotografía, con la cabeza y su muñeco asomados por la ventanilla abierta, bordeando la vega del Douro: sereno, verde, esperanzado,  camino entonces de sus sueños y yo con él de los míos. 

Y es así que uno va notando ahora durante este viaje después del éxito, cierta nostalgia de las cosas que están por venir, como si ésta condenada memoria sí funcionase en ocasiones hacia adelante, como advertía la reina en esa escena de L. Carroll. 

Esta memoria nostálgica se hace concreta dos días después del viaje al verle caminar, como en un sueño, en la penumbra de un museo, en una escena de palabras luminosas que vuelan alrededor suyo, como trenes que están por venir. 


En el espacio de arte La Principal de TABACALERA: promoción del arte.

Figlia mia, non pianger, no.
Lascia allora uscire il pianto,
quando morto io nol vedrò.

Bajazet le canta a su hija  Asteria
De la ópera de G.F. Haendel: Tamerlán.

6 comentarios:

  1. Que bonita palabra "nostalgia".
    Cuando mis hijas eran pequeñas y me sentia cansada permanentemente, mi madre me decía que ya echaría de menos esa epoca, me daba tanta rabia que me lo dijera que me prometí no hacerlo nunca, y lo he conseguido, he disfrutado de ellas en cada epoca y no añoro ninguna.

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    1. Bueno, esto va un punto más allá que tú seguro tienes superado: que es la nostalgia a futuro. Estar ya hoy sintiendo por lo que va a venir...supongo que se me pasará pero ese día en el museo le vi muy mayor. Ya os enseñaré una foto que me gustó mucho hacer. Estaba absorto ante una foto, como si la estuviese empezando a analizar como adultito, no pasó por ella deprisa, como un niño que empieza a no ser ya.

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    2. Se siente un cosquilleo de orgullo.

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  2. Conmovedor el vértigo de la vida.
    Somos lo que fuimos y seremos, ahora quizá sea siempre.
    Gracias, Enrique.

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    1. No, asumo que ahora no puede ser siempre, y me alegro por ello. No hay problema. Solo le daba una vuelta a la sensación que nació en mi aquel día en el museo, como le dije a mar arriba. Un saludo carmen.

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  3. Conmovedor el vértigo de la vida.
    Somos lo que fuimos y seremos, ahora quizá sea siempre.
    Gracias, Enrique.

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