Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 7 de septiembre de 2015

La Pietà del Holocausto


Autorretrato pintado por Kokoschka en 1917 

Oskar Kokoschka (Austria, 1886–1980) sufrió  la desolación de la historia que dislocó el tiempo que le tocó vivir. Roto por dos guerras mundiales y por la intolerancia, de la que también fue víctima el pintor, calificado por los nazis como uno de los artistas degenerados, tuvo que huir de su país y refugiarse de la persecución. Huyó primero a  Praga (1934-1938). Luego siguió escapando, primero a Londres (1938-53) y finalmente y hasta el final de su vida en Suiza (1953-1980).



Morder, Hoffnung der Frauen, 1909.


Bajo las fuerzas opuestas del sol y la luna, un hombre de color rojo sangre, desollado, se derrumba en los brazos de una mujer pálida, espantosa. En este cartel anunciando el estreno de su obra de teatro Mörderer, Hoffnung der Frauen (Asesino, esperanza de las mujeres), Kokoschka manipula la iconografía cristiana de la Piedad, que muestra tradicionalmente una madre acunando a su hijo muerto. El expresionismo de Kokoschka reinterpretaba el dolor y era el heraldo del horror de la guerra que sembraría Europa de desolación, por dos veces, solo medio siglo después.

La imagen de una Piedad explica el misterio del dolor como vínculo indisoluble entre una madre y su hijo. El mundo, hasta que llegó ese cartel, estaba acostumbrado a participar de esa comunión de dolor a través, por ejemplo, del filtro, joven y bello, del rostro de la madre dolorosa de Miguel Angel o del puro e inmaculado lapislázuli de Rogier van der Weyden. Pero no, aquella imagen de Kokoschka, inoportuna y transgresora, atentaba contra la mística y aséptica contemplación del dolor materno. Era intolerable. A pesar de que Gustav Klimt lo había calificado  como "el mayor talento de las nuevas generaciones" Kokoschka nunca fue admitido entre sus contemporáneos vieneses y hubo de emigrar a Berlín. 


El descendimiento de Rogier van der Weyden



Ahora la imagen de un hijo de dios, varado en la playa, sin unos brazos que lo acojan nos golpea de nuevo. Es la Pietà del nuevo holocausto. El mundo, sin madre, es un mundo sin dios y es intolerable pensarlo, verlo, asumirlo.  Es el hijo de dios,  Aylan Kurdi, de tres años, un cadáver, sólo, abandonado en una playa.

Fotografía de Castro - Prieto. Hacia Alhucemas, Marruecos, 2006.

Nota bene:

En el momento de terminar de escribir esta entrada, Castro Prieto cuelga esta fotografía en las redes. Puedo equivocarme, pero creo que hay una clara intencionalidad. Por lo menos, así lo interpreto yo.

Todo flota en un silencio de algodón.La mirada y el corazón se escurren en la niebla neutra. El tiempo se ha detenido. Todo acabará por confundirse entre la bruma. Todo parece que está a punto de terminar.


Joana Gama | Arvo Pärt - Für Alina from Nuno Bouça on Vimeo.

1 comentario:

  1. Todo es tan horrible, tan injusto, y más ahora que sabemos que todas las guerras empiezan o las hacen acabar sólo por cuestiones monetarias.

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