Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 11 de mayo de 2015

Otra forma de sentir.

Ilustración de Vicente Baztán
al que dedico esta entrada con enorme cariño.
http://www.vicentebaztan.net

Subiendo desde Plaza de España, por la acera de la derecha de la Gran Va, a mitad de camino entre esta y la Plaza de Callao, me detenía a menudo de pequeño delante de una enorme papelería, con la nariz pegada al escaparate, para ver un mundo mágico que se concentraba ante mí al otro lado del cristal.

Se revolvía en mi interior un intenso y secreto placer al embelesarme largamente para ver todo lo que allí se exponía, con la boca apoyada contra el vidrio, frío como el hielo, daba igual la época del año que fuese. Forzaba los ojos como un búho para concentrar la vista en un universo de carboncillos, crayons, ceras en cajas de madera de una infinita escala cromática, pinceles, portaminas y pequeños envases de pinturas plateados con tapón de rosca blanca con etiquetas que nombraban colores extrañísimos y botes rebosantes de lápices de dibujar: 4B, 6B, H o 4H. Me admiraba con las decenas de tipos de papel que allí se mostraban,  cuartillas, papel cebolla y couché, cuadernos de dibujo y lienzos de un blanco inmaculado que invitaban a garabatear sobre ellos, con cualquiera de los colores que se acumulaban en aquellas maravillosas cajas, la representación de los figurines articulados, modelos de madera, que yo colocaba en mi imaginación en escorzos imposibles. 

Fingía ser un experto dibujante decidiendo en voz alta, mientras las señalaba, cuál de todas esas maravillas me llevaría ese día para usarla de inmediato en casa. Pero al cabo de un buen rato de ensimismamiento me apartaba del escaparate despertado por esa melancólica evidencia que me hacía recordar que no disponía del dinero suficiente para comprar ninguna de aquellas cosas.

Con el paso del tiempo descubro la más perversa de todas las verdades, no maliciosa, sino ajustada a mis años. Me sigo parando en el mismo sitio, frente al mismo escaparate, treinta años después, con la intención  de convocar (o imaginar que convoco) a aquel espíritu que buceaba entre lapiceros de colores, llamando a su energía y a sus sentimientos. Lo hago ahora sin apoyar ya la frente en el escaparate, en un ejercicio absolutamente inútil, como una fracasada y burda sesión de espiritismo con uno mismo. 

Sin embargo, el gesto es breve y finaliza con una mueca en los labios que quiere ser una sonrisa, por que ahora que sí podría entrar a comprar un bote pequeño de pintura al agua de color azul cobalto y un pincel de pelo de marta, advierto que no tengo ni puñetera idea de pintar.





5 comentarios:

  1. Mira que acudimos veces a la infancia, y nunca nos sentimos extranjeros en ella.

    Satur

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    1. Pero ¿cuánto hacemos cumplir nuestras propias promesas? ¿no te inquiere el recuerdo del niño que fuiste....respetaste lo que te dije?

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  2. Papelerías (sobre todo), ferreterías y librerías. Tiendas hipnóticas. Gusto por la simetría y el orden.

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    1. Me gustan los clavos y tornillos clasificados por tamaños de cabeza y tipo: plano o de estrella...cierto. Pero me pierden las bolsas de tuercas. A veces pierdo un rato en estas tiendas probando si el paso de rosca es perfecto entre tuerca y tornillo. Ocasionalmente pico y compro una bolsa...por si la necesitase para algo.

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  3. Crees que si hubieras podido comprarte lo que anhelabas ahora lo recordarias de la misma manera?.

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