Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 8 de abril de 2015

Esta lágrima contiene un mundo.


En el centro de la Neue Wache de Berlín, en el bulevar Unter der Linden, como en un seno materno, en penumbra  y en silencio, descansa la escultura de  Käthe Kollwitz, “Madre con hijo muerto” (Mutter mit totem Sohn) . Bajo ella se encuentran enterrados los restos mortales de un soldado y un prisionero de un campo de concentración, ambos desconocidos, con tierra de campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial y de campos de concentración.

El dolor que emana de esa Pietat une inseparablemente a madre e hijo. Sólo una madre entiende el dolor del hijo auténticamente. Y sólo el silencio puede acoger y entender ese dolor. El observador de esta imagen sólo puede aspirar a poseer la percepción silenciosa del dolor. El silencio retenido en la sala, que envuelve a madre e hijo, es el mismo que atrapa también al observador. 

Estar callado, y que las cosas callen, facilita escuchar el origen de todo.  El silencio: “Un estado mental, un mirador que permite captar toda la amplitud de nuestro límite y no padecerlo como línea última” (Ramón Andrés, No sufrir compañía, Acantilado 2010).

Hoy el silencio no es productivo, no añade nada. ¿Es necesario vivir ensordecido para no sentir miedo, dolor? Y sin embargo, qué necesario es el silencio; es sanador para el hombre (Kierkegaard). El silencio como virtud. La taciturnidad astuta y cavilosa. Un buen confidente. Un estado del alma.

Pero, y si lo que vemos supera toda nuestra capacidad de entender… ¿Podemos ante la agresión del mundo, ante el horror, sustraernos a seguir sintiendo?¿Puede un cuerpo decir, basta, no deseo percibir más el dolor?¿Hasta dónde es capaz de soportar el dolor un hombre? se pregunta Ricardo Menéndez Salmón en La ofensa.






He leído La ofensa, en silencio,  en una noche, para intentar entender de un solo trago el dolor; para que mis ideas adquieran su espacio; para engarzar signos actuales con algo de sentido; para transitar un poco más taciturno por esta primavera; para refugiarme en las palabras justas, ni una más, y buscar un espacio cobijado en lo callado. 

Y al apagar la luz del flexo y dejar la habitación en la penumbra del ordenador, con la mesa llena de papeles y notas, ha quedado temblando una pregunta sobre la cubierta del libro como un LED intermitente, "como una lágrima que contuviese un mundo": ¿puede habitar el amor entre tanto dolor?...¿y triunfar?.


2 comentarios:

  1. Lo único que no puede convivir con el amor es el egoísmo.

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