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domingo, 19 de abril de 2015

El entierro de Genarín


El entierro de Genarín es el más desconocido de los libros de Julio Llamazares a pesar de ser el primero y de haber sido publicadas varias ediciones desde aquella primera del año 1981 en León.

Ahora el libro sale de la marginalidad de la mano de Alfaguara en una edición extraordinariamente ilustrada por Antonio Santos. En él se narra la historia de Genaro Blanco y Blanco, del cual lo único que se conoce con certeza indiscutible es que se trataba de un borracho empedernido, un putero de pro y un jugador de mus de los que crean escuela. Cobró en su época también gran fama de chulo y maestro del alcahueteo de putas en decadencia, siendo pública asimismo su falta de patriotismo que empezó por no servir en quintas y terminó en su total alejamiento de los asuntos y problemas del común de la ciudad.




Poco antes de las 12 de la mañana del Viernes Santo de 1929, en la carretera de los cubos de León, junto al tercero de los cubos de la muralla, ocurrió una desgracia que impresionó profundamente a las muchísimas personas que acudieron al lugar del suceso. Según las referencias, momentos antes de esta hora, circulaba por la carretera un camión de la limpieza pública (el primero de la capital leonesa) a gran velocidad de tal manera que no pudo accionar debidamente los frenos, arrollando a Genarín, del que no se sabe con certeza si en ese momento se encontraba des-comiendo o des-bebiendo. Más posible fuera lo segundo pues se le encontró con los pantalones subidos y la bragueta bajada. Este encuentro azaroso, sin apenas significado aparente, iba a constituir sin embargo la piedra angular de la leyenda de Genarín y la razón más profunda para que la figura de este humilde Pellejero perdurará para siempre.





Este libro de Llamazares, que sorprenderá a sus lectores habituales como a mí me ha sorprendido, constituye el Evangelio desternillante de una cofradía que desde el año posterior a la muerte de Genarín, con la imaginable interrupción de los años del franquismo, pero reinstaurando después en su 48 aniversario, una vez muerto el dictador, cada Jueves Santo honra, en forma de Vía Crucis mediante romances, la memoria del santo Pellejero. El entierro de Genarín, entre la picaresca y el esperpento literario, rinde un homenaje a los bohemios de la noche, a los borrachos y a los pendencieros, que lo han sido y que lo son del mundo entero y en todos los tiempos. Los grabados de Antonio Santos retratan de forma provocadora e insólita las andanzas y el propio entierro de Genarín y hacen de esta edición de Alfaguara otra pequeña e insólita obra genial de Llamazares.



Julio Llamazares presentando el libro en la Librería Rafael Alberti.
Foto Blogscriptum.

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