Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 6 de abril de 2015

Ecce quomodo moritur justus.




Este libro de Eric Lax escrito en 2007 me encanta. Este biógrafo americano es uno de los más reputados especialistas en la extensa obra del neoyorquino Allan Stewart Königsberg.  

En el libro se trata sólo de pasada uno de los temas reiterados en la obra de Allen: la muerte. En el texto se hace referencia a una obra de teatro, una comedia claro, inspirada en el expresionismo alemán. Cuenta la historia de Kleinman, un contable que es reclutado una noche por una patrulla ciudadana para dar caza y captura a un asesino en serie, que resulta ser “Muerte”.

Este es un pequeño extracto:


Anna: ¿cómo quieres morir entonces?

Kleinman: De viejo. Dentro de muchos años. Cuando llegue al término del largo viaje de la vida. En una cama confortable rodeado de parientes...cuando tenga noventa años.
Anna: Pero eso no es más que un sueño. Es obvio, en cualquier momento te puede partir el cuello en dos un maniático homicida...o te puede degollar...no cuando tengas noventa años, sino ahora.
Kleinman: Es tan reconfortante discutir estas cosas contigo, Anna

Sin duda en estos días aprovecharía para preguntarle a W. Allen sobre esta moda de exhumar cuerpos, no sé si reciente o ya arrastrada de hace algunos años. Desde izquierdas y derechas se sacan palas y picos y se pelea por ver quién es el primero en sacar de su eterno descanso al escritor de turno. 

Los restos de Cervantes han aparecido, mezclados y en bastante mal estado de conservación con otros huesos de varones, mujeres, recién nacidos. Los hay de viejos y de jóvenes...todos "relaxing together under Plaza Mayor".  Los huesos de Lorca ni siquiera han aparecido cuando ayer la Junta de Andalucía decidía que se acababa esta forma (como otras tantas) de gastar dinero. ¡Ea, que no está!

Biblioteca Pública de Leganés, paralizada en su construcción desde hace 4 años.
Mientras tanto esta biblioteca, cuya fotografía publica hoy El País, sigue esperando que alguien decida invertir en lo verdaderamente importante, lo cual no deja de ser una lamentable metáfora de nuestra forma de entender la cultura. Afortunadamente nos encontramos ya en año electoral y a falta de huesos ya sólo puedo esperar la típica fotografía panfletaria de esta biblioteca finalizada y su político correspondiente destapando cortinilla-placa.


Es evidente que existen millones de formas de morirse (y estos idiotas se empeñan en que sea muertos de hambre)  pero sólo una de estar muerto: muerto y punto. Pues ahora que se ha puesto de moda dar por el saco al finado, y a la primera de cambio te exhuman, quiero volver a dejar claro mi testamento vital previamente expresado en este medio, no vaya a ser que quieran mis huesos para algo (yo qué sé) dentro de unas décadas: 

Pido que me incineren y mis cenizas las echen al océano infinito, bajo los acordes del: Ecce quomodo moritur justus. Y si tienen que encontrar mis células que se jodan y draguen el Pácífico.


1 comentario:

  1. No creo que el dilema esté en gastar o no dinero o que sea de izquierdas o derechas, si no en que algún familiar vivo desee conocer donde están los restos de su familiar querido que desapareció y nunca pudieron despedirse de el. Lo que no tiene sentido ni necesidad es buscar cuerpos por politiqueo y en contra de la opinión de sus familias. Magnifica la elección del epitafio musical.

    ResponderEliminar

Eres libre...¿Quieres decir algo?