Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 28 de abril de 2015

Un milagroso soporte astronómico.

Fotografía de Castro Prieto.



¿De quién es esa vida que necesitan decir que “continúa” o hasta que “debe continuar” cada vez que alguien se ha muerto?
Rafael Sánchez Ferlosio.


Sospecho que no tardaremos en escuchar y leer explicaciones gaianas sobre el desastre nepalí. Es tiempo de ocurrencias y tonterías categorizadas en 140 caracteres.  La Tierra se venga. Ya lo leeremos.

Otra pretensión para poner al hombre en el centro de la vida. La Humanidad como principio rector de un planeta que se nos hace enorme y antiguo, demasiado para entenderlo.

Personificar la naturaleza, el fácil discurso que hace del Mundo un hábitat malicioso o cuidadoso, según lo tratemos. Pero la Tierra trasciende a todo organismo, a toda población. Gaia, personalizada en madre punitiva o agradecida, por insultos o cuidados, según sea el caso. A ver quién escribe la columna. Estaremos atentos. Nos contarán que existe una especie de fisiología planetaria cuyo comportamiento es tan predecible como evitable. ¿Quién fue el responsable? preguntarán. Pero sobreviene el colapso de la razón, que no es más que la vida: nada más lejos de ser predecible y nada tan alejado de ser evitado.

Y luego, volveremos al cabo de los meses, ya lo veremos, a plantar banderas donde ahora hay escombros, para convertir en dominios lo que no son sino hábitats; compondremos nuevos himnos para mutar el suelo del Mundo en simple territorio y organizaremos festejos y colectas para vender el sufrimiento de las víctimas en su propio beneficio.


Castro Prieto me recuerda con cada foto que cuelga de su aventura etíope que al fin nacemos, danzamos, nos reproducimos y morimos ajenos a la propiedad que se nos otorga, la vida, en el suelo desnudo de un milagroso soporte astronómico. Un planeta.




viernes, 24 de abril de 2015

No hay dos iguales, pero...


La educación, esa sagrada misión paterna, resulta irrelevante en la formación de la personalidad dice Rich Harris en su libro. No hay dos iguales parte de unas preguntas básicas: ¿por qué no hay dos personas iguales?, y ¿por qué –incluso los gemelos educados en un mismo hogar y que comparten los mismos genes- difieren en cuanto a personalidad y comportamiento?


La tesis de esta controvertida psicóloga resulta incomprensible tanto para la tradición como para la intuición y por lo tanto es escandalosa (ya provocó un formidable debate en otros países antes que en el nuestro…siempre otros antes). Los padres contemplan al cabo del tiempo, a pesar de todos los esfuerzos educacionales, unos resultados imprevistos.  Sólo la biología y el entorno importan, al parecer, dice Harris. Entonces la obra de la vida, los hijos, no se materializa ni mucho menos como consecuencia  de dichos esfuerzos . Es desolador y por eso escandaloso.




Yo me he leído con calma el libro de Harris. Puedo creerme que la educación no explique las diferencias entre hermanos, pero debo creer que les sitúa a los dos en la misma posición de salida, no para ser el adulto perfecto, sino para estar avalado para alcanzar esa meta.

El siguiente video ha sido un bonito experimento realizado en el día del libro para hacer ver a P. alguno de los avales a los que me refiero. Yo le leía a él mi versión y él a mi la suya. 




Una lectura compartida. from Enrique de la Peña on Vimeo.

domingo, 19 de abril de 2015

El entierro de Genarín


El entierro de Genarín es el más desconocido de los libros de Julio Llamazares a pesar de ser el primero y de haber sido publicadas varias ediciones desde aquella primera del año 1981 en León.

Ahora el libro sale de la marginalidad de la mano de Alfaguara en una edición extraordinariamente ilustrada por Antonio Santos. En él se narra la historia de Genaro Blanco y Blanco, del cual lo único que se conoce con certeza indiscutible es que se trataba de un borracho empedernido, un putero de pro y un jugador de mus de los que crean escuela. Cobró en su época también gran fama de chulo y maestro del alcahueteo de putas en decadencia, siendo pública asimismo su falta de patriotismo que empezó por no servir en quintas y terminó en su total alejamiento de los asuntos y problemas del común de la ciudad.




Poco antes de las 12 de la mañana del Viernes Santo de 1929, en la carretera de los cubos de León, junto al tercero de los cubos de la muralla, ocurrió una desgracia que impresionó profundamente a las muchísimas personas que acudieron al lugar del suceso. Según las referencias, momentos antes de esta hora, circulaba por la carretera un camión de la limpieza pública (el primero de la capital leonesa) a gran velocidad de tal manera que no pudo accionar debidamente los frenos, arrollando a Genarín, del que no se sabe con certeza si en ese momento se encontraba des-comiendo o des-bebiendo. Más posible fuera lo segundo pues se le encontró con los pantalones subidos y la bragueta bajada. Este encuentro azaroso, sin apenas significado aparente, iba a constituir sin embargo la piedra angular de la leyenda de Genarín y la razón más profunda para que la figura de este humilde Pellejero perdurará para siempre.





Este libro de Llamazares, que sorprenderá a sus lectores habituales como a mí me ha sorprendido, constituye el Evangelio desternillante de una cofradía que desde el año posterior a la muerte de Genarín, con la imaginable interrupción de los años del franquismo, pero reinstaurando después en su 48 aniversario, una vez muerto el dictador, cada Jueves Santo honra, en forma de Vía Crucis mediante romances, la memoria del santo Pellejero. El entierro de Genarín, entre la picaresca y el esperpento literario, rinde un homenaje a los bohemios de la noche, a los borrachos y a los pendencieros, que lo han sido y que lo son del mundo entero y en todos los tiempos. Los grabados de Antonio Santos retratan de forma provocadora e insólita las andanzas y el propio entierro de Genarín y hacen de esta edición de Alfaguara otra pequeña e insólita obra genial de Llamazares.



Julio Llamazares presentando el libro en la Librería Rafael Alberti.
Foto Blogscriptum.

martes, 14 de abril de 2015

El fútbol a sol y sombra.


En el año 1966 cuando Truman Capote publicaba A sangre fría y García Márquez decidía ponerle un tiempo centenario a la soledad; en aquel año en el que Manuel Fraga se bañaba a pecho descubierto en aguas atómicas (como sólo se baña un hombre), Pier Paolo Passolini decía que  la selección Italiana de fútbol -llamada a conquistar nuevamente la Britania con sus legiones- jugaba al futbol “en buena prosa, interrumpida por versos fulgurantes”.  

Entonces, cuando los americanos, en contra de la opinión de los propios americanos, bombardeaban Hanói y Corea del Norte no amenazaba al mundo, un dentista de la ciudad de Pyongyang, un tal Pak, metía un gol a los italianos en el Mundial de Inglaterra de ese mismo 1966 para acabar de un porrazo con la poesía. Pak, como el protagonista de “Teorema” (Passolini, 1968), dejaba a la familia italiana sin saber qué hacer con su existencia.

El fútbol. El juego que se ha convertido en espectáculo, esta noche. Eso es todo: un juego. Eduardo Galeano dedica “El fútbol a sol y sombra” a los niños que con él, después de jugar, iban cantando: Ganamos, perdimos, igual nos divertimos. El libro de Galeano es magnífico y permite acercarse, con una mirada nostálgica y apasionada al mismo tiempo, a la historia del fútbol y con ella a la del mundo reciente, a sus personajes, a sus mitos y a los enfrentamientos, futbolísticos y políticos.

Noche de leyenda de 2014, el Madrid ganaba al Atlético en la final de la Champion
de la Peña y de la Peña tras el partido.

Aún quedan creyentes de la sana rivalidad y desconfiados atrincherados en postureos intelectuales (“almas pequeñas que pueden ser saciadas por embarrados idiotas que juegan” Rudyard Kipling dixit) que ven en el juego instinto animal, ignorancia, superstición o rebaños hipnotizados, todo en uno.

Yo, por mi parte, prefiero que Corea del Norte vuelva a ganar a occidente tirando faltas en lugar de  bombas y entiendo que esta noche todos nos daremos  un respiro, durante 90 minutos, entre banderas y matracas, echando por la garganta el mal veneno que nos van dando a diario, a dosis algo más que homeopáticas.

Descanse en Paz (o nervioso) Eduardo Galeano, sentado en un sofá junto a Di Stéfano y Garrincha viendo el partido de esta noche, allí arriba dónde lo retransmitan. 


El Fútbol es esto.

sábado, 11 de abril de 2015

Manual de Instrucciones (365). Capítulo 9


Foto Blogscriptum, Segovia 2014.


121. EMPRENDED un largo viaje a pie. Dar el primer paso es sinónimo de una nueva existencia.

122. APRENDED a no hacer nada. A veces el aburrimiento, que lo habrá, es un retiro provisional del frenesí diario.

124. QUEDAOS  los últimos de la playa. Junto al mar, el límite del tiempo sólo debería marcarlo la puesta de sol. Y ni eso.

125. LLORAD  frente a mi boca para que os bese, para daros cuenta de que la inmensidad del mundo que creéis en el origen de vuestro llanto, se contiene en una lágrima que cabe entre mis labios.

126. No os puedo enseñar a hacer una maleta, sólo puedo recordaros que el contenido del equipaje habla de vosotros. De qué no podéis prescindir ni un solo día y qué es para vosotros superfluo.

127. Cualquier noche, sin cama y sin techo, sin palabras ni planes preestablecidos, DORMID  al raso porque es un formidable invitación a la filosofía.

128. PERMANECED  callados cuando oigáis una campana. Su tañido resuena siempre cargado de nostalgia y de conocimiento, pues resuena con el eco de los siglos y de las gentes que a hicieron sonar.

129. El agua de la lluvia deshace a los hombres como terrones de azúcar. ATENUAD alguna vez vuestro paso durante una tormenta para disolveros entre los regatos que se forman en el aguacero.

130. BUSCAD  antes el camino del conocimiento que el de la fe. A mi me parece que, después de todo,  el morral del sentido es menos pesado que el de la conjetura.

131. BESAYUNAD fuerte con vuestra pareja; la primera comida del día es la más importante.


132. ¿Qué duele más, las heridas de la guerra o las del amor?. No lo sé, pero MANTENEOS alejados de las primeras y no motivéis las segundas.

133. El cómo viene antes que el porqué. PROCURAD aprender primero, el entender vendrá por añadidura.

134. REPETID cada día algunos pequeños gestos. En la rutina menor de lo cotidiano, se adivina el orden (y la sensatez, claro).

135. CAMINAD por la vida dando un pequeño rodeo si es que os sentís perdidos  veréis que es más sencillo reencontrarse con uno mismo (ver diferencias nutre).

136. Si por un casual os acusan de dar esquinazo a la modernidad por vuestros gustos, ESCUCHAD a Billie Holiday (con el volumen más bien bajo) para reafirmaros en que lo vigente es, sobre todo, aquello que por su calidad resulta atemporal y por lo tanto,  goza siempre de la más rabiosa actualidad.