Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 18 de marzo de 2015

El vivo al bollo o de los huesos de Cervantes.

Ilustración de Salvador Dalí de Don Quijote de la Mancha 

“El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

No sé de ninguna traducción para este refrán, un aforismo que resume muy bien el pensamiento del español ante la muerte.

La idea combinatoria que vuelve loco al centroeuropeo y al anglosajón, es la de saber que el hombre es la única criatura sobre este planeta que sabe que va a morir y a la vez imagina la existencia de una vida eterna. Por eso el europeo de pro se preocupa de celebrar al muerto, sabiéndolo eternamente existente entre los que se quedan.

Esta idea no aplica en Celtiberia.  El español, que sabe que va a morir, por su condición de habitante peninsular, asume que en su caso siempre puede darse una excepción a la regla. Ya se morirá el vecino del quinto antes que yo. Fijo.

Llevamos genéticamente la impronta de que, dado que el sol no se pone en el Imperio, la oscura e inhóspita  eternidad puede esperar. Como en las vacaciones, la idea de la multipropiedad celestial no ha asentado en nuestro territorio con fuerza. Y nos da entonces por vivir tan al límite que cuando la muerte nos llama creemos haber vivido una experiencia cercana a la vida. Queremos apurar la última pinta en la barra sin que nadie nos toque una campana advirtiendo que no hay prórrogas en la noche de este partido.

Aunque sea políticamente incorrecto decirlo, siempre he pensado que nuestro liderazgo mundial en donación de órganos no responde a la tan cacareada generosidad hispana, sino a la idea de que una vez acabada la fiesta, el cuerpo, lo que es el cuerpo, ya lo hemos usado tanto que pueden hacer con él lo que buenamente quieran o puedan. Total ¿Pá qué?. Nuestro cuerpo no lo quieren ni los nuestros.
           
Livingstone, Newton, Milton, Händel, Dickens, Kipling, Laurence Olivier, Purcell, Rutherford, Darwin, Elgar son sólo algunos de los nombres de las tumbas que hoy se pueden visitar en la abadía de Westminster.

Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Émile Zola, Marie Curie, Jean Monnet, están enterrados en el Panteón de los Hombres ilustres de Paris.

¿Dónde Unamuno, Marañón, Velázquez, Juan Ramón, Sorolla, Falla, Picasso…? ¿Dónde Murillo, Goya, Lope, Azorín, Cela, Alexandre, …¡¡¡CAJAL!!!?¿Dónde?.

Así que… que nos dé ahora por encontrar a Cervantes resulta una noticia feliz, sin duda, pero como dice hoy Trapiello en el Mundo, este es un país que, si hubiera dedicado a la educación, la cultura y la investigación la mitad del esfuerzo que ha hecho para encontrar estos huesos, sería el doble de cervantino.


Eso no nos ocurrirá nunca. No va en nuestros genes. La eternidad es para el vecino del quinto.



2 comentarios:

  1. Pamplinas y cuchufletas. !En ocasiones hay gente que se le antoja ver fantasmas para justificar unos dineros que no pueden justificar y hacer creer que la cultura está en sus planes.

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  2. Y mientras tanto, cerrando sedes de Instituto Cervantes, reduciendo año tras año el presupuesto de la Biblioteca Nacional, la Real Academia de la Lengua Española...

    Satur

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