Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 5 de marzo de 2015

Distintas formas de mirar el agua.

Fotografía de David Uzochukwu


¿Cuál es la forma última, la forma natural, del repertorio de nuestra vida? Ese repertorio que no sólo aporta el recuerdo y la “reminiscencia”, sino la imaginación a todos los niveles, desde las imágenes motrices y sensoriales más simples, a las escenas, los paisajes y los mundos imaginativos más complejos. Un repertorio, una memoria, una imaginación de una vida que es esencialmente personal, dramática e “icónica”

Oliver Sacks.
El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.


Sobre determinadas profesiones siempre sobrevuela la idea de lo "vocacional" como un mantra. Lo tuyo es vocacional, te repiten.  Me refiero a este concepto de predestinación paulina para desarrollar una misión, que casi siempre va en pos de conseguir el bien de alguien (o a lo peor de todos) o de algo. Yo sin embargo, nunca sentí la llamada de nadie. Mi espíritu no estuvo predispuesto por ninguna fuerza impulsora interior a ejercer de nada en concreto, diga lo que diga mi madre sobre mis deseos de la infancia. Yo supongo que quise ser lo que todos: astronauta, bombero. A lo mejor es cierto y quise ser médico.

Sea como fuere, empecé medicina y bien entrado ya en la carrera, mas me inclinaba a resolver enfermedades de la mente que del cuerpo, y no fue hasta el último momento de la elección de mi especialidad cuando, por fin, moví el cursor de la decisión (literalmente)  hasta la pestaña que hoy me tiene entre las tres "p": próstata, pis y p...

No en vano, compañeros míos de aquellos últimos años de carrera, siguen apodándome como entonces “Psiqui”, de psiquiatra claro. La cosa no varió mucho de aquel primer deseo de ejercicio médico con lo que ahora hago, pues a fin de cuentas, ¿con qué piensa un hombre sino con la tercera p? y ¿de qué enferma más un hombre mentalmente, claro,  sino de la tercera p?. Decididamente, ser urólogo no es muy distinto a ser psiquiatra, pero operando.



De aquellos días de deseos neuro-psiquiátricos recuerdo un libro que me impresionó muchísimo y que hoy ha vuelto a la actualidad pero por otros motivos. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero de Oliver Sacks. Este neurólogo norteamericano, un narrador delicioso de los cortocircuitos cerebrales, sabiendo próxima su muerte, ha dejado una carta de despedida enormemente emotiva (Carta de Sacks)

En ella hace referencia a sus sentimientos más profundos: “No puedo fingir que no tengo miedo. He amado y he sido amado” , a lo vivido: “He sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta” pero también hace referencia a sus expectativas en esta última etapa de la vida:  “Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.”

Oliver Sacks realiza, en apenas un folio, una profundísima anamnesis personal, su curso desde su inicios, pasando por su  climax y su crisis. Un bosquejo de su historia de una enorme belleza.



Y como estas cosas nunca pasan solas porque sí, termino de leer hoy el último libro de mi admiradísimo Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua.  Llamazares siempre consigue emocionarme y he de reconocer que en esta ocasión hasta la lágrima. Su libro es, como dice Sacks en su capítulo Reminiscencias de “El hombre que…”  un gozo profundo del sentido de la realidad desde la recuperación de los recuerdos.  

Esther Salaman, en su hermoso libro sobre “recuerdos involuntarios” (A Collection of Moments, 1970) habla de la necesidad de preservar, o recuperar “los sagrados y preciosos recuerdos de la infancia”. “Todos somos exiliados de nuestro pasado”, escribe y como tal  necesitamos recuperarlo.

Julio Llamazares realiza también como Sacks una maravillosa anamnesis , recuperando sus recuerdos a través de las distintas visiones que cada componente de una familia tiene sobre el patriarca recién fallecido, su aldea, anegada por un pantano y en definitiva sobre su pasado.  Al final, su libro resulta como el resumen de las distintas formas de la pintura. En una sola narración hay retratos, naturaleza muerta y paisajes, organizados de forma mimada pero también arrebatada de reminiscencias vivísimas.

Lo recomiendo sinceramente y, por otro lado, lamento profundamente que no me inclinase finalmente, gracias a Sacks, ahora que se va,  por la mente antes que por la "p".


Os dejo buena música.


2 comentarios:

  1. Yo salí ganando con tu elección. Si dudas de tu elección, creo que todavía estás a tiempo de hacer lo que quieras (no creo que sea por falta de aptitudes) aunque yo no estaría de acuerdo contigo, por propio egoísmo. Muy buena música. Tomo nota de la recomendación literaria.

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  2. Siempre estás adentrándote en la mente humana, escrutando caminos y mostrándolos. Creo que nunca no has dejado de ejercer de psiquiatra a través de la palabra, la música, la mirada y el silencio.

    Satur

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