Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 19 de febrero de 2015

Los sueños de Juan Manuel Castro Prieto.

El Mirón, 1989

Decir en este blog a estas alturas que la obra de Juan Manuel Castro Prieto   http://www.castroprieto.com/ me encanta es una obviedad, y decir que  es un maestro de la fotografía es innecesario, por evidente y porque además la cosa apesta  a bloguero adulador, pero es absolutamente cierto. Castro Prieto es excepcional. Fotográficamente poliédrico, se mueve en la narración fotográfica con la misma naturalidad en el retrato que en la abstracción, en el paisaje que en el detalle, en el blanco y negro que en el color. 

Creo que Juan Manuel Castro es además el fotógrafo de la memoria. Del mismo modo que conozco mi repetitiva costumbre por hablar del tiempo, me obsesiona la fragilidad de la memoria. Será por eso que me apasiona su obra. Cuando no te queda la memoria, no te queda nada, sólo el simple transcurrir de los días, el pasado asumido como un mero trámite inevitable hacia la incertidumbre. Si no sabes de dónde vienes, ¿qué importa hacia dónde te diriges?. Castro me ayuda a transitar en este espacio -en el que me encuentro cómodo- que es el de la memoria: la de las cosas y la de las personas.



De todo el trabajo que va mostrándonos en la red (que empiezo a pensar que es infinito)  hay uno que me resulta especialmente evocador. Se trata de una serie de fotografías que comenzó a realizar en el año 1989 y que denominó "Oníricas", fotografías totalmente desenfocadas, que continuó haciendo hasta 1991.

Como en un sueño, los personajes de esta serie aparecen dispersos, diluidos e impalpables. Son sólo detalles representados en gestos mínimos sobre un tenue  fondo orquestal. Los juegos de luces y sombras, los claroscuros siempre cambiantes como el agua, sugieren una posibilidad, pero no quieren representarla. No hace falta el motivo ni la historia. No hay que copiar nada. Sólo se pretende producir impresiones. El objeto fotografiado es librado de cualquier función representativa. No importa el personaje en sí mismo, sino el movimiento que se adivina en  él.




El producto de su cámara es un arabesco, formas simbólicas que nos recuerdan primicias de lo que existe, figuraciones que nos devuelven al gesto puro, a partir del cual se va formando el sueño que se pretende evocar, construyendo una enredadera que crece en un medio etéreo.

La envidia entre las artes ha generado un juego estético muy antiguo. La poesía que pretende musicalidad, la pintura que desea ser poesía, la música que se descompone en una escala de colores según las tonalidades.

La sinestesia efectivamente existe. El cerebro produce juegos inesperados; formas, sonidos, palabras y colores resultan inadvertidamente entrelazados en la mente.  A mí -pero yo soy muy extraño- la serie "onírica" de Juan Manuel Castro Prieto me ha recordado a la música de Debussy. Con él la narración musical dejó de ser imitativa. Debussy utilizó las sombras que producen las cosas en nuestra evocación y las transformó en semitonos, igual que Juan Manuel, que hace el camino inverso: crea música a partir de las sombras que retrata.


1 comentario:

  1. En la memoria el tiempo se transforma en espacio, al convertirse en recuerdos las cosas se alejan.
    Besos: Sol

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