Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 19 de enero de 2015

El largo adiós: Jose Luis Alvite




Me había acostumbrado inadvertidamente a su silencio, pero ahora que se ha ido, me duele enormemente su ausencia. Casi diría que me molesta profundamente, con perdón. Tendrá que pasar mucho tiempo, por lo que se puede apreciar entre las columnas de los diarios, hasta que aparezca un nuevo paladín de los perdedores, de los fracasados, de los genéticamente predispuestos a la resignación. 

En más de una ocasión estrujé empecinadamente las páginas de los periódicos, sabedor de estar incluída en ellos su columna, a fin  de obtener al menos una copa de moralidad, para advertir (desconsolado) al final del proceso que en el fondo del vaso había apenas unas gotas de esa esencia, destiladas directamente de sus metáforas. 

"Hay dos maneras de estropear la letra, hijo, la masturbación y el periodismo, así que tu verás". El optó por el periodismo, "que sobre la masturbación tenía antes la ventaja de que no había que bajarse los pantalones". Pero eso era su forma de ver la vida, sin desabrocharse nada, rara ave en estos días.




A mi Alvite me aprecía un genio, sincero, recto y honrado, casi lindando lo extravagante.
Se despidió de nosotros (sus lectores) como se despiden los genios, con elegancia, ironía y una buena dosis de poesía. Igual que se despidió Tomás Segovia, otro genio, de otra madera, pero igualemente bello y exótico, singularmente único.

Por eso he vuelto a pasar estas dos noches que han transcurrido desde que supe la noticía de su fallecimiento releyendo Chandler, en un intento de dar un largo adiós al Marlowe español, que algo así me parecía a mi que era Alvite cuando cada noche entraba en el Savoy y yo le volvía a escuchar... "lo de siempre".




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