Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 15 de diciembre de 2014

Juegos de la edad tardía.

Giuseppe Arcimbolo. (1527 - 1593)
Verano.


Visto que  tal vez no todo sea falso, que nada, oh amor mío, 
nos cure del placer cuasiespasmo de mentir.
¡Refinamiento último!¡Perversión  / máxima/! 
La mentira absurda tiene todo el encanto 
de lo perverso con el último y mayor encanto de ser inocente.

Fernando Pessoa.
Libro del Desasosiego


Este ha sido un fin de semana, de esos que en Madrid hay dos o tres al año, en el que  las nubes, como golondrinas, revolotean cabizbajas, rasando el suelo, reflejándose en los charcos a los que dan su color negro, o lo contrario, no sé quién tiñe a quién. La única diferencia entre nubes y charcos, matices si se quiere, son las caleidoscópicas iridiscencias , manchas argentas de aceite,  que parece que quieran tentarme a leer en ellas presagios y adivinaciones. Será mi condición chamánica que me hace ver en el reflejo zafírico, sueños, propósitos y trozos de lo inexistente, espíritus, santos y poetas sin palabras.

Guardia localizada. Tiempo de reclusión y lectura. Terminé de leer la novela -no llega a mí tarde, sólo a la edad justa-  y mis huesos comenzaron a brincar; se oían como si danzaran en las cuencas de las manos durante un juego de tabas. Sostengo en mis palmas un trenzado de palabras, guirnaldas para una diosa, y decido abrazarme a la insumisión de los sueños, porque hoy ya no deseo la ley de lo real.




He salido a correr, como un Telémaco alocado, convencido de que Trapiello tiene razón al afirmar que la única verdad es aquella que está bien contada. Una verdad mal contada es una media mentira. Y al revés, media mentira bien contada no es una verdad, pero ha dejado de ser una mentira. En literatura es la mismísima Ley de Gravedad y sin ella no se puede dar un solo paso.

Así que me he dicho ¡corre! ¡Sal y huye!¡Corre inútil!, hazlo, si, lo más alocadamente que puedas, busca vagos brillos a lo lejos, noticias que queden entre claros y hojas de arboles tapizantes de caminos.  Busca la verdad si es que la pretendes. Y si no existiera, no temas a la impostura.  Porque no existe la mentira. La realidad no es más que un facticio de la memoria y del olvido que trabajan juntas, impunemente, para crear nuestra historia.

Encontrar las cosas en el desorden de la naturaleza y agruparlas de forma armónica. Esa es la verdad. Ahí la encuentra el poeta. No es simulación, nada de encubrimiento. No hay simbolismo alguno, no hay surrealismo porque nada se deja a la libertad del inconsciente. Luis Landero, se me antoja como un Giuseppe Archiboldo de la literatura, creador de bodegones antropomorfos, bellezas sencillas reunidas desde muchas voces distintas, como un coral de Bach unánime e incontestable.


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