Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Una sonrisa ingrávida.



“Vení a dormir conmigo, no haremos el amor, él nos hará”.
Julio Cortazar

Se encontraron por segunda vez aquella noche en el ascensor del hotel.

Ella pensó que si nuevamente entraba no habría otro lugar, no habría otra parte a donde dirigirse. Si cruzaba el umbral de ese ascensor, él lo haría también a través de su existencia.

Existes, piensa él, eres la realidad del deseo no cumplido. Todo lo sé ahora.  Si llegas a mi lado será que existe una posibilidad de invadirte, de abrazarte y de tenerte. 

Nacía en cada uno la turbadora vocación de permanencia en ese instante. Entonces los dos se conjuraron. No quisiera tenerte siempre, pero me niego a perderte hoy. Y con esta frase cerraron con llave aquella habitación, el mundo quedó fuera, sus culpas, sus obligaciones, y sus calendarios.

No se dijeron nada, apenas murmuraron, nada que importase, ni tan siquiera la hora, ni sus nombres,  y después de desnudarse se hizo un silencio absoluto que casi duró tres horas. Se inició para ambos un tiempo eterno formado por una suma de instantes, prólogos encadenados, un ahora de inimaginable epílogo.

Si me ofreces tus manos ahuecadas te ofrezco mis pechos. En realidad le ofreció el juego consigo misma y con su inocencia; a penas los rozó lucieron y se renovaron.  Quizás no para siempre, ¿quién sabe?, pero si bajas tus manos a buscarme y decides encontrar con tu índice y tu pulgar los bordes radiantes de mi sexo, me entregaré a ti este día. Sus manos descendieron al encuentro de un tiempo en suspenso, fugitivo de la luz resbaladiza que comenzaba a colarse por la ventana y de una párvula vacilación rota por el goce explosivo y fulgurante de los labios de aquel hombre en su cuello. Todos los cuellos viven deshabitados en cualquier blusa de mujer, pero sólo se percibe su desnudez en el encuentro del resto del cuerpo, exento de ropa, abierto al mundo.

Las manos de ella pasaron de la caricia apenas percibida, al lánguido abrazo de un gesto abdicado, seducido por el rítmico movimiento que comenzaba a nacer de aquel silencio en comunión. Si decides arrastrarme hasta aquella cama y lamerme los tobillos, si pasaras tu lengua, como pasa el agua por el borde de la orilla de mis piernas, por esa frontera cambiante que hay entre la ola recién batida y la arena seca de una playa amanecida, me entregaría a ti sin meditarlo. 

Y entonces sus labios se pasearon, lejos de un gesto neutro, en el tibio y latente placer de una piel que se erizaba y se abandonaba, hundiendo su boca por y entre su geografía. Sus pómulos buscaron hondonadas y  su lengua, húmeda como un arroyo buscando cauces, se retorció entre el sabor acre y ácido al tiempo de aquel otoño de su cuerpo. Abandonado al olor que ella desprendía,  notó sus manos agarrándole las mejillas que ella percibió como si fueran dos mangos dulces. Si decides tirar de mi cabeza al encuentro de tu boca, que se entreabre a la vez que se cierran tus ojos, y me haces pasar por tu vientre húmedo y me obligas a detenerme en tu ombligo, prometo poseerte, empujar dentro de ti el vendaval de mi deseo, irresistible, pues he perdido la razón, el tiempo y la noción de lo que nos rodea. 

Y sus manos cumplieron en silencio y en la sombra su oficio de acueducto insaciable y tiró de él y le ofreció sus pezones, cada vez más benévolos, cada vez más hialinos, suavemente tensos,  cada vez más desconocidos para ella misma. Que nadie nos moleste y hagamos el amor hasta despellejarnos. No me prometas nada, no me exijas nada, sólo el éxtasis y el dolor, sólo deseo saber como seguir deseando tanto. Te aseguro lentitud, suavidad y acaso obtendrás de mi una sonrisa ingrávida cuando te corras. 

El sexo de dos desconocidos no sabe de vicios ni de repeticiones. Cada acto incauto no conoce el premio ni el castigo. Si me tomas con tu boca, si mi sexo va al encuentro de tu saliva, un mar sobre otro mar, dos espumas que se suceden, la única razón posible será el ahora, tus labios y mi pene. ¿Acaso importó el silencio? las palabras ausentes rellenaron poro a poro aquel momento, un tiempo eterno. El ayer no existió, ni existirá el mañana, ¿acaso importan ambos?. Siento como su sexo crece en mi boca, no por favor, no te corras, no sé si te lo mando o te lo suplico.

El adiós de dos que no se conocen es inútil, no pretenden llevarse nada, cuanto es de aquí, aquí se queda. ¿Qué más da el después?. Apretó el final de la corbata en la base de su pene momentos antes de correrse y decidió tomarla por detrás, agarrando con sus manos las dos lunas llenas de sus nalgas.  Tu y yo ya estorbamos en esta habitación porque el deseo se ha hecho con todo. Él es el propietario de este instante y de estas paredes y ahora. Si oigo tu quejido, si escucho tu latir en mi sien y si es verdad el ronco acento de tu garganta, murmurarán por ti las grandes velas del catamarán en el que se ha convertido esta cama. Entonces le pareció que aquel sonido , que no llegaba a ser un grito, todo más un canto a la victoria, ahogado por una boca exhausta de jadear, venida de otro mundo, de otro tiempo, de otra mujer, feroz y voraz, se juntaba con el suyo, su grito, canto único para dos voces, un cuerpo común que se estiraba y que se encogía al unísono.


Y ya, solos en el mar de aquella habitación, el cielo fue cambiando de zarco a malva, magenta, blanquecino y finalmente plata, por una enorme luna que comenzó a cambiar el color de aquellas sábanas que hasta ese momento habían sido blancas. Lentamente se vistieron y siguieron sin decirse nada. Abandonaron la habitación y mutuamente se dedicaron una ingrávida sonrisa de definitiva despedida. Es seguro que nadie se encuentra por tres veces en el ascensor del mismo hotel.


2 comentarios:

  1. Si. Quiero decir que me parece extraño, muy extraño que no haya ni un solo comentario sobre esta bellisima entrada...aun.

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    1. Querida Eulália: excepcionalmente mis entradas generan comentarios. La verdad es que encantaría generar debate y escuchar opiniones, matices, visiones. No lo consigo. No desespero. No entiendo las redes y los blogs en particular si no es desde su carácter abierto y participativo. Pero asumo el "voyeurismo internáutico" como algo natural. Me alegra tu opinión. Siempre me preocupó en este reto encontrar la belleza y no la vulgaridad que pueda generar un encuentro sexual. Lo de menos era si era en esta visión entre desconocidos. Era una excusa argumental.

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