Manual de instrucciones de blogscriptum

domingo, 7 de septiembre de 2014

Cuando no hay otro fantasma: Final.

Foto Blogscriptum. Del Proyecto " A oscuras"

Capítulo 5: El despertar
Luego de aquella noche, de aquel extraño sueño, sólo hubo oscuridad, más  largas noches y silencios. Sentado en el escaño, que ya había terminado de lijar, pasaba las tardes en una rutina monocorde. Acariciaba la madera de cerezo que le recordaba, con pensamientos atestados de inquietudes, a la antigua propietaria de aquel mueble.

¿Fue un sueño o había sido real?.

No, estaba seguro; no existió nunca, sólo fue el fruto triturado de su insomnio y de su incipiente locura. Al fondo de aquella ventana, enfrente, en la vieja casa de granito, se escuchaba el murmullo vegetal como un susurro lejano.

Capítulo 6: La decisión
El tiempo se fue muriendo. El tiempo y no ella. A Juli el cáncer le había reventado el pecho con una risa seca, umbría, fría,  nacida de una boca desdentada. Una risa muerta y zafia que parecía haber brotado de lo más profundo de la tierra y que estalló entre su corazón y su vestido.  Los mismos pechos vírgenes que habían arrullado en el pasado a Vicente  miles de veces a la salida de la pequeña piscina de agua helada, aquellos en los que se había hundido entre achuchones con olor a colonia de lavanda, terminaron por violarla y someterla.  Después de su marcha, el tiempo se fue muriendo en torno a su recuerdo y la casa. El tiempo sí,  pero no ella.

Otra noche de invierno carente de estrellas, mientras se reflejaba la helada luz de la luna sobre la nieve, Vicente se abrigó cerrando su chaqueta vieja de punto y salió arrastrando el escaño sobre el suelo blanco, dejando profundamente marcadas las líneas paralelas de dos robustas patas de cerezo lijado.



Capítulo 7: La última visita
Aquel escaño durmió ya solo a partir de entonces. Vicente decidió dejarlo descansar junto a la ventana, donde siempre había estado, y de donde no debió nunca salir. Así debía ser. En aquel lugar se proyectaba la primera luz de la mañana, era el sitio perfecto. ¿Por qué hubo de sacarlo de allí?¿Por qué se lo arrebató a su dueña legítima?  

En el jardín un tilo se movía con el viento y un enorme nogal lanzaba sus frutos sobre un tejado envuelto en niebla. Desde la noche en que devolvió el mueble a su antigua propietaria, cada mañana, una columna de humo salía de la chimenea de granito -inclinada, pero no vencida- de la casa vieja de Miraflores. Juli encendía el fuego y repasaba las sábanas y manteles. Un intenso olor a té inundaba toda la casa y el jardín se hallaba envuelto en un extraño y nostálgico resplandor. Sólo al final del día la mujer acudía puntual a su cita para sentarse cerca del fuego y danzar junto a las sombras que dibujaban sobre la pared teatros chinos desfigurados.

Años después, el amarillo y el rojo del otoño se fueron mezclando mansamente con los recuerdos de Vicente y la vida fue apagándose en él como la lumbre en el hogar. Sólo los últimos rescoldos de su alma se reavivaron  con un viento frio que hizo batir las puertas y ventanas de su dormitorio. Era Juli que arropaba a Vicente mientras  él quería percibir el olor a colonia de lavanda según se iban cerrando sus ojos.

El tejado de la vieja casa de granito danzó otra vez entre la niebla,  que después  vino hasta Vicente para hacer vibrar musicalmente los barrotes de su cama.

Cuando no hay otro fantasma posible, para qué ponerle otro nombre.


Nota Blogscriptum: 

He terminado de leer el libro de Lázaro Covadlo a la vez que re-escribía este final del relato, un día después de haber visto la exposición en el círculo de Bellas Artes de Madrid de Alberto García Alix. Las tres cosas me ha parecido que viven en una isla de extrañas coincidencias. 

García - Alix se adueña de imágenes de amigos  que quedaron por el camino, argonautas de un barco que parece ya olvidado. Un tiempo que destila una enorme melancolía, de días chungos, de motos que rugían como leones solitarios,  de brazos tatuados y golpes en la cara.  Negativos que son cadáveres, que se aparecen como fantasmas. Como el mismo lo parece en sus autorretratos. Los mismos seres, decididamente solitarios, casi imposibles, que teje Covadlo: frágiles, al borde del abismo.






El paraíso de los creyentes - Extracto from Alberto García Alix on Vimeo.

1 comentario:

  1. Bonita historia, esperanzadora, que te hace confortar el espiritu. Quizás si creyera que nunca nos abandonan los seres queridos no nos sentiríamos tan arraigados a esta vida, pero por otro lado pienso y ¿ si tampoco nos abandonan los que no nos quieren y procuran nuestro mal?. Uff. que descansen en paz todos.

    ResponderEliminar

Eres libre...¿Quieres decir algo?