Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 14 de agosto de 2014

Las lágrimas de San Lorenzo.



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Otra…

-Mira, hijo, mira lo que está pasando -le digo yo ahora a Pedro sin mirarlo, sabedor de que está a mi lado. Lo hago en voz baja, para que no se despierte. No quiero interrumpir su sueño ni su paz.

Aunque debería hacerlo. Después de haberlo traído hasta aquí y después de que haya  estado despierto toda la noche esperando este momento, seguramente hasta me lo agradecería. Pero prefiero que siga durmiendo. Prefiero que siga sin saber que, además de estrellas fugaces y de deseos que se cumplirán o no, depende de la fortuna de cada uno, la noche de San Lorenzo está llena de fantasmas y de sombras, de murmullos que vienen del otro mundo y que reclaman su recuerdo en este. Y no es una fantasía. Mientras las estrellas vuelan, los rostros que trasparentean y que desaparecerán con ellas en la eternidad van pidiendo una última mirada que los salve, un recuerdo que los deje seguir viviendo en el firmamento, aunque sólo sea una noche más.

Julio Llamazares.
Las lágrimas de San Lorenzo

Ahora me llega el alba, 
recogiendo caricias y sueños, 
limpiando sollozos con besos en la frente. 

Amanezco desde lo más hondo, 
despierto, me arranca la luz del suelo y de lo inútil,
llegando sólo a donde alcanza mi brazo.
  
Noto la brisa que viene a deshojarme, 
maternal, cuidadosa y antiquísima,
leyendo en mí no sé que sino. 

Me lanza la luz al sur, 
al rojo vivo, a todo lo que es futuro
a tu gesto silencioso y fresco.

Asomo la cabeza por la ventana que da al oriente, 
al día, a la fe, a lo caliente, 
a donde quizás exista un dios ordenándolo todo.

Empieza el día sobre la mano que toca tu pelo, 
lejos del dorso de la fiera,
al lado del alma grande y de la vida pequeña.

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