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sábado, 14 de junio de 2014

Ortiz de Echagüe: La danza del fuego.



En la casona blanca y tibia se refugia el genio. Pleno julio. El sol cae a plomo sobre la arena ardiente. La luz entra por entre los ventanucos rompiendo la intimidad de los dos únicos muebles viejos,  una silla y una desangelada mesa, con una pata corta, inclinada en una genuflexión de derrota. Sobre ella descansa una cámara, apartada de la potencia del verano que entra como una cascada violenta en la dulce oscuridad de la sala. Apoyado sobre el marco de la puerta D. José apura el último cigarro al que da muerte con su zapato contra la tierra retostada. El aire quieto. Zumban los insectos. La era lejana duerme, a la espera de cualquier trillo que quiera usarla, y sobre el altozano del otro lado del regato, completamente seco en esta época del año, olvidado de su misión maternal, asoma la silueta orgullosa del valeroso que reta al sol, la sed y la soledad. Comienza el baile acordado frente a la cámara. El viento ardiente ayuda. La tela blanca se abre a la orden de su mano fina, que no parece hecha para agarrar, sino para apoyarse como paloma sobre la crin de su caballo que ha dejado atado a cierta distancia. Y por la magia de su retrato el común se hace épico.

Blogscriptum sobre una  Fotografía titulada Moro al viento de Ortiz de Echagüe
España Tipos y Trajes 
Tomo I.
1953 
José Ortiz Echagüe (Guadalajara, 2 de agosto de 1886 – Madrid, 7 de septiembre de 1980) fue un ingeniero militar, piloto y fotógrafo español, pero por encima de todo fue un andariego, cámara al hombro, de paisajes y personajes, de arquetipos y costumbres, un trashumante constructor de retratos de razas y sus peculiaridades.

Ortiz Echagüe fue un documentalista creador de una monumental Summa  fotográfica,  construida con  la visión de un pintor, la imaginación de un novelista y la sensibilidad de un poeta.

Una sala de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Calle Alcalá 7, Madrid,  acoge 78 imágenes de 1910 del artista. Por un momento dudarás de la metodología utilizada. ¿Fotografías, carboncillos?  Blancos absolutos de chilabas, rostros de un intenso dramatismo, empedrados callejones de Marruecos, retratos que parecen vivos sobre un delicioso papel rugoso. Personajes por entonces tenidos por vulgares, hoy sin duda épicos.


1 comentario:

  1. Siempre haces que nos pique la curiosidad, me encanta como nos describes lo que has visto,y siempre con gran entusiasmo. Apuntado y pendiente de ver.Gracias

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