Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 17 de junio de 2014

Me voy aparte: Alain Laboile

Fotografías de Alain Laboile

Se acerca el tiempo alejado de abrojos, de delirios y cegueras. Me voy aparte de locuras en pleno día, lejos de culpas y mentiras y quiero que conste que no huyo con el único fin de restablecer heridas.

Simplemente espero la llegada de esa noche de verano sin vuelos de libélulas curiosas, con mis brazos cruzados sobre el cuerpo, como caballitos del diablo detenidos. Lo único que anhelo es un lento transcurrir de pasos, igual que las orugas en las hojas de los árboles.

El cielo sucio quedará lejos y un soplo de aire hará recobrar su pasmosa pureza. Intuyo cafeteras de fuego lento, que no lleguen a quemar en los dedos al despuntar el alba. Espero esos ratos que habrán de llegar a primera hora, cuando seré atravesado por miradas inmaculadas (saetas sin pecado concebidas); acribillado a ruegos azules y puros y por qué no, a someterme a la pregunta del susurro de las hojas de los árboles bailando por la tarde. Quizás tenga suerte y un par de manos acudan a palparme en algún momento con la sabiduría con la que acarician las sábanas los ciegos en lo oscuro.

Noche de verano, alejado de la ciudad y de sus luces. Me echaré tumbado sobre un campo verde, notando bajo mi espalda la presencia de los dioses que antes anduvieron con los pies descalzos sobre esa misma hierba húmeda.

Buscadme en algún lugar de este vastísimo universo. Hacedlo cerca de un eco de mar próximo, meciéndose en un hipnótico canto. Habrá sólo lentitud, un océano de fondo y una luz en el horizonte donde se fusione la línea del agua, distante de todo, con un firmamento recto; una línea perfecta sobre un tapiz de plata, rota solo por alguna luz de un barco danzando. 

Si, justo allí podréis encontrarme.

Hasta la vuelta.
Un abrazo fuerte.



Nota fin de curso:


Tomás Segovia nació en España en mayo de 1927 y murió en México en noviembre de 2011. Demasiado pronto para mí. Quizás suficiente para él. Un poeta marcado por la Guerra Civil, un hecho que lo convirtió en niño del exilio republicano. "Pasé un poco de hambre", decía. "Sufrí una pobreza relativa, pero a cambio de eso viajé, conocí países, estudié libremente. No tengo por qué reclamar nada".



Os dejo un poema entrañable de Rastreos 


Ninguna droga ni ningún alcohol
En la noche sin velos que se ofrece abierta
Visible en toda su negrura  
Podría darme nunca
Lo que este leve soplo
De frescos dedos ágiles sobre mi frente ungida.

Este imparable abandonarme a ciegas
En brazos de la dicha más oscura
Este enamoramiento hasta los tuétanos
De un puro transcurrir arrebatado
Este yacer desasido en un fondo
Tan exaltado y a la vez tan tranquilo
Como esa limpia paz que sigue viva
En las profundidades del espasmo
Como seguir despierto
En pleno inválido desmayo
Como si alguien pudiera
Mientras cae en caída libre
Abandonarse a sus evocaciones

Porque es el tiempo mismo
Con todo su horizonte
Y de cuerpo presente todo él
Quien me envía este soplo
Como si me enviara así el aliento
De la palabra con la que me rinde
Para gloriosamente hacerme suyo
Suyo por el amor no más de un soplo
No compartido con ningún alcohol.



Música para Final del año:


sábado, 14 de junio de 2014

Ortiz de Echagüe: La danza del fuego.



En la casona blanca y tibia se refugia el genio. Pleno julio. El sol cae a plomo sobre la arena ardiente. La luz entra por entre los ventanucos rompiendo la intimidad de los dos únicos muebles viejos,  una silla y una desangelada mesa, con una pata corta, inclinada en una genuflexión de derrota. Sobre ella descansa una cámara, apartada de la potencia del verano que entra como una cascada violenta en la dulce oscuridad de la sala. Apoyado sobre el marco de la puerta D. José apura el último cigarro al que da muerte con su zapato contra la tierra retostada. El aire quieto. Zumban los insectos. La era lejana duerme, a la espera de cualquier trillo que quiera usarla, y sobre el altozano del otro lado del regato, completamente seco en esta época del año, olvidado de su misión maternal, asoma la silueta orgullosa del valeroso que reta al sol, la sed y la soledad. Comienza el baile acordado frente a la cámara. El viento ardiente ayuda. La tela blanca se abre a la orden de su mano fina, que no parece hecha para agarrar, sino para apoyarse como paloma sobre la crin de su caballo que ha dejado atado a cierta distancia. Y por la magia de su retrato el común se hace épico.

Blogscriptum sobre una  Fotografía titulada Moro al viento de Ortiz de Echagüe
España Tipos y Trajes 
Tomo I.
1953 
José Ortiz Echagüe (Guadalajara, 2 de agosto de 1886 – Madrid, 7 de septiembre de 1980) fue un ingeniero militar, piloto y fotógrafo español, pero por encima de todo fue un andariego, cámara al hombro, de paisajes y personajes, de arquetipos y costumbres, un trashumante constructor de retratos de razas y sus peculiaridades.

Ortiz Echagüe fue un documentalista creador de una monumental Summa  fotográfica,  construida con  la visión de un pintor, la imaginación de un novelista y la sensibilidad de un poeta.

Una sala de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Calle Alcalá 7, Madrid,  acoge 78 imágenes de 1910 del artista. Por un momento dudarás de la metodología utilizada. ¿Fotografías, carboncillos?  Blancos absolutos de chilabas, rostros de un intenso dramatismo, empedrados callejones de Marruecos, retratos que parecen vivos sobre un delicioso papel rugoso. Personajes por entonces tenidos por vulgares, hoy sin duda épicos.


martes, 10 de junio de 2014

Luis Vioque: una mirada como un abrazo.


Acabo de terminar un viaje por los sueños poéticos, en forma de fotografía, de Luis Vioque.  Le conocí el otro día, es joven y ya parece de vuelta de muchos mares. En su libro que ahora tengo entre mis manos, precisamente "Mares de Portugal", se puede disfrutar con cada fotografía que es reflejo de su mirada sensible para las cosas, pues es capaz de captar con sutileza la luz atlántica abierta a la frontera inabarcable del océano. Y domar la luz solo está al alcance de unos pocos. Son unas bellísimas imágenes que evocan recuerdos pacíficos, generosos, sinceros. Se me antojan como sencillos homenajes a lejanos horizontes, como sueños  que guardan en su naturalidad un profundo mensaje.

Y es que la esencia de su trabajo es engrandecer lo que mira a través de su objetivo, no por su formato, sino por su capacidad narrativa. Su obra corresponde a un gran abrazo, el mismo que es capaz de dar con su lente panorámica y que obliga al espectador, lejos de detenerse ante una imagen, a caminar por ella.

Y ahora, de vuelta de sus viajes oceánicos, recala en Madrid y vara su cámara en la playa de sus calles, y entonces parece susurrar a la ciudad entera al oído: ¡despierta, ahora es tu turno!. Vioque consigue imágenes sencillamente imposibles de mi ciudad. Me ha descubierto un Madrid desconocido, no porque no reconozca cada una de sus localizaciones (todas), sino por que me las muestra de una forma insólita, inimaginable, como sus Mares de Portugal, en forma de homenajes, como sueños.   

Mientras paseaba con él por y entre sus fotos (parecía que nos colásemos dentro) me daban ganas de gritarle a Madrid  ¡desperézate ciudad cansada! ¡levanta de tu duermevela! ¿Acaso no viste que no queda nadie? ¡Estira tus brazos ya!

Las calles no sé si perezosas o solo tranquilas, salientes de sábado, de estragos, aguardan al  domingo y con él al fotógrafo en su paciente blanco y negro, para mostrarse para él como en un bello desnudo.


Luis Vioque Madrid Panorámico
Centro Cultural Casa de Vacas.
Jardín del Buen Retiro. Madrid.


Exposición absolutamente recomendable y esta música creo que le vá como anillo al dedo.



lunes, 9 de junio de 2014

Niños en el tiempo



Si fuera verdad lo que dice el poeta, que los hijos no son nuestros sino de la vida, deseosa de si misma, y que no vienen de nosotros sino a través nuestro, y que aunque estén con nosotros, en realidad, no nos pertenecen. Si fuera esto cierto, digo, entonces existirá un nombre para llamar a lo innombrable, habría una palabra para decir lo que no debe ser dicho.  Pues sabemos como se llama al que pierde un padre o al que pierde a una mujer o a un marido. Hay nombre para todo eso, pero no lo hay para lo que no se puede decir.

Si fuera verdad lo que dice el poeta y nos limitásemos a darles nuestro amor y no nuestros pensamientos y  nos contentásemos con abrigar solo sus cuerpos y no sus almas; si creyésemos realmente que esto es imposible hacerlo, porque sus almas viven en la casa del mañana, aquella que no podemos visitar, ni tan siquiera en sueños, entonces parecería normal su ausencia y podríamos darle un nombre a esta inexistencia.

Porque en su falta solo hay silencio denso, deseos que no se cumplen y noches de San Lorenzo, llenas de sombras y fantasmas, sin estrella alguna que compartir.  Entonces, en su falta se advierten las decenas de oportunidades maltratadas, de palabras estériles, de silencios dispuestos a atropellarnos.

Lo que se nos va y lo que se nos queda, en palabras de Alejándro Gándara, uno de los juegos preferidos de la vida, uno de esos intercambios que exige destreza de los individuos para no renunciar al pasado, añado yo. Cuando te lo han quitado todo, la memoria es tu única patria, los recuerdos no son el fracaso, son el refugio.


Como tantas veces…Raquel López-Chicheri.

“Todo padre sabe lo que es sentir ese peso sobre los hombros, un peso inexistente y al tiempo intolerable. Inexistente porque el amor no pesa; intolerable porque el hijo amado es la sustancia más pesada del mundo.”
Ricardo Menéndez Salmón
Niños en el tiempo.


GENERATION TO GENERATION from Phillip Montgomery on Vimeo.

Let us build memories in our children,
lest they drag out joyless lives,
lest they allow treasures to be lost because
they have not been given the keys.
We live, not by things, but by the meanings
of things. It is needful to transmit the passwords
from generation to generation.