Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 22 de mayo de 2014

Toma el dinero y corre.

Fotografía de Lee Jeffries


Gumersindo Mantecón había llegado por fin a comprender que el drama que estaba viviendo no era el de llegar a la vejez, sino el de darse cuenta de que jamás recuperaría la juventud. Un vago sentimiento de cansancio, pero sobre todo una sensación general de soledad, le abatía. Había decidido ser viejo tan pronto que a estas alturas tenía la sensación de haberlo sido siempre. Su soledad se había hecho tan profunda como alta era su fortuna y mirase donde mirase de las dos, el abismo y  la cima, se adivinaban distancias lejanísimas.


Como quiera que temiese que finalmente solo él llevaría luto en su propio funeral, se presentó a Ifiginia Jadraque, la casamentera de la comarca, y con muchos circunloquios le dejó entender que deseaba casarse.

No tardó dos minutos la señora en entonar múltiples alabanzas sobre una hermosa muchacha que había sido elegida en tres ocasiones  reina de las fiestas, pero el millonario rechazó la propuesta diciendo: “No me interesa. ¡Yo soy ya bastante apuesto!”. La casamentera quiso destacar todo lo bueno que expresaba su rostro, pero el viejo concluyó diciendo que la belleza lo revela todo porque no expresa por sí misma nada. Y dándole vuelta a la foto que Ifiginia le había mostrado dio por descartada a la candidata.

La mujer, con la verborrea propia de su profesión, ensalzó las virtudes de otra posible novia, de la que destacó que aportaría una dote que ascendía a varios millones. “No necesito riquezas” –replicó el viejo-. “Yo soy suficientemente rico, y cuando me vaya de este mundo, mi riqueza, como la suya, saldrán volando como los pájaros”

La señora Jadraque decidió recurrir a su último e infalible tercer resorte y le habló de una posible novia que había sido profesora de física en el Instituto Superior a los veintiún años y que en el momento de la conversación, con veinticuatro años de edad, era catedrático de Universidad en la capital. “Tampoco necesito inteligencia” –replicó despectivamente el multimillonario-. ¡Yo soy lo bastante inteligente!, mi silencio me ha costado”

Entonces, Ifiginia Jadraque exclamó desesperada: “¡por amor de Dios!¿Cómo debe ser entonces ella?”

Y Gumersindo Mantecón respondió: “Decente, con eso basta”



Nota Blogscriptum:



La sociedad en la que vivo me parece fruto de una enorme confusión, de un gran disparate. Antes pensaba que estábamos en manos de locos, ahora estoy convencido de que nos dirige gente vulgar. Lo creo así por que la amoralidad y la falta de decencia (aquello que consideraba Gumersindo Mantecón como imprescindible) es profundamente vulgar. España no tiene solución. 


2 comentarios:

  1. Me resisto a pensar que no tiene solución. Nuestra democracia es joven y nuestra sociedad civil débil.

    La historia no la hacemos; nos la hacen. Carlos Castilla del Pino. Aflorismos.

    Satur

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