Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 8 de abril de 2014

Octubre, día veintiséis.



Salimos de casa un sábado por la tarde, era octubre y mi madre me ajustó el cuello del abrigo -heredado de mi hermano- al llegar a la calle, no tanto porque fuese a hacer frío, sino porque al frío es necesario llamarlo para que acuda a inaugurar el invierno. Esos pequeños gestos lo hacen despertar. Mi madre, como todas las madres, tenía un sexto sentido para preservarnos de los malos tiempos.

Nos dirigíamos, como muchos sábados, a la calle Bravo Murillo, donde mi padre hacía que vendía discos que nadie compraba. Yo pasaba las tardes escuchando música y ellos, supongo, resguardándose de la tormenta que iba a comenzar de inmediato. Eran los ochenta. Ahora los negocios cierran por falta de ventas, entonces también; la diferencia es que al cierre del negocio de mi padre le ayudaron además dos butrones en los sótanos y tres pistolas en el pecho pidiéndole, sin favor, la recaudación.

Hoy cierra Discos Melocotón por jubilación, como supongo lo harán ya de una vez los tres heavies que hacen ( o hacían, ya no sé) de atrezzo frente al antiguo local de Madrid Rock en la Gran Vía. Estas cosas, cuando se mueren, lo hacen con el alma y todo, y suelen hacerlo en octubre, lo sé por experiencia, en día veintiséis, porque ese guarismo sirve para decir que el suceso ocurrió bien entrado ya el otoño. Así que esta noticia me ha sorprendido enormemente por la fecha en la que se produce.

Sí, cuando estas cosas suceden, lo hacen sin violencia, creedme, que yo en esto de la muerte algo sé. Las noticias ya no se empavonan cuando son de este género. Ahora ya nos hemos acostumbrado. Ya no gritamos que no conocemos nada ni a nadie; apenas nos advertimos en un País inhóspito, ni nos sentimos aventureros de una vida inexplorada. Ya está, nada nos sorprende. Es el abracadabra del tiempo que hace que las cosas aparezcan y desaparezcan como por arte de vaya usted a saber que magia. Pero a mí, sí. Me ha sorprendido, por no ser hoy octubre, día veintiséis.

Yo he viajado dos veces por el corazón de mi madre: una de ida en su vientre y otra de vuelta hoy cuando, cansada, ha apoyado su cabeza sobre mi pecho. A diferencia de aquella tarde de octubre, probablemente día veintiséis, hoy me he vuelto con mis manos sobre su cuello y he sido yo el que le ha abierto la blusa para que entre de golpe la primavera por su escote. Su piel ahora se me antoja algo más fina que la seda que la cubre. Leer estas noticias y encontrarme moqueando recuerdos, es todo una misma cosa. Serán los primeros brotes de alergia, porque hoy es marzo, día ocho.


1 comentario:

  1. El contraste del comienzo del despertar de todo a nuestro alrededor choca con el fin de algo, pero no por ello imposible. En realidad esa jubilación es el comienzo de otra etapa.

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