Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 14 de marzo de 2014

Mi médico es cojonudo.


Hoy estaba acojonado. Me tocaba recoger los resultados de mi examen de salud. En realidad, no me pasa nada, absolutamente nada. Lamentablemente, cometí el error de preguntar, y ya se sabe: ¿pa´qué preguntas, alma cándida?

-Pues nada, te pasas mañana, te hacemos una revisión y un análisis de...todo.

Hoy el médico me ha dicho que todo está bien.  Me ha recomendado tomar un vaso de vino en las comidas, pasear veinte minutos al día y comer tres nueces. Mi médico es cojonudo (lo he pensado inmediatamente).

Durante estos dos últimos días, desde que me hicieron la extracción de sangre hasta esta mañana, he pensado que Woody Allen y Alejandro Cuarón han hecho por la filosofía en general y el exsitencialismo en particular, muchísimo más que Heidegger.
 
Martin Heidegger, el existencialista más citado a propósito de la muerte, del que se van a presentar en la próxima feria del libro de Leipzig (la más importante de Alemania) los cuadernos negros inéditos con sus pensamientos más oscuros respecto de su nada edificante relación con el nazismo, proclamó que necesitamos realmente la ansiedad de la muerte para no caer en la "cotidianidad", un estado en que estamos vivos, sólo a medias, viviendo en una ilusión sin salida. Pero ciertamente intentar entender a Heidegger, a secas, sin drogas,  es algo que me ha producido enormes dolores de cabeza. Yo lo he intentado con el libro "Heidegger y un hipopótamo van al cielo" de Thomas Ctahcart y Daniel Klein, un libro que trata la filosofía y la muerte con mucho humor. Pero he de reconocer que no le cojo el punto.


Sin embargo si probáis a leer el libro de Eric Lax (editorial Lumen, 2007) , biógrafo americano de Allan Stewart Königsberg (Woody Allen) toda la cuestión de la muerte os quedará mucho más clara:
  
Este es un pequeño extracto: 

Anna: ¿cómo quieres morir entonces? 
Kleinman: De viejo. Dentro de muchos años. Cuando llegue al término del largo viaje      de la vida. En una cama confortable rodeado de parientes...cuando tenga noventa años.
Anna: Pero eso no es más que un sueño. Es obvio, en cualquier momento te puede partir el cuello en dos un maniático homicida...o te puede degollar...no cuando tengas noventa años, sino ahora.
Kleinman: Es tan reconfortante discutir estas cosas contigo, Anna 


Por otro lado, he repasado en estos dos días una escena de la merecidamente oscarizada Gravity de Cuarón y no he encontrado mejor explicación que la de Heidegger al conflicto sobre la aniedad de la muerte que los 12 segundos de uno de los momentos de máxima tensión, cuando la astronauta es consciente de las pocas posibilidades que tiene de sobrevivir, y se enfrenta a la muerte cara a cara; entonces comenta: 

"todos sabemos que vamos a morir, pero es que yo sé que voy a morir hoy" 

¿Qué más se puede decir?. Para vivir con sinceridad, dándose cuenta de lo que es la vida, he de poner en consciencia mi mortalidad. La conciencia de la mortalidad es exclusiva de la condición humana. Desgraciadamente cada vez hay más personas con esta conciencia apagada, tenuemente desactivada, en una negación de la muerte que no nos deja desarrollar plenamente la vida.

En la comedia "Ahora o nunca", de Carl Reiner, dos sexagenarios con enfermedad terminal hacen un alto en el tratamiento contra el cáncer y confeccionan las listas de cosas que hay que hacer antes de morir. La pareja hace frente a la muerte que se avecina con frases como "Nunca dejes atrás un cuarto de baño, nunca desperdicies una erección y nunca confíes en un pedo"

Efectivamente, somos las únicas criaturas que comprendemos que vamos a morir y somos también las únicas que pueden imaginarse una vida eterna; esta combinación es la que nos vuelve locos. 

¿Indiferencia ante la muerte?...en absoluto. Un microcuento:

Así pues , Francisco murió y su esposa Lourdes acudió al periódico a poner una esquela. El responsable del periódico que la atiende, después de darle el pésame, pregunta a Lourdes que le gustaría decir de Francisco. Lourdes respondió:
-Ponga sólo: "Murió Francisco"
-¿Eso es todo? Tiene que haber algo más que decir de Francisco. Fueron muchos años juntos. Una familia, hijos, nietos. Además esté tranquila, si lo que le preocupa es el dinero, las cinco primeras palabras son gratis.
-De acuerdo -dijo Lourdes-. Escriba: "Murió Francisco. Se vende moto"

En definitiva, mi médico me ha dicho que estoy cojonudamente bien y que debo tomarme un vaso de vino. No he le he escuchado que diga nada respecto del sexo, pero, como yo soy el médico especilista de esa cuestión, me voy a automedicar...



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4 comentarios:

  1. Muy bueno el video. Creo que para nuestra salud mental es bueno que al menos una vez al día pensemos en que nuestro destino final es la muerte, para así disfrutar de la vida.

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    1. Hoy me contaban el argumento de una película de la que no recuerdo el título y que era algo así:
      Al nacer todos llevamos un contador de tiempo en el antebrazo (me recordaba cuando me lo contaban) al número de intensificación durante el holocausto. Entonces, por no sé que motivos, el tiempo que te otorgaban era modificable, aumentando y disminuyendo, pero no me ha quedado claro (era clase de Inglés) porqué. el caso es que un tipo empieza a hacer barrabasadas cuando ve llegar el final de su tiempo….Es interesante. La conciencia de nuestra finitud debería movernos a hacer más cosas…. a menos que me aseguren una vida, en cuyo caso…las puedo dejar para entonces.

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  2. Me quedo con la muerte y el humor, que aunque aparentemente no pegan "ni con cola", al final son inseparables.
    Enfrentarse a la vida con humor es fundamental desde mi punto de vista, pero matizo, enfocado a reírse de uno mismo. La ironía, el sarcasmo, la acidez, pueden ser herramientas validas, pero intuyo que no nos otorgan una plenitud duradera.
    Hace poco una persona conocida falleció de un cáncer al que había hecho frente varios años. Este hombre sabiendo que esa noche iba a morir, fue capaz de bromear y trivializar sobre su propia muerte con los amigos que le acompañaban. Había perdido el miedo a la muerte y en cambio confiaba, ¿...en qué?. Brutal. [@@b]

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    1. Bueno…confiar en la trascendencia si es que acaso crees en ella o abrazar objeciones escépticas o ateas, da igual cuál de las dos posturas, coinciden, creo yo,, en el hecho de asumir que el tiempo de esta vida es sólo un instante y que la condición de la muerte es eterna…sea cual sea su naturaleza. Afrontar este hecho con sinceridad te sitúan en una posición vital de "máximo aprovechamiento"…del tan manido: carpe diem.

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