Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 24 de marzo de 2014

Lo que dejamos.



España le tiene tanto miedo a su pasado que acostumbra a utilizar el tiempo pretérito en forma imperfecta (Había una vez) y este tiempo no existe en otros idiomas. Nos cuesta decir hubo porque eso nos obligaría a tener unas conclusiones definidas sobre lo que ocurrió y nos impiediría entrar a cada rato que se nos antojara por la puerta del pasado a cambiar aquello que nos apeteciese por mor de nuestro antojo o de lo que toque en cada momento.

En las últimas 48 horas he leído de todo y todo me ha llevado a recordar un texto de hace unos meses:


No se trata de reconocimiento, sino de memoria. El reconocimiento no tiene memoria. Es frugal, acomodaticio, circunstancial. Pero de lo que has hecho, escúchame bien, se guardará memoria. No en panteones, ni en estatuas, ni en aniversarios. Ahí, no. Se guardará en el cuerpo de algunos de los que te han escuchado, en su cuerpo pequeño y mortal, y lo transmitirán a sus hijos,  quizás no lo que tú esperabas ni cómo lo esperabas,  pero lo transmitirán porque saben que ha existido, aunque no se den cuenta. “Yo tenía un maestro “, eso es lo que dirán, y lo dirán incluso sin decirlo. Y será justo, porque lo tuvieron. La vida no se trata de acontecimientos, de efemérides, sino de la letra pequeña que queda escrita en las retículas de la piel de cada uno de nosotros. Eso son los libros que quedan, los libros inmortales.


Alejandro Gándara. Las puertas de la noche. Editorial Alfaguara. 2014 pg 125.


1 comentario:

  1. Tal vez esté equivocada pero creo que en nuestra memoria quedan muchas más acciones y palabras buenas que malas, me imagino que es porque en realidad nuestros recuerdos mas profundos suelen ser los que nos han hecho sentirnos bien.

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