Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 26 de febrero de 2014

Y si muero mañana.




El otro día me encontré con un hombre de voz profunda y sólida y ojos hundidos en la cara como si fueran dos orificios de gusano en la superficie de una manzana: pequeños, negros y secos, apenas visibles, perdidos diría yo, en una cara llena de arrugas..., si te parece, diré entonces que era una manzana vieja, de esas que se quedan olvidadas por semenas al fondo de una nevera desangelada. Me imaginé entonces su carne arenosa y sentí un profundo respeto por lo oscuro, frio y apartado del rincon del que le suponía propietario.

Andaba rebuscando en el fondo de la basura restos que nisiquiera los perros están dispuestos a comerse. Yo creo que no buscaba solo comida. Los restos de la vida, el espacio y el tiempo; un manantial de agua, hilos de tela de los que poder tirar, montañas que poner bocabajo, una porción extra de la conidción de hacerse llamar hombre...vaya Vd a saber. 

Me dedicó una sonrisa torcida y me ofreció las puntas de los dedos, extendidas  como alas; manos como pájaros de otros mundos; lineas cinceladas en las palmas como planos, rutas preparadas para una huída demorada.

Cabe dentro de lo probable (me dijo), no es que me apetezca especialmente, pero es que es verisímil pensar, ¿entiendes? (me susurro), que pudiera morir mañana; no sé si habrá alguien en la tierra, llegado el momento, que me haya entendido por completo. Unos me dirán manso y otros sátrapa, unos sabio y otros necio, unos fariseo y otros sincero, unos meretriz y otros madre. Pero...¿sabes lo que te digo? Ninguno estará mintiendo y no habrá nadie en posesión de la verdad, porque las dos opciones estarán igualmente desenfocadas.

Y ahora, dime (me gritó): en lo que te tocó, ¿Hiciste lo necesario? ...y se fué silbando.


sábado, 22 de febrero de 2014

Vuelvo a Ítaca



¿Te vas ya? ¿Lo llevas todo?... El abrigo, la bufanda, las manoplas, los recuerdos, el aliento compartido…¿todo? Cuídate entonces, cuídame.

Pero si llegaras a volver, si pudieras venir de nuevo a mi lado, ya sabes que te estaré esperando en el umbral de nuestra puerta , al borde de este plazo breve que es la vida; en este corto tiempo que hay entre lo que queda dentro y lo que esperábamos fuera.

Te esperaré aquí, firme, quieta bajo el dintel, porque no hay espacio más seguro en el terremoto de tu ausencia.

Aquí estaré de pié, con el mismo valor con el que camina un ciego en una noche oscura, seguro de saber encontrar el camino de vuelta a casa, sabiéndose poseedor de todos los mapas, conocedor de cada ruta oculta a los demás.

Te esperaré despierta, con la luz encendida; me quedaré aquí aguardando desnuda, después de dejar doblado el vestido del olvido sobre la cama. Me encontrarás perfumada con el frescor de la añoranza, y con la respiración redoblante, igual que si tañesen mis pulmones por el anuncio de tu vuelta. En la espera, mientras llega ese momento, mandaré hacer estallar los cerrojos de todas las ventanas para que pueda entrar de golpe el aroma de tus manos, el que tenían después de quedar impregnadas con el olor de mis pechos, cuando los acariciabas.


Pero si fuera el caso que tu viaje se alargara o si no pudieses ver el faro de mi puerto, prepárame la cama enrasada de ese verde perenne que imagino en lontananza, el prado que queda a la sombra de los árboles, con la hierba alta y fresca por la brisa de un bostezo delicado. Mándame llamar y acudiré veloz al cobijo de tus brazos y bailaremos el vals más hermoso del mundo.

…In memoriam,

martes, 18 de febrero de 2014

Sentencia firme


PROCEDIMIENTO ABREVIADO: 17/02
Registro general: 402/2014
Sobre: La incierta inercia de dejarlo estar así, de esta manera.
Demandante: Blogscriptum.
Contra: El Sistema

SENTENCIA

En la Ciudad de Madrid a 17 de enero de dos mil catorce.

Habiendo tenido noticia de la indolencia e inoperancia de las autoridades responsables en la evitación del delito que va a ser cometido y promovido únicamente por el sentido común que debería imperar en estos casos y las buenas costumbres y maneras que nos deben regir,

ANTECEDENTES DE HECHO

PRIMERO: Hasta el dictamen de esta sentencia más de 300.000 jóvenes españoles, altamente cualificados, han emigrado a otros países ante la falta de oportunidades de trabajo, acordes con su nivel formativo y capacidades intelectuales.

SEGUNDO: Theodor Guttenberg ministro de defensa alemán presenta su dimisión en 2011 por haber plagiado parte de su Tesis doctoral. Anette Schavan, persona de confianza de Angela Merkel presentaba su dimisión como ministra de educación por el mismo motivo hace un año.

TERCERO: Juan Manuel Díaz, candidato popular a la Presidencia de la Junta de Andalucía y su antípoda político, Susana Díez, del Partido Socialista, acuden a la carrera presidencial con el único curriculum de su juventud , 43 y 39 años respectivamente, y el aval de no haber realizado otra cosa en su vida que dedicarse al servicio de su partido. Se ha demostrado por las partes que el primero de los referidos ha mentido en la elaboración de su curriculum, inflándolo, como un cereal de Kellogg´s, con Másters de medio pelo y dos intentos infructuosos de terminar sendas carreras universitarias. Nada más, nada menos.
La otra acusada sólo ocupó 10 años de su vida en terminar una carrera universitaria de cinco. Este hecho, si bien no es constitutivo de delito, pone a la acusada en una posición incómoda, pues esta discreta demora, eleva a la categoría de sospechosa la valía que es necesaria acreditar para el cargo que se pretende desempeñar (más allá de su capacidad de liderazgo, talante y buenas intenciones)

FUNDAMENTOS JURÍDICOS

PRIMERO: Siendo los dos acusados, hasta la fecha, los ÚNICOS POSIBLES que podrían ocupar el cargo para el que se nominan.
SEGUNDO: Siendo los partidos políticos estructuras jerárquicas, centralizadas, cerradas frente a la sociedad (a la que dicen representar)
Siendo estos partidos los únicos responsables de la elección de sus candidatos y de las listas electorales a las que representan; siendo los únicos mecanismos efectivos del control de estos  ascensos y, en fin, siendo ellos la única vía democrática para hacer efectiva la voz de los gobernados.
TERCERO: Siendo evidente, por las pruebas presentadas por las partes, que es posible abandonar un cargo público por falsedades curriculares y entendido que el grado académico no es suficiente para el ejercicio de la responsabilidad pública pero si acredita cierta capacidad para desempeñarlo.
CUARTO: Expuestos estos términos, la demanda se funda en la vulneración del principio de igualdad y responsabilidad, en cuanto que se da un tratamiento diferente a situaciones iguales dentro de la Unión Europea, sin que exista causa que lo justifique.

VISTOS los preceptos citados y los demás de general y pertinente aplicación, los que se refieren al sentido común, la buena política y el respeto a los gobernados,  en nombre de la razón y por la autoridad conferida por el pueblo

FALLO

ESTIMAR el recurso interpuesto por Blogscriptum, en contra de la incierta inercia de dejarlo estar así, de esta manera.
DECLARANDO que los sujetos designados por los principales partidos no son dignos de competir en la carrera por la presidencia referida y dado que sus respectivos aparatos de partido han hecho delación de sus deberes en la modificación del sistema de elección de candidatos 
ORDENO sean desestimadas sus candidaturas para la carrera electoral prevista y sean elegidos, entre cualquiera de los 300.000 jóvenes de alta cualificación mencionados, aquellos dos con mejor expediente y formación y que sean remunerados por la hacienda pública de acuerdo a su formación y responsabilidad.


Esta resolución no es susceptible de recurso ordinario alguno, por lo que esta sentencia es firme.
Remítase testimonio de la misma a la Administración demandada, con devolución del expediente administrativo, interesando acuse de recibo.
Así por esta mi sentencia, de la que se unirá certificación  a los autos de su razón, definitivamente juzgando, lo pronuncio, mando y firmo.

Nota Blogscriptum:
...y como sé que esta sentencia no se va a producir, solo confío ya en la justicia divina, que ponga el día del juicio, a cada uno en su sitio. Y punto. ¡Hale!, déle maestro.

jueves, 13 de febrero de 2014

Supongamos


Supongamos que las manos que vienen a buscarte no perteneciesen  a ningún cuerpo que conozcas. Incluso asumamos que no son de ningún corazón al que tan siquiera intuyes. Supongamos que Borges exagera al incluir en el grupo de las personas justas a aquellas que acarician a un animal dormido cuando pasan a su lado. Eso lo hace más fácil. Así dormirás más tranquilo esta noche.

Supongamos que nunca has visto esos brazos que te llaman, tan cerca ahora de ti como solo a unos centímetros de tu propio embozo, moviéndose agitados, intentando espantar los malos sueños que zumban por encima de la cama que no compartes. ¿Ves?, no están ahora a tu lado. Gírate y dormirás más tranquilo esta noche.

Supongamos que nunca antes la imaginaste paseando insomne por ningún pasillo y que no sabes a qué le huele a ella el cloroformo.Supongamos que al no verla los ojos no adivinas la fuerza que hace para mantener abiertas las pupilas y supongamos también, que nunca la escuchaste gritar con la cabeza fuera de la ventanilla de su tren con destino a lo remoto. Sin sus gritos desconocidos, sin ruidos que te perturben, dormirás más tranquilo esta noche.

Supongamos que no conoces sus noches frías y nevadas y que no consigues imaginar la sensación que le produce intentar dormir con un cangrejo caminando sobre su cara. Es tan absurdo…; aunque ella te lo cuente, perfectamente, al detalle, supongamos que no consigues entenderlo. Supongamos que no imaginas el dolor de sus párpados intentando leer cada noche bajo una débil luz crepuscular esperando un incierto amanecer. Anda, tranquilo, apaga la luz, dormirás mejor esta noche.

Pero supongamos que sí la conoces, por que es tu hermana, tu madre o tu pareja. Supongamos.



miércoles, 12 de febrero de 2014

La Noche del Once (y 2)



Mientras comenzaba a despejarme con el agua que dejaba resbalar desde la cuenca de mi mano por mi cuello,  advertí las enmarañadas inscripciones que decoraban las paredes de  aquel aseo como eslóganes, inevitables y básicos. Así, se podía leer que la gente podía vivir o morir según el criterio de la cruz que se sobreponía sobre el deseo del anterior publicista.  La palabra MUERA,  se sobrescribía sobre la madre deyectada del escriba previo, en un árbol genealógico de insultos, coronando con un falo, como la cúpula de un edificio apuntalado con andamios de exabruptos.

Dos o tres madres salían a relucir; un número de teléfono que invitaba solícito a una cama, un sillón o una sodomía en un garaje. Un cúmulo de censuras, en forma de rayajos sobre dos adverbios de tiempo: todavía y siempre. Seis adjetivos calificativos tras de seis nombres propios. Cuatro futbolistas encumbrados y al cabo de un tachón re-cagados. Una línea sin sentido, cayendo por la pared junto a la puerta, borracha y babosa; quizás quiso ser un pensamiento fracasado. Avisos importantes de alguna felación, marcos orlados sobre una pegatina de una isla con más de una palmera, con la súplica de una leyenda sosteniéndola:  LLÉVAME AQUÍ. 

Atributos masculinos dispuestos a luchar contra grotescos, cínicos, frívolos y esquemáticos sexos femeninos. Combinaciones, tormentos, azañas, insultos y mortificaciones. Ironías brillantes y clásicos fuegos de artificio sado-masoquistas. Primeras, segundas y terceras personas en diferentes posturas y tiempos verbales. 

Y en medio de aquel caos de inscripciones descubrí la cadena colgada de una cisterna de la que yo me empeñé en tirar violentamente ,para hacerlo tragar todo y que finalmente quedó colgada de mi mano en un estúpido gesto pendular. Pensé entonces que ya había visto demasiado, que ya sabía demasiado.


De fondo escuchaba la música de Sinatra que me invitaba a buscar el nacimiento de las nuevas almas que ya se adivinaban en el tibio amanecer de Madrid, más allá de  los cuatro escalones que precedían, ahora desde dentro, la puerta entreabierta de La Noche del Once. Era hora pues, de partir de aquel limbo hacia el cielo.


martes, 11 de febrero de 2014

La Noche del Once (1)


Si decides tomarle prestadas al día las horas en las que se baldean las aceras,  y se oyen los sonidos de botellas rotas en el callejón (lo más parecido a una sinfonía que se adelanta al grito o al insulto, en solo un par de compases) descubrirás que no hay ningún reloj en la ciudad que te avise de que apenas ya le quedan unos minutos  a la madrugada. A esas horas de la noche cualquier distraído taciturno que pasee solo por Madrid, no es más que un sucio perro callejero, meneando con un caminar distraído los cuartos traseros, perdido en busca de un hogar. Casi todos estamos entrenados para encontrarlo, yo también…,más o menos.

Antes de que me sorprendiera el día, mientras decidía encontrar mi sitio en cualquier sábana que quisiera acogerme -lo más probable solo, con algo de fortuna mal acompañado-  realizaba una parada en alguno de los antros reservados  a gastados aristócratas, artistas fracasados y lánguidas muchachas. A mí me gustaba hacerlo en La Noche del Once, una cueva que ofrecía sus verjas metálicas recogidas a cada lado de la puerta, como dos porteros inertes y los rótulos del número once, brillando sobre la fachada,  nítidos como dos navajas nuevas.

Al otro lado de la barra siempre  había una rubia, complaciente y alcohólica,  dejando caer su pierna desde el borde del taburete que la alzaba como en un pedestal, simulando una nostálgica estatua griega a la que se le supone el recuerdo de una belleza mítica. Nariz partida, un brazo olvidado sobre la barra , el otro sujetando una copa de forma indiferente, y un pie lánguido, que solo rozaba el suelo, olvidándose de la dueña a la que pertenecía;  mientras, un pitillo desmesuradamente largo se dejaba quemar sobre un cenicero de hojalata.

Eran otros tiempos, cuando el humo y la soledad luchaban por ocupar el mismo espacio del aire de los clubs nocturnos.

Una noche, como cualquier otra,  decidí asumir el reto que suponía descender los cuatro peldaños del local, para que la dignidad y mis zapatos llegasen al mismo tiempo al suelo de un parqué sucio y desgastado. Aquellos escalones estaban dispuestos de forma traicionera, nada más atravesar el umbral, que desde la calle  daba a un ambiente oscuro y humeante; el mismo portal que parecía conducirte al centro del limbo,  el mundo entre los vivos y los muertos, donde se venían a encontrar algunas almas errantes en busca de un suave cielo o, por lo menos, un infierno lo más acogedor posible.

El local estaba francamente vacío. Dos tipos se vendían mutuamente el gesto de un continuo movimiento de brazos, una extraña coreografía que yo no conseguía interpretar, como deshaciéndose mutuamente del escaso aura que les rodeaba la cabeza, espantándose las moscas que debían zumbarles a los dos por delante de los ojos, borrándose el uno al otro la luz que se vertía sobre ellos desde unos amarillos focos del techo, cediéndose al balbucear ideas borrascosas que se evaporaban en el aire como el aliento de whisky que salía de sus bocas.

Un anciano camarero servía indulgente dos copas a una pareja, él de blanca pelambrera y ella en un continuo mover negativo de cabeza, mientras le susurraba algo a la yugular de un cuello que yo adivinaba empalagosamente perfumado. Quizás solicitaba de ella una confesión secreta, quizás…

Un individuo triste sobre un taburete solitario tenía la vista perdida buscando asirse en la mirada que Cooper le rechazaba. A farewell to arms era el título perfecto para una vida que en su rostro hacía años que ya se había despedido. Ningún arma que dejar, sólo un alma desperdigada por la barra como metralla sucia, imposible ya de recoger y pegar.

Otro cliente, de mediana edad y elegantemente vestido quería hablarle a alguien y supongo que al pasar yo a su lado quiso arrastrar hacia mí sus palabras. Nunca suelo alternar con un borracho y bastaba mirar a los ojos de aquel hombre para darse cuenta de que lo estaba,  como una cuba. Por simpático que le parezcas y por distendida que sea la conversación con un borracho, siempre es posible que se tuerza la opinión que tiene sobre ti y te termine saltando un par de dientes. Pero aquel marginado esa noche se había empeñado en contarme lo fríos que resultan los besos que tomas prestados de unos labios desapasionados, capaces de helar, en una noche de invierno,  la saliva en cualquier boca y  un par de jubilosos recuerdos en el alma; y hablando, finalmente, aquel miserable se quedó dormido sobre mi hombro. Su cabeza pesaba como un saco de piedras. Supongo que se encontraba a gusto en mi regazo, era el borracho más educado que jamás había conocido.

No sé si el aliento de aquel hombre, o la música de Mingus, terminó también por emborracharme, así que decidí dirigirme hacia el aseo. Resulta curioso que fuera el único sitio de aquel antro que conseguía distinguir a hombres de mujeres, representados por sendos retratos de Miles Davis y la Fitzgerald, aunque apenas se adivinaban con la mortecina luz que caía desde un falso techo desconchado. En cualquier caso, no hubiese importado elegir cualquiera de los dos para entrar, ninguno invitaba especialmente a cantar Summertime en su interior.