Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 30 de enero de 2014

No vengo a dar un discurso


Nota preliminar:

Queridos amigos, Gracias.
Ha sido inolvidable, será inolvidable.

Puedo asegurar que jamás en mi vida estuve más concentrado. Una extraña sensación de estar controlando hasta las preposiciones que usaba al hablar. Llevaba algunas ideas, algunas anotaciones mentales, pero fue tanta la emoción que  me envolvía, que recuerdo cada palabra que dije, y así, más o menos literalmente, os transcribo lo que no quiso ser un discurso, sino una especie de desnudo del alma que hice en este espacio mágico.

Gracias a la Librería Rafael Alberti. Gracias a Satur y a Charles por su palabras, y gracias a todos y cada uno de los que pudisteis venir y gracias a los que quisisteis pero no pudisteis hacerlo. Os sentí igualmente cerca.

Dije algo así:

"¿Qué hago yo encaramado en esta percha de honor, yo que siempre he considerado los discursos como el más terrorífico de los compromisos humanos?".Hago mías las palabras de Gabriel García Márquez que se recogen en su libro Yo no vengo a decir un discurso. Así son los sentimientos con los que quizás se acercaba Gabo hasta el atril cuando debía pronunciar un discurso o una alocución en público, y así me siento yo en estos momentos.

Cuando a lo largo de esta última semana mucha gente se ha acercado a mí para preguntarme: ¿estás nervioso? y yo les he contestado que sí, que efectivamente estaba muy nervioso, se extrañaban. ¿Pero si estás muy acostumbrado a hablar en público?. Si, les contestaba, efectivamente lo estoy, pero se da la circunstancia de que normalmente, cuando hablo en público, lo hago para hablar de lo que les sucede a otros, no  de lo que me ocurre a mi.  

Y he de decir que en estos momentos me siento absolutamente abrumado. Abrumado por lo que escucho, abrumado por la cantidad de gente que hoy me acompaña y abrumado por estar aquí, en este rincón, en esta cueva.

Ahora, este lugar se me antoja como una cueva que reúne a un gran clan del oso cavernario que, sentado alrededor del fuego, escucha las historias y los cuentos que les viene a contar, en este caso, un chaman.

Es este sitio, como así lo comparó Angel Gabilondo en la última presentación de su libro, un vientre materno, dónde todo parece que pueda ser gestado, donde todo parece que pueda ser posible.

En la poesía, como en la biología, todo lo vital surge del interior. Lo más noble nace de lo recóndito, lo pacífico y oscuro. Y como la poesía para el espíritu, en biología la poesía celular nace de la zona más medular de nuestro organismo. Y estas células sanguíneas, como los libros, pasan al torrente circulatorio para proporcionarnos la vida. Y como las células en biología, los libros, una vez creados pueden ser donados a otros y, así de esta forma, un libro deja de ser del que lo crea para pasar a ser definitivamente de los otros.

En este lugar se advierte con claridad el misterio, «la causa que convierte cualquier cosa que consideremos, de no-ser a ser».

Cada vez que me siento a escribir, cada vez que pretendo hacer poesía o narración me someto a una anamnesis personal que elaboro a partir de los principios dados por Hipócrates. Cada vez que me siento a escribir me pregunto:¿Qué me pasa?, ¿desde cuándo?, y ¿a qué lo atribuyo?.

Una anamnesis personal. Un cuestionamiento que, como decía Lain Entralgo, uno ha de hacerse no de forma constante, pero sí con una periodicidad razonable, porque quien no se cuestiona a sí mismo, quien no tiene el valor de enfrentarse a esta anamnesis personal, está condenado a no entenderse y por ende a no entender nada de lo que le rodea. Entonces, de esta forma, vivirá en una duda permanente por todo lo que le rodea y estará constantemente preguntándose pero…¿qué está pasando?

Salgo por las noches a la orilla de cualquier playa en busca de conchas. A veces vengo vacío, a veces vengo cargado de respuestas sobre mí mismo. Pero siempre he pensado que la literatura no nació para dar respuestas, al menos yo no me siento cualificado, no tengo la más mínima autoridad para darlas. Esta tarea de dar respuestas constituye la finalidad específica de la ciencia o de la filosofía.

Cuando yo escribo no lo hago por voluntad. No me mueven las obsesiones de otros poetas: la vida, la muerte, el amor y el desamor, el tiempo…Cuando yo escribo lo hago más bien para hacer preguntas, para inquietar, para llamar a las puertas de la inteligencia y la sensibilidad. Este hermoso lío que es la literatura y la poesía en particular, no debe hacer más que sugerir, dejar al lector en libertad. Que haga propia él la metafísica. Debe ser una herramienta para saber buscar.

Y antes de que me preguntéis qué quiere decir tal o cual poema, tal o cual relato, tal o cual cuento que escribo, dejadme que os diga lo que Buñuel solía decir: Bueno… no recuerdo si fue él o Lezama Lima, que cuando le pedían que explicase alguna de sus metáforas… decía: “Bueno, lo que quería yo decir es exactamente lo que tú entendiste”


No sé cuánto de largo será este recorrido pero sé que la escritura es para mi una necesidad. La pasión. Y me siento muy bien al hacerlo.


Y ahora…permitidme que os lea un poema… 


jueves, 23 de enero de 2014

Génesis, de Sebastião Salgado.


"La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.  Dijo Dios: "Haya luz", y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad."

Conviene recordar este pasaje porque a menudo olvidamos que Dios hizo en primer lugar la Luz, antes que los colores.

Hacer una aproximación  a la exposición “Génesis”, de Sebastião Salgado, obliga a lanzar una visión poética de esta oda visual del Mundo en blanco y negro. El autor no precisa de colores porque son tan bestiales los matices del blanco al negro absoluto que el color se arrodilla ante la forma.

No sé si sería sensato otorgar a esta exposición la categoría de Catedral de la fotografía o decir que su autor se expresa, a través de sus imágenes, como el Velázquez del siglo XXI. No sé si he disfrutado de una sinfonía Bethoveniana materializada en gigantescos formatos o si es que simplemente el Fotógrafo ha sido capaz de captar admirablemente la esencia de la asombrosa complejidad del planeta.

Al terminar el paseo entiendo nuestra endeblez deprimente comparada con la robustez de la Vida; y es que la conclusión a la que he llegado al finalizar este recorrido a través de miles y miles de kilómetros fotográficos es que este planeta no puede ser una suerte de afortunados acontecimientos atómicos y una azarosa existencia inmemorial a través de una línea evolutiva selecta, sino el resultado de un auténtico milagro.


Acudid si podéis, Pendejos, permanecerá abierta en MAdrid, Caixa Forum hasta el 4 de Mayo.


martes, 21 de enero de 2014

Sin mapas



El peligro de la nostalgia
regalada a cualquiera,
al primero que diga saber
hacer uso de ella,
es dejar que la contamine
el cansancio de lo imposible.

Yo mismo puedo tolerar
el susurro que ofrece el recuerdo 
o la tímida esperanza que se vierte
desde un inverosímil despropósito;
pero siento pavor de la ausencia
que todo lo enmohece,
que impide lo inaudito.

Descubrir que nada hay más comprensible
que el silencio cómplice
mudándose constantemente en otras cosas:
el eco de un pasado torbellino,
el sordo rumor de un mar inalcanzado,
la sospecha de un simple rozar.

La ausencia sin embargo,
es un tambor con la membrana desgarrada,
un velo ajironado expuesto al sol,
una tierra con la piel resquebrajada,
sin las lágrimas comunes que la rieguen.

Y no hay más remedio que vivir
en esta casa de luces apagadas,
de espejos cubiertos,
sin prometedores despertares,
sin invocaciones,
oyendo al pasado preguntar
a dónde se nos fue la tímida nostalgia.




miércoles, 15 de enero de 2014

Una lectura compartida




ADVERTENCIA A LOS HOMBRES QUE LEAN ESTE LIBRO PARA NIÑOS


Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién!...para quien escribimos los poetas líricos…Ahora que va a los niños, no le quito ni pongo una coma. ¡Qué bien!


“Dondequiera que haya niños –dice Novalis-, existe una edad de oro.” Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nuca.


¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo, y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer!



EL POETA
Madrid, 1914.



Nota Blogscriptum:


Celebramos el centenario de la primera edición del segundo libro que, tras El Quijote, se ha traducido a más lenguas y más se ha vendido de entre todos los de la historia de la literatura española. Sorprendente, ¿no?



Guardo como oro en paño una edición de Platero y yo de 1936, que no sé porqué extraños vericuetos, llegó a mi estantería y que anoche, para celebrar su aniversario, decidimos leerlo (y grabarnos), primero mi pequeño ayudante para esta entrada y después el que firma este blog, bien entrada la noche.


A mi me ha encantado como suena…¡gracias P.!


Espero vuestros comentarios: ¿os gusta?

martes, 14 de enero de 2014

Invitación a la presentación


Queridos Pendejos:

Os escribo hoy muy emocionado porque el próximo día 28 de enero a las 19:30 nos podremos encontrar, si queréis, en la Librería Rafael Alberti, donde voy a presentar mi primer libro "Lo que queda del día"

Situada en el centro de Madrid, calle Tutor número 57, en el barrio de Arguelles, la librería Rafael Alberti comenzó su actividad en el mes de Noviembre de 1975. Desde entonces se ha convertido en una de las librerías de referencia en Madrid.

En el año 2005 fué galardonada por el Ministerio de Cultura y la CEGAL con el V Premio Librero Cultural por su proyecto "Encuentros en Alberti", con el que ha conseguido convertir el espacio de la librería en uno de los referentes culturales en Madrid. 

Muchos han sido los poetas, escritores, editores, que han dejado palabras y experiencia en las paredes de Alberti, por dar algunos nombres: Jose Luis Sampedro, Jose Antonio Muñoz Rojas, Angel González, Francisco Brines, Ernesto Cardenal, Bernardo Atxaga, Joan Margarit, Juan José Millás, Elvira Lindo, Luis García Montero, Luis Muñoz, Ida Vitale, Juan Cruz... y así hasta más de 200 creadores literariores y ensayistas.

Los editores independientes madrileños, concedieron el Premio Bibliodiversidad en año 2004 a la librería Rafael Alberti por la variedad y riqueza de su fondo editorial (más 20.000 títulos).

Me resulta  increíble, un sueño, un honor, poder estar en ese espacio que es alucinante. Se puede sentir la magia proyectada desde sus paredes y a través de sus libros hasta el visitante que acude, como en la imagen, a encontrar y encontrarse.

Cuánto daría por conocer ese día a los Pendejos anónimos que me leen. Cuánto me gustaría abrazar a los que os concozco. Cuánto os debo.

Gracias, mil.

domingo, 12 de enero de 2014

Tres segundos



El despacho del Señor Bienvenido  continuamente destilaba el olor de la disconformidad. Al salir de él, quedaba sobre el cenicero, cada noche, una docena de cigarrillos derrotados, a medio fumar; y el último, encendido todavía, humeaba hacia el techo -librado de ansiosas bocanadas- sus tímidos propósitos, concentrando sensualmente las luces de la calle que, coladas por la ventana, proyectaban intermitentemente sombras chinescas contra la pared amarilleada. Siempre que terminaba su trabajo hacía un buen rato que había dado ya la medianoche.


El Señor Bienvenido al marcharse inclinaba el sombrero igual que escoraba la cabeza, cuando no daba su aprobación al artículo que cualquiera de sus redactores le pasaba antes de enviarlo a la rotativa. A esas horas la umbría formada bajo las alas enfriaba su vista hasta nublarla. Había alcanzado cierta habilidad para calárselo de medio lado y subirse los cuellos del gabán al mismo tiempo. Los rituales exactos de la despedida. Y al irse, como cada jornada el último de todos, cerraba la puerta de cristal con doble vuelta de llave, para después claquetear sus suelas reforzadas hacia la salida del edificio de El Informador.


Mauricio Oliveira había comenzado a trabajar para el periódico hacía varios años. Escondía sus ojos detrás de los cristales pequeños de unas gafas de pasta redondas y sentado al fondo de la redacción ocupaba calladamente su tiempo en redactar las necrológicas, las efemérides y esas noticias que a nadie le importan, que piden prestado su espacio, esquinadas en las hojas del diario y que estaba autorizado a firmar únicamente como M.O. Para todos pasaban desapercibidas sus distracciones, de apenas tres segundos, varias veces al día. Durante esos instantes, esos fogonazos de desconexión, gozaba de una vida paralela que duraba mucho más tiempo, hasta varios años en ocasiones, disfrutando de obras de teatro con el firmamento como techo; de baños de sol tibio, del que no quema, junto al mar; y casi en cada ensoñación se sonreía al sentir bajo su palma la superficie de mármol frío y suave de una mesa, dispuesta de forma distraída bajo una parra, donde poder escribir a mano algún libro de cuentos sencillos y poder jugar partidas de damas, solo y sin temor al adversario.


Fabián Odess se señoreaba paseando entre las mesas de la redacción –especialmente por delante de la de Mauricio Oliveira - con un aura, en torno a su cabeza, de éxito y autosatisfacción.  Su columna diaria, firmada con nombre y apellido completos, era siempre como una piedra, simple, redonda, pero eficaz. Recibía invariable la aprobación del Señor Bienvenido con un discreto cerrar de sus párpados. Alababa el peso de las palabras ordenadas sobriamente, sin sobrar ni una de ellas, para completar un muro de categórica rotundidad, carente de cualquier poesía. El informador llegaba directo a la noticia, ese era el espíritu del Señor Bienvenido. Cualquier otro intento literario era cercenado con una sutil inclinación de la cabeza y entonces, el folio descartado caía en las tripas de un cajón - el tercero de la derecha de la mesa del Señor Bienvenido- que se abría solo para tragárselos y del que nunca había conseguido fugarse alguno para ver la luz del día en el kiosco de prensa del parque, aquel que recibía la primera edición de la mañana.


Eso lo sabía bien M.O. que había visto tragar al cajón decenas de veces los suyos.

-Mauricio, abusa Vd. de los adjetivos como yo del tabaco. Los aparea en su texto como insectos.


Y de nuevo el folio era devorado por aquel cajón.
Mauricio Oliveira regresaba a su efeméride, mientras escuchaba la declaración de intenciones del Sr. Bienvenido, que se concretaba en el retumbar del cristal de la puerta vibrando sobre su marco y mientras notaba también, amarga en la boca, su dignidad, vestida de niño, zaherida por la mirada de Fabián Odess.


Una tarde de primavera, de nubes con destellos de sal y hierba  húmeda como terciopelo verde, después de su enésimo texto rechazado, Mauricio decidió asomarse a la ventana más próxima a su mesa, después de firmar, con nombre completo, su necrológica diaria. Sacó la cabeza por ella hasta poder notar la brisa malva de aquel crepúsculo, que no traía ningún otro olor excepto el de algún imaginado labio rojo femenino. Entonces el teléfono de su mesa comenzó a sonar y lo estuvo escuchando durante tres segundos durante los cuales Mauricio dudo en descolgar.

-¿Si?
-Señor Bienvenido al aparato. Creí que ya no estaba en la oficina.
-Si Señor, le escucho.
-Muchacho lo que hoy me trajiste…lo volví a leer. Creo que es magnífico. Es más, creo que es insuperable.
-Gracias Señor.
-Mauricio, creo que tu trabajo no ha sido correctamente valorado y ocupará, a partir de hoy mismo, la columna diaria de Fabián.
-Pero Señor, ¿él?, quiero decir ¿Fabián?
-Ya veremos Mauricio, ya veremos…


Y la llamada se cortó con el sonido de un golpe violento, como el que hace un grueso libro al caer desde una alta estantería.


Los funcionarios del ayuntamiento levantaron el cuerpo reventado sobre la acera, una vez el juez de guardia dio su conformidad. Sobre la mesa de Mauricio Oliveira quedaba una máquina de escribir, unas gafas de pasta redondas y una última necrológica firmada con nombre completo.


“16 de marzo de 1947, hay una rosa que espera su rocío y un gallo que no cantará ningún amanecer que no interese; hay un barco que danza sobre la línea del horizonte y un solo perro, amo de sí mismo;  hay unas cadenas de abrazos como eslabones y un lago lleno de peces transparentes; hay un periodista menos hoy en la ciudad y un poeta más.”


Fue un placer, servidor de Vds. Mauricio Oliveira.

Nota Blogscriptum:
El apellido del protagonista ha sido intencionadamente escogido en homenaje a Julio Cortazar.

Francesco Tristano | J.S. Bach: Partita No. 1 in B flat major BWV 825 - Allemande | A Take Away Show from La Blogotheque on Vimeo.

jueves, 9 de enero de 2014

Casas como cuentos


Esta foto se hizo en la avenida Prestes Maia, que toma prestado el nombre del famoso arquitecto brasileño que diseñó el edificio fotografiado. El autor es Julio Bittencourt, que trabajó de 2006 a 2008, obteniendo una imagen por cada ventana. 

Este edificio fue ilegalmente ocupado por un grupo social llamado Movimiento de los Sin Techo del Centro, que a día de hoy sigue existiendo en Sao Paulo. En aquel momento fue la segunda mayor ocupación vertical del mundo, superada únicamente por otro edificio aún mayor en Johannesburgo. En el Prestes Maia vivían alrededor de 500 familias, repartidas entre dos bloques de 22 y 9 pisos cada uno.

Este proyecto fotográfico de retratos nos enseña el sueño que no vemos, el que ni siquiera alcanzamos a imaginar. En cada uno se concentra la mirada negra de esas extrañas violetas (Virgilio dixit). La bilis, esa amarga salsa con la que digerir la vida, adereza la imagen y la hace incómodamente bella. Entonces cada fotograma  se vuelve de una perfecta esfericidad y encierra un cuento en sí misma. Me refiero a los cuentos no infantiles, los que no son dulces. Son los cuentos paridos de la cruda realidad. Cada ventana se cierra en una forma geométrica que engloba los cuentos de los habitantes que se asoman a ellas. En la sombra que ocultan, o en el aura que resplandece en torno al cerco, se adivina una historia diferente para cada personaje. Como cualquier cuento invita a la imaginación del espectador, a recoger y enriquecer la fotografía. La marginalidad clasificada en un orden arquitectónico y caótico que proyecta el edificio.



Vía www.quesabesde.com