Manual de instrucciones de blogscriptum

domingo, 24 de noviembre de 2013

El tiempo largo del Caffé Del Tasso

Foto de Angela Bacon - Kidwell

A menudo pienso que mi obsesión por el tiempo está provocada por mi trabajo. Veo pasar demasiado rápido los días en la enfermedad y en el que la sufre. Veo el desgaste. Intuyo el pronóstico. Supongo lo que va a ocurrir . Me exaspera la recalcitrante sensación de derrota anticipada. Una lucha injusta contra el poder corrosivo e inmisericorde del trascurrir de los días.

Del mismo modo que conozco mi repetitiva costumbre por hablar del tiempo, me obsesiona la fragilidad de la memoria. Será por la angustiosa advertencia que se alza tras de mí, con voz potente, desde la garganta de mis antecedentes familiares. Cuando no te queda la memoria, no te queda nada, sólo el simple transcurrir de los días, el pasado asumido como un mero trámite inevitable hacia la incertidumbre. Si no sabes de dónde vienes, ¿qué importa hacia dónde te diriges?

Entonces te sientas en el asiento del vagón y queda la mirada vacía, lanzada a través de una luna empañada, en un tren que convierte la vida -con su traquetear- en un cine móvil. La película de formas borrosas, las figuras que pasan veloces, las filas de árboles desvirtuados a cada lado de la vía. Las referencias se alejan entonces como esos árboles, y las fotografías de la vida no son más que unas estampas cualquiera. Terminas pasando las páginas del álbum en blanco y negro que no son mas que trozos de vida que conforman un relato incomprensible.


Por eso hoy me he levantado y he descolgado el reloj de la pared de mi despacho y lo he mandado al relojero junto con mi reloj de pulsera, para que los truque e invierta sus mecanismos, por que ahora que aún puedo hacerlo, recuerdo que en el Caffé Del Tasso, en Bérgamo, el tiempo no sólo no se ha detenido, como en tantos cafés y restaurantes italianos, sino que corre al revés. Es un viejo café, con aire de medio abandonado, vencido y olvidado en una esquina. Allí he visto pasar las horas, la gente, los pájaros que llegan y se van de la Piazza Vecchia y recuerdo también estar sentado, bebiendo vino, sintiendo los minutos pasar para atrás, admirando el movimiento de las agujas del reloj andando al revés: tac – tic, tac – tic.

9 comentarios:

  1. No estoy muy segura de si me gustaria que el reloj diera marcha atras al tiempo...prefiero que siga adelante y probar suerte. A ver que carga genética me toco en suerte...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, realmente lo mio de esta entrada es pura poesía. No me preocupa un carajo mi carga genética.

      Eliminar
  2. No importa que el tiempo vaya hacia adelante o hacia atras, lo que importa es que seas consciente que lo estas viviendo, que lo estas sintiendo, que quede grabado en tu cuerpo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. tengo la extraña sensación que los últimos 22 años de mi vida han pasado a toda leche. Caramba, espero frenar.

      Eliminar
  3. Te recomiendo una lectura infantil "Erase dos veces el Baron Lamberto".
    Tu precisamente que hablas de no tener miedo al miedo, no adelantes acontecimientos, vive sin más, disfruta sin más. Cuando vengan pensamientos tristes intenta decirte y repetirte: "ya pasará, todo pasa y al final queda atrás" Y cuando vivas situaciones que te hagan sentir bien, para un momento, cierra los ojos e intenta recordar la sensación, el olor, la temperatura, el tacto y todo lo que envuelve ese momento, para cargar las pilas del alma.
    En definitiva vive y ve viviendo a medida quelas cosas lleguen, decide el camino y asume lo que llegue, no te adelantes o tropezarás.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buscaré a Lamberto. Me gustan los barones.un título elegante, leñe.
      Besos.

      Eliminar
  4. ¡Gracias Enrique!

    Os regalo este poema de Rafael Juárez, de su libro Lo que vale una vida, editado por Pre Textos.

    El otoño en María de la Miel

    Celebremos,amigos,
    que el otoño se acerca
    con su vara de viento
    y su barba canela.
    ¿Qué mas puede querer
    el hombre que una hoguera
    mientras su jardincillo
    cruje y amarillea?

    Celebremos, amigos,
    que el otoño comienza
    y aclaremos con vino
    las esperanzas nuevas,
    los afanes de siempre:
    mirar la lluvia fuera,
    sentir la niebla dentro,
    querer y que nos quieran.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre enriqueces el blog con tus entradas. Deberías sacar más tiempo para colgarnos más cosas. Un fuerte abrazo Satur. Grande Angel Gabilondo, muy grande ¿verdad?

      Eliminar

Eres libre...¿Quieres decir algo?