Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 11 de junio de 2013

Cartas perdidas.


Foto de Angela Bacon - Kidwell


La Real Renta de Correos y Postas, conocida actualmente como Correos, ha iniciado un nuevo proyecto para el que ha pedido la colaboración de algunos Blogs (seleccionados, eso sí). Desde hace décadas, la compañía guarda en sus archivos millares de cartas que, por defecto de forma o deterioro de la dirección a la que eran enviadas, no han podido ser entregadas a su destinatario. Se trata de hacerlas públicas y buscar su remitente o destinatario.

Si alguien se viese reflejado en cualquiera de las dos condiciones, a través de estos mismos Blogs y reservando su privacidad, puede decírnoslo. Será un placer ayudarle.

Muchas de estas cartas son enormemente interesantes y me han permitido seleccionar alguna. Intentaré contribuir en la medida de mis posibilidades, a esta bonita idea difusora.

Os dejo la primera carta hoy. Evidentemente, no va firmada.

¿Alguien se reconoce en ella?


Estimado Señor:

Hace un impreciso, vago y lánguido número de semanas que sé que me ve mirarle. Lo hago de forma insegura y tímida. La misma timidez que me lleva tan lejos como a sentir pudor por el simple hecho de existir a su lado. Y como percibo que se ha dado cuenta de ello, estoy segura que le ha resultado extraño que mi mirada no le diga nada.

Usted, siempre atento a todo, espera que cada mirada tenga un significado concreto –tristeza, pasión, odio, deseo- siempre le percibo intentado descubrir el esbozo del mensaje en cada pupila, por eso ha intentado escrutar mis posibles intenciones y creo que usted sabe que yo sé que ha encontrado en mí un ánfora vacía y ha preferido pensar que soy sólo de esa clase de locas que busca sueños de amante carnal, superflua y perturbada, una simple vasija de poco fondo, un vaso vacío de eco corto.

Yo Señor mío, no soy ninguna de esas cosas. Ni decididamente loca, ni alejadamente amante, ni artista, ni perturbadora, acaso enamorada de su apariencia y de la forma en que todo se manifiesta en rededor suyo.

Mi querido Señor, no sé dónde le he visto antes que ahora. No recuerdo si fue en un bosque, en el mar o el campo, si le escuché caminar por entre los árboles o encima de la hierba de mi cuerpo. Tengo el recuerdo exacto de no saber dónde le he visto antes, ni cuándo, ni si realmente ha sucedido, porque puede ser que realmente nunca antes le haya visto en alguna parte, o en todas, no lo sé, pero sé que cuando eso sucedió –o no- fue el momento más pacífico de toda mi vida y por ello siento sosiego cuando le veo y descubro en su silueta el gran campo claro de mi alma.

Espero ansiosamente su respuesta.


9 comentarios:

  1. Me parece una buena manera de que esos sentimientos hechos letras no se pierdan. Siempre jugando con nosotros, me gusta así nos mantienes atentos. No me siento identificada con ella, nunca me atrevería a escribir una carta a una persona admirada, me callaría y seguiría mirando o admirando.

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    1. ¿Nunca escribiste una carta para luego no enviarla? ¿Nunca inventaste un poema que rompiste?¿Nunca hiciste un dibujo que rompiste en mil pedazos?
      Escribe, inventa, dibuja...sueña.

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  2. Yo si lo haría ! Me encanta su atrevimiento. Por qué callar aquello que le explota dentro? Que pena que no le llegara la carta al susodicho. Quien sabe, quizá después de esta, un día se atrevió a susurrarselo al oido....

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    1. Las cartas que no llegan nunca consumen nada. No lo creo. Reniego de un amor sin manual de instrucciones. Una carta es un "paso uno: escríbale".

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  3. Creo, pdpz, que yo también me atrevería... probablemente con la inestimable ayuda de una copa de buen vino...
    Me encantaría haber sido la autora de esta carta concreta...
    Que yo recuerde, sólo en una ocasión fui capaz de escribir una larga carta que llevaba entre sus lineas un espíritu muy parecido al de ésta que hoy nos regalas, Blogscriptum. Y ni siquiera necesité el apoyo de la copa de vino... ¡me bastó el impulso de un corazón de quince años!
    ¡Nunca he conseguido que su destinatario, que sé que aún la conserva, me permita tener una copia...!
    Y ¡cómo me gustaría recobrar, aunque sólo fuera por un instante, aquel sentimiento de los quince años!
    MJ

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    1. ¿La mandaste? Eso está bien. Nunca hay que arrepentirse de esos actos. Nunca tuvo la culpa el corazón. Nunca un corazón de 15 años.

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    2. La entregué en mano... ¡Y cara a cara!
      Nunca me he arrepentido...
      Y su destinatario, treinta y tantos años después, sigue siendo mi mejor amigo... ¡pero no me deja tener una copia!
      Y nunca fue el amor que yo quería... ¡Pero ha sido muchísimo más que eso durante todos estos años!
      MJ

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  4. Pués, yo sí he hecho algo similar,y sé que le llegó al destinatario, y es más, tuve la oportunidad de hablarlo con él. Solo hay una pequeña diferencia, no lo hice cuando el sentimiento era mas intenso, escribí la carta (o correo electrónico, en este caso), tiempo después y no fue anónimo, fue una confesión a cara descubierta. Me gustó hacerlo y el resultado (y me atrevo a decir que a él también le gustó). Creo que puedo decir que he transformado un amor platónico en un amigo. Es un buen cambio, creo.....
    Mi única duda es saber qué habría pasado si hubiese confesado antes.
    K

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    1. Estoy seguro de que le gustó porque esas cosas siempre gustan. Al cabo del tiempo quizás la relea ocasionalmente. Una copa de vino que adquiere un gusto generoso, abierto, oxigenado, que invita a una sonrisa complaciente y nostálgica. Nunca melancólica.
      La amistad es un gran Quizás...más que un quizás (adviértase la mayúscula)

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