Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 16 de mayo de 2013

Semilla negra

Foto de Angela Bacon - Kidwell


El Hotel era una destartalada casa de madera que, suspendida sobre la bahía, se mantenía en pie orgullosa, dominándola. Se veía desde todo el barrio de Suminoe, marcando el final del canal del río Kinokawa donde comenzaba, ancho y negro, a abrirse el estuario.

Era una especie de pagoda ruinosa, soportada por gruesos pilotes de madera. Su fachada sucia, habría sido pintada alguna vez, en un tiempo lejano, de un rojo nacarado pero desde entonces ya nunca volvió a serlo. Había adquirido un misterioso y sombrío colorido, diríase casi invisible, anunciando su desahucio y caída, a no ser por el gran almacén de pescado y la fundición, ahora abandonada, que la soportaban. Parecían tres viejos marinos borrachos, inclinados y apoyados los unos sobre los otros, perdidos en un tiempo que ya no les correspondía vivir, andando zigzagueantes  por el borde del embarcadero, riéndose del sol  -que se ponía tras la isla de Awaji -  y de sí mismos.

En algún tiempo este oscuro y sucio desierto de la ciudad, este edificio desastroso, había sido un adornado palacio del amor donde decenas de chicas, reclutadas a punta de fusil, regalaban a los heroicos guerreros de su majestad imperial, el placer de su cuerpo secuestrado violentamente.

Sakura había ejercido las labores de madame del Hotel –rígida, humillante, cruelmente-  al que, obligadas, llegaban para ejercer la prostitución decenas de jóvenes, algunas niñas, desde el continente. El capitán Mizuki Arihyoshi, un violento soldado imperial, proporcionaba a Sakura  las chicas que precisaba para mantener el negocio, participaba con ella de las ganancias y sugería a sus muchachos que volvían a Osaka a descansar de la gran guerra –tediosamente larga y ya incomprensible, hasta para la naturaleza servil y fanática de esos chavales- gastar el dinero obtenido de la paga en aquellas pequeñas esclavas.

Pero la guerra terminó después de aquel estallido y esa enorme nube en forma de hongo, sobrevenida diabólicamente del suelo hacia el cielo.  Aquella explosión pasó como la guadaña su hoja por y sobre la tierra y acabó para siempre y de un solo silbido penetrante con el negocio de Sakura y de Mizuki. Sin clientes a los que dar servicio el Hotel se vino abajo y los dos fueron malviviendo durante años de algún marinero borracho y de todo lo que pudieron ir malvendiendo de aquel lujoso hotel.

Al cabo de los años, como los dos únicos habitantes de aquella casa Hotel, Sakura y Mizuki llegaron a la necesidad de trapichear entre la basura el uno y la venta de su propio cuerpo la otra, durante unos meses, hasta que Sakura entre lágrimas negras pudo confirmar al capitán que a partir de la próxima primavera deberían cuidar de un tercer habitante del Hotel que habría de venir.

En toda la Bahía se escuchó el eco profundo y desgarrado de Sakura Etsuko, que  sola, pálida, huesuda y desdentada, obligaba a salir al mundo,  en la sucia cama de la habitación de estampado de papiros, otrora lujosamente adornada y centro del poder del Hotel, a un pequeño que desde su primer latido a la luz de la puesta de sol de Osaka, gritaba rabiosa y violentamente.

En un último acto de enorme valor -cargado de mísera cobardía- Mizuki abrió su abdomen de un profundo corte, para dar, por fin  salida a sus entrañas –que ya le dolían demasiado, hasta el alma- y dejar pasar adentro a la muerte, que era la única patria a la que ya aspiraba defender.

Sakura abandonó a aquel recién nacido en la calle, aún con el cordón que les mantuvo asidos durante meses y decidió que la bahía era lo suficientemente profunda para cubrir la poca dignidad que apenas le llegaba a las rodillas. Decidió sumergirla y con ella toda su mísera existencia.

El pequeño fue recogido por unas monjas de la localidad y aunque fue criado en la mejor de las condiciones para aquel país en aquella época, fue germinando en su interior la semilla amarga y desconocida que al cabo de los años habría de hacerse evidente.

Epílogo:



Blogscriptum:
Y es que uno es los que se lleva en las entrañas.

Es que me habían vuelto a lanzar un guante en forma de reto después de ver publicada ayer esta noticia:

SVIJEST: ¿ A qué no haces un cuento con tres palabras?
BLOGSCRIPTUM: ¿Cuáles?
SVIJEST: Hijo de Puta.
BLOGSCRIPTUM: Pumba, ya lo tienes.
SVIJEST: No.....yo no las veo en el cuento.
BLOGSCRIPTUM: ¡Que hijo de puta!....es verdad.
SVIJEST: Ahoooooooora, si, las dijiste.

7 comentarios:

  1. Llamarle " hijo de puta " es insultar a una mujer, su madre que seguramente no tiene la culpa de haber engendrado un desecho semejante.¿ La culpa es lo que desencadena la tragedia o la falta de perspectivas de salir adelante?. ¿El niño se ha convertido en el alcalde de Osaka y por eso el apelativo?.

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    1. No, no. Todo es un cuento. Y si. Todo es una tragedia: la guerra, esta historia de esclavitud y estos políticos miserables, de discursos miserables.

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  2. Alguien me dijo, hace muchísimo tiempo, que había dos formas de ser 'hijo de puta':
    Una, por parte de madre. Así lo puede ser cualquiera.
    Otra, por parte de padre. Así sólo lo son los elegidos.
    No sé si el alcalde de Osaka es el niño de tu relato. Si así fuera, o pudiera serlo, hemos descubierto una nueva forma de ser 'hijo de puta': por parte de padre y madre.
    En cualquier caso, sea o no el niño de tu relato, el calificativo más suave que se me ocurre para él es 'hijo de puta'... ¡y se queda muy corto!
    MJ

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    1. Cierto, un miserable el actual alcalde. Pero todo lo que escribo es pura fantasía. NO tengo ninguna mala opinión de la madre de este señor. Hijo de puta es una interjección unipersonal y no retroactiva en este caso.

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  3. Propongo que se cree la "Ley de la Empatía", aplicable a las personas con poder sobre poblaciones, hayan sido elegidos o no democráticamente.
    Ley muy sencilla: si algun dirigente hace una declaración desde la absoluta ignorancia (como en este caso), se le debería aplicar la Ley de la empatía. En lo que respecta a este individuo y sus declaraciones, se le podría encerrar durante un fin de semana, con un montón de mujeres sin escrúpulos y deseosas de tener a un hombre cerca.
    Una vez pasado el fin de semana, se le haría comparecer en los medios y se le volvería a hacer la misma pregunta.
    Y aunque para muchos parezca, un ojo por ojo, se podría clasificar como "una inevitable consecuencia de la ley vigente, en otros paises se aplica lo mismo"

    K

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    1. Una propuesta muy interesante. Añado que podía ser una condena perpetua revisable y que podría ser repetida intermitentemente y a criterio de estas mismas mujeres.
      Sobervio comentario K.

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  4. Apoyo la ley de la empatía !! Se me han retorcido las entrañas. Por dejar a su madre tranquila diría que es un cabrón sin excrupulos.

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