Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 26 de abril de 2013

El sueño de Gálmez: Una sonrisa última




Durante toda la noche la lluvia, quizás la última de aquel otoño, había decidido abandonar el cielo, para quedarse en el suelo, dejando unas pesadas nubes densas que ya se alejaban por detrás de los últimos tejados de Madrid. La lluvia se inventó en aquel amanecer olores a firmamento recién estrenado,  un asfalto limpio y un murmullo de fondo a tierra húmeda.

El despertador de Matilde sacó del sueño al agente Zayón, que se había quedado dormido la noche anterior, con la pierna cruzada sobre ella y el olor de su cuello, intenso, penetrante, hipnótico, salpicándole en la cara, simple, evaporado, como todo lo que se destila. 

Así son todos los sueños recordados inmediatamente al despertarse, sobrevenidos al presente de la mañana recién estrenada; son un concentrado del evaporado de la imaginación, acuden vivos en esencias desgranadas, puras, la mayor de las veces inconexas, en un escenario de legañas y estupor.

-He soñado que te poseía, Matilde, le dijo Zayón, al tiempo que hundía sus manos en sus pechos, enormemente firmes, suavemente expuestos a un camisón que Zayón ya estaba elevando hasta la cintura. El cuerpo de Matilde se convirtió en arcilla, blanda, caliente, húmeda, y cada pisada de su marido – que la abrazaba por detrás- hundía su conciencia en un sueño tangible de entrega consentida. Dieron sus pasos primeros, recién despertados, juntos, huyendo de la metáfora y la mentira, en un alegre, prolijo y definido deseo de no sentir  nada más que la verdad de un nuevo día , abdicando del olvido, de la añoranzas, de las quimeras. Inmersos en un presente real, un jadeo palpable, un resoplar pasional, admirados en el gesto de la sonrisa última, antes de comenzar conscientemente una nueva jornada.

Ese contacto imprevisto alargó el amanecer más de lo previsto, precipitando un café recalentado, un vestir apresurado y un último beso en el cuello bajo el dintel de la puerta de la calle.

-Déjame que te arregle el cuello, vas hecho un desastre.
-No tengo tiempo. Llego tarde. No me prepares el bocadillo o terminarán por expedientarme si me retraso nuevamente.
-Te morirás de hambre.

Deseo que corra el tiempo rápido, que no se detenga. Adelanta los relojes, ven pronto a mi lado. Matilde cerró la puerta en un adagio larguísimo. 



4 comentarios:

  1. Estoy perdida.... Zajón????.... y comparto con amr que este personaje (Gálmez) da "yu yu" .... no estoy inspirada... nos tendrás que seguir guiando....
    K

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  2. Se vislumbra un deseo que pronto será concedido. ¿Voy bien encaminada?.

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    Respuestas
    1. Si...no, bueno...a lo mejor...no, definitivamente no.

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