Manual de instrucciones de blogscriptum

sábado, 27 de abril de 2013

El Sueño de Gálmez: sin precisar un Dios.



Como todas las mañanas Gálmez se sentó en la silla de su puesto de trabajo para controlar las monedas de veinticinco pesetas que se acuñaban en una vieja troqueladora de un monocorde sonido (plishhh, pam; plishhh, pam; plishhh, pam) con una pierna cruzada sobre su nalga. Cada día buscaba una postura distinta, en un intento de sentir, de alguna forma cambiante la monotonía, para que no doliese.

A la hora del almuerzo Gálmez sacó su bocadillo envuelto en periódico como todos los días, desde hacía diecisiete años. Aún resonaba en su cabeza el sonido machacón y repetido de la troqueladora que ya se había detenido y a la cual había tomado, sin su consentimiento, las dos últimas plateadas monedas de veinticinco pesetas recién acuñadas.

-Le he pedido tan poco a la vida se decía en alto, murmurando, una parte del cielo, una dehesa eternamente verde, un sol no fragmentado, un poco de pan, un beso. No deseo exigir nada a nadie.

Mordió un trozo de queso que sacó del pan y lo cambió por una de las monedas.

Una sombra en verano, un calle caliente en un invierno crudo, mi cuarto tranquilo de paredes desconchadas, un café, de cualquier forma, incluso recalentado. Soñar, mirar cantar, interpelar a la vida desde la variación y la polifonía.

Mordió otro trozo de queso y un poco de pan, y substituyó su hueco por otra de las monedas.

Sólo le he pedido a la vida una oración, un canto , bien valía que fuese triste, mejor que fuera alegre. No precisaba un Dios, sólo una prosa corta, una poesía eterna.

Terminó envolviendo el resto que quedaba de bocadillo en el papel de periódico grasiento y lo introdujo, como todos los días, con el mismo contenido cambiado, desde hacía diecisiete años, en el bolsillo derecho de su abrigo de paño viejo.

Notar los latidos de mi corazón sobre la oreja hundida en el valle de mi almohada, y dormir, dormir infinitamente, así, de esta manera, con el tiempo parado, con los relojes detenidos, viviendo en un universo indeciso, no previsto, como  cualquier bandera sometida al albur de un viento alto, enérgico, caliente.

Terminó la tarde y Gálmez se dirigió a la salida con el bocadillo apretado en la mano, visiblemente nervioso. Al fin y al cabo, estaba a punto de concluir su sueño. Ya había terminado de recaudar el dinero necesario para poner en marcha la construcción de su máquina que pararía el tiempo.

-¡Gálmez!, le gritó el agente Zayón a la salida, una vez ya había traspasado el umbral de la puerta de la Real Fábrica: ¿Chico, no te sobrará el bocadillo de todos los días?, el mío me lo he dejado en casa, ¡qué quieres!, estoy muerto de hambre. Anda. Regálamelo Gálmez.



Blogscriptum:
Existe en la creación de una variación improvisada la lucha dramática contra la repetición persistente, inútil y monótona de unos días siempre iguales, y entonces , milagrosamente, aparece un tiempo de verano hermosamente distinto.
Música de Gershwin, Summertime, variada por Fazil Say.

6 comentarios:

  1. Ayyyy...que ya me cae bien !!!...que no se lo de...que no se lo de !!!

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  2. Os dije que confiaseis en Galmez..........¿le dará el bocadillo?

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  3. Hace poco escuché el relato de un hombre que detrás de un micrófono, en un escenario donde iba a hablar sobre un libro, seguramente por la poca costumbre, y los nervios de hablar en público, delante de más de 100 pares de ojos. Comenzó a percatarse claramente como se movía la prótesis dental que sustituía hacía años sus Incisivo frontales (desde que un desafortunado accidente de bicicleta los hizo desaparecer). Tenía la certeza que si abría la boca, esos dientes falsos saldrían lanzados y no se sabe bien que dirección podían tomar.
    Ante tan trascendental percance, eligió la opción de simular un desmayo. Y de ese modo consiguió salir de esa angustiosa situación.
    Creo que Gálmez debe arriesgar y recurrir a la disyuntiva de la falsedad, después de llegar hasta aquí, hay que diplomarse en engaño. Todo por su sueño.
    Yo me inventaría: que me cayó al suelo, aunque con la abundancia de gente sin escrúpulos mejor que me comí el interior y sólo quedó la corteza, además manoseada. Aunque la opción de mi protagonista no está nada mal, fingiría un desmayo

    Un abrazo Enrique, me lo pasé muy bien con la historia, lo malo es que acabo de comprobar que tengo un lado estafador. Y yo criticando algunos comportamientos.

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    1. Gálmez no puede hacerlo. Es imposible. En realidad quiere terminar de alguna forma con su tedio, con su monotonía, aunque sea a costa de su propia captura. Gálmez ha llegado a darse cuneta de lo quimérico de su intento. No podrá hacerlo. Le entregará el bocadillo a Zayón, porque no puede soportar el peso de las monedas, el papel, el pan en su bolsillo. No quiere llevarlo más. Es parte de su rutina, de su tedio. Si no lo hiciese, si no lo entregase ¿quién podría asegurarle que al día siguiente, y al otro, y así uno y otro más, seguiría haciendo lo mismo?. El creía haber alcanzado la suma total de dinero para construir su máquina, pero....como tener fuerza para poder romper esa rutina.....

      Lo siento Eva, entregará el bocadillo. es la única manera de romper con esa condena: comenzar otra condena distinta.

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  4. Me da pena Gálmez porque al igual que su trabajo le resulta tedioso , aburrido y sin ningún aliciente, la solución que ha buscado era sin duda igual que su tormento. Si como dices es un hecho real, me imagino que sería hace muchos años, pues con los controles de hoy en día sería imposible llevar a cabo su plan. Bueno la verdad es que esta vez me has tenido intrigada todo el tiempo y no me imaginaba este final, te felicito creo que no he sido yo la única que ha estado pendiente de tu cuento. Por otro lado me he dado cuenta de la suerte que tengo en desempeñar el trabajo que hago, supongo que tú también coincidirás en esto conmigo.

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    1. Absolutamente. este cuento nace de una historia contada de un paciente que pasó más de una década dedicado solo y exclusivamente a realizar la auditoría manual (cuando no había digitalización) del control de calidad de la impresión de los pliegos de quinielas de la Real Fábrica. El me cuenta que jamás conoció el lugar donde se acuñaban las monedas y que oyó esa historia....el resto lo pone Blogscriptum.

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