Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 27 de marzo de 2013

Un invierno que agoniza.


El invierno languidece en el valle. Nunca quiero creer que en estos días se produce el triunfo de la primavera, acaso el dormir, o mejor, el morir trabajoso de una estación que siempre me parece breve, con nieves fugaces y cuatro o cinco días de remolinos de hojas en las esquinas del caserío. Ya no hace el frio de antes. Nada es como ayer. A esta hora de la mañana, la sombra de las nubes avanza, deslizándose en un alud de umbría, arrastrándose y agarrándose sobre las montañas –negándose a abandonar la humedad del bosque- anclando sus uñas rotas contra la rocalla del alto de allá enfrente, coronado eternamente por un cielo plomizo.

Me siento bajo un enorme nogal que apoya sus ramas cansadas sobre las centenarias tejas de un pajar abandonado, que apenas ya lo soportan. El pobre, viejo como yo,  ofrece una boca oscura, un enorme agujero de su tronco a la verdad de la luz helada de este amanecer. A esta hora  sólo se escucha el silencio. Un susurrar baboso que se arrastra pesadamente. Me da por pensar que el silencio no es inmóvil. El silencio esconde un confuso lenguaje en el que ahora quiero oir el retumbar del dolor bajo mi pecho, buscando la presencia obsesiva de mi cuerpo. Escucharme me atenaza. No hay lucha más cruel y desigual que la de un hombre enfrentándose a sí mismo. Nada me da más miedo que mirarle a la cara a mi historia.

Cuando diciembre vino por fin a visitarme, aquí en la Casa Vieja, la nieve ya cubría desde hacía días el tejado de mi corazón. Vine hasta el valle arrugado bajo el abrigo por la pesada carga del pasado sobre mis hombros, que me obligaba a encogerme inevitablemente. Desperté después de haberme acostado agotado, dos o tres días más tarde, sin haber soñado, sin saber porqué. Quizás me zarandeó el frío repentino de un hueco inesperado en unas sábanas vacías.

Decidí quedarme a esperar el mañana entre estas casas derruidas. Cuando un pueblo se abandona las casas explotan, todo revienta, todo es despedido hacia fuera. Los fantasmas buscan la salida más rápida y nunca es atravesando muros, ni abriendo puertas. Consiguen de cualquier forma reventarlas, hacerlas volar a metros de distancia de los quicios, dejando unas desnudas jambas de melancolía. La aldea, como mi vida, es imposible ya de rehacer. Es más difícil construir las pesadas paredes del olvido -enfrentado como estoy ahora a la pradera, extensa, infinita del pasado-  que vivir pegado a estos muros entre los que muero en vida, saboreando la desolación de una honda e insondable indolencia, en este mundo de escasas certezas.

La memoria, esa gran mentira. ¿Acaso nada de esto me paso? Aún puedo respirar mintiéndome a mi mismo, inventando un tiempo y un lugar. Habituándome a este paisaje. Incorporando a mi rutina, día a día, las siluetas, las formas cotidianas que consiguen convertir mi recuerdo, en un pasado que no preciso exhumar, borrando de mis ojos  lo que alguna vez aprendieron a ver. Cuando el futuro no es soñador, cuando forma parte de un interminable adiós, traicionar a la memoria es lo único que ahora ya deseo.




Blogscriptum:
La aldea, el caserío, por supuesto existe en un hermoso valle burgalés, a las orillas del Ebro. En él paso a veces algunos días. Me dedico a pasear y reconstruir muros que no separan nada, pues allí ya sólo vive un habitante. 
Este es un ficticio monólogo creado en mi cabeza, que no esa persona, tras la muerte de su compañera, la otra habitante del poblado.







4 comentarios:

  1. Como siempre la música no podré escucharla hasta llegar a casa. Me pregunto si será generalizado el sentimiento de creer que nunca llegará la primavera en los últimos días del invierno, a mi me pasa, y cuando llega es como un milagro, todo se vuelve loco, las plantas, los animales, la luz , la musica, el ruido, nosotros. Por otro lado cuando seamos viejos, muy viejos, que ya solo estemos esperando acabar nuestros días en este mundo ¿seguiremos esperando la primavera o nos dará igual en que epoca del año estemos?.
    ¿Nuestros recuerdos serán verdaderos o estarán disfrazados por nuestra imaginación, porque cualquier pasado fué mejor?. No sé me imagino que cuando sea más vieja lo sabré, pero para entonces supongo que me dará lo mismo.

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    1. Es la cuarta vez que lo leo.............no sé responderte.......dame tiempo. Es bestial tu reflexión.

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  2. Bestial ! que regusto amargo de tristeza deja. Ya sabes que leo mientras escucho...y redobla el sentimiento.
    Hoy lo triplica con el comentario de amr.

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  3. Qué tristeza, Enrique. La pèrdida, que duro de asumir. Un beso

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