Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 8 de marzo de 2013

La danza de las palabras.




El viejo Nicolás paseaba por la vida constantemente ensimismado. Llevaba a sus espaldas un inmenso reloj de cuco a modo de metrónomo. Su cuerpo habitaba en una tierra grande y lejana en la que su espíritu había sufrido el exilio de una desatención permanente, abstraído en sus pensamientos, olvidado de la consciencia. Una severa soledad y un hondo desasosiego le atenazaban, pues las palabras le perseguían en sueño y en vigilia.  Mis palabras son extrañas a mi cuerpo y han cobrado vida propia, se decía. Todas nacen de mi alma y terminan interrogando a mi corazón, cada una con un tempo propio. Me siento como un genio enloquecido que no puede detener esta entrevista de la razón al sentimiento. No consigo desquitarme de este insomnio que combina letras flotantes, cada una con su ritmo. Apenas abro los ojos tengo la imperiosa necesidad de mezclarlas, en un pentagrama de palabras. Cuando salgo a encontrar la luz de la mañana, allá las veo en la calle, frente a mí, amenazantes, orgullosas. Cuando la marea de la niebla se levanta al fin, al medio día, las vuelvo a ver bajar por la avenida, solas o en comandita, buscando la tapadera de mi corazón para poder abrirlo y decidir la combinación perfecta. Se han vuelto autónomas, tienen ritmo propio y a media noche los espíritus de textos del pasado y los fantasmas de las frases venideras vienen a visitarme. Me siento a comer y en torno a la mesa lo hacen conmigo siete u ocho palabras, cada una, rebelde y descontrolada, buscando en mi despiste la oportunidad de recrear la frase exacta. Palabras de éter que me hipnotizan y han hecho de sí mismas un territorio autónomo. Danzan en rededor mío en un allegro, energético, rápido, que obliga a mi corazón a acelerarse. Otras veces me persiguen en un adagio de dulce caricia que hace que me sienta lento. Otras vienen a susurrarme un andante, un vivace, un presto o un prestissimo. Disfruto del espacio de tiempo regalado que existe entre la vida y la muerte pues mi corazón es la guitarra para las palabras, que danzan en torno a mí, en libre albedrío y escriben las frases en el sexagrama de mis cuerdas. 




1 comentario:

  1. Bella danza siempre desee hacer eso. Que locura llevar tantas palabras enzima, un peso enorme el que lleva este pobre hombre, me imagino que uno se llega a acostumbrar a ese reboloteo de palabras, aunque no sé si en algún momento puede concentrarse en otra cosa que no sea lo que le rodea.

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