Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 25 de febrero de 2013

Una dulce melancolía


En el entorno del Señor Fanthom no pasaba nada,  nada excepto el sol, la lluvia, el aire, o un tranquilo hombre paseando por la playa en busca de conchas rojizas. No pasaba nada excepto la vida y la muerte.

Como cada mañana, bajaba por el infinito camino a lo largo de la quebrada, para atravesar después la espesura, casi impenetrable, de la sombra de los vetustos tejos y los robles milenarios, pisando sobre el suave musgo esparcido por doquier, como manta sobre el suelo. Le gustaba caminar por entre los árboles, especialmente estando todavía frio el cielo de marzo.

La ruta era suave y pálida por la neblina. Sus pasos iban lentamente acompasados a su silbido y guiados por los primeros rayos de la alborada. Sus pensamientos transcurrían lentos, pegados a  una luna, sólo imaginada, de una  luz debilísima. Fanthom y la luna languidecían en fase de retirada menguante. Apenas se vislumbra la dulce loma que conducía al mar y aquel hombre, con el corazón pertinazmente inquieto, empapaba de llanto las mangas de su levita. Respiraba angustiado pensando en si no volvería a ver las copas de los almendros floridos o las noches de verano que no consentían comparación, con el mar bravío cercano y tensa sobre su cabeza, la Vía Láctea en el firmamento. La densa oscuridad bajo los arboles espesos se juntaba con el borde de las nubes que aquella mañana parecía que lloviesen tierra.

Las colinas se han derrumbado, se dijo, las rocas se han medio enterrado en el suelo, los ríos han variado su curso, y el intenso verdor de los pinos se apaga. Las ramas de esos árboles ya viejos, que aun no han sido sustituidos por retoños jóvenes, aparecen retorcidas por el aire de la costa. Pasa el tiempo, cambian las edades y estas son las huellas ciertas de su paso. Todo es recuerdo de hace mil años. Es el tiempo, se dijo, destructor y corruptor; es el tiempo también, con su capacidad de descubrir la verdad de todo.

Anduvo por la melancolía de una playa en un invierno agotado, llamando a las puertas del límite, al confín de la existencia, a la llamada de un resurgimiento que se adivinaba en la brisa del mar, algo más suave que los días previos, empapado a esa hora ya de la soledad del ocaso. Paseó descalzo, ausente de un mundo de engaños, fugaz y traicionero, pródigo en traiciones y seductoras mentiras.

Adivinó que en su vida no pasaba nada, nada excepto las olas que traían recuerdos de otros sitios, la arena mojada bajo sus pies o las gaviotas que dibujaban picados sobre el mar. Advirtió que no pasaba nada en su entorno, nada excepto la vida y la muerte.



Blogscriptum:  John Dowland (1563 – 20 de febrero de 1626) fue un compositor y laudista inglés, uno de los músicos más famosos de su época. Aunque fue famoso como laudista y cantante, hoy en día es reconocido como un gran compositor de música melodiosa y armónica. Su música a menudo muestra la melancolía que estaba de moda en esa época. Una de sus obras se llama Semper Dowland, semper dolens ('Siempre Dowland, siempre triste') y se podría decir que es una descripción adecuada de su obra.


6 comentarios:

  1. La historia me da frio... no me gusta el frio y menos en soledad, porque intensifica la sensación de frio...
    Tu historia muy bien narrada, pero no me gusta el frio.... me acabo de dar cuenta de que todas las otras historia que he leido(tuyas)son cálidas
    Bien, por tí una nueva sensación!

    K

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    1. Yo no había reparado en que mis historias son cálidas. Se me ocurre...¿tienen color?, entonces pensaré en algo con colores...en fin: ¡Si es que me forzáis a escribir!

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  2. Es tiempo de espera, estamos hastiados del frio del invierno, de la desnudez de la vegetación, queremos cambiar por dentro y por fuera, la impaciencia nos abate. Lo has descrito de tal manera que parece que me hubieras adivinado mi estado de ánimo. Me alegra que estés otra vez con nosotros. Bienvenido.

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    1. Pero la melancolía es una forma de ser feliz en la tristeza. No pasa nada por estar a ratos melancólico, he descubierto que es mucho más productivo. El recogimiento, la reflexión la introspección. Un saludo mar: ¡siempre ahí! no fallas, ¿eh?

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  3. Adoro pasar por aquí, y seguir comprobando que esto es otra cosa, consigues el dibujo exacto del silencio, la melancolía...
    Leerte se convierte en una bocanada de aire. Te agradezco esta maravilla-
    Un abrazo.

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    1. No Eva, es un placer contar con otros escritores por aquí. Y si, es necesario bocanadas de aire en los tiempos que corren. De todas formas.....ya va siendo hora de que no lo repitamos tanto. Ya es hora de que los que vemos bocanadas de aire por aquí y por allí seamos capaces de hacérselas ver a todo el mundo. es hora de que gente como tú y a lo mejor como yo...no lo sé, hagamos ver a los demás que hay bocanadas de aire por doquier, como el manto de musgo sobre el suelo del Sr. Fanthom.
      Un saludo Eva

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