Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 22 de febrero de 2013

El orden natural.


A mi juicio vivimos un tiempo en el que impera un tipo de violencia con sordina, una violencia insensible, amortiguada e invisible para las propias víctimas, la Sociedad Civil en su conjunto. Una violencia que la atenaza y cohíbe de forma sutil. Esa es la única explicación coherente que encuentro al hecho de que este grito pre-revolucionario tan cacareado, palpable en el ambiente, no  se haya concretado aún.

Arriba y abajo no son sólo adverbios. Hoy más que nunca, o como siempre quizás,  se aprecia que “arriba y abajo” es la forma de ejercer el poder y de asumir el orden de las cosas.
¿Por qué seguimos siendo sumisos conociendo -como nunca lo hemos hecho antes- nuestra propia sumisión?  La respuesta es clara: por nuestra natural tendencia a vivir abajo, según un orden natural pre-establecido.

Corresponde a la clase dirigente, situada en el campo de lo exterior, de lo oficial, de lo público, del derecho, de lo cómodo, de lo seco, de lo discontinuo, de lo de arriba en definitiva, realizar todos los actos a la vez breves, peligrosos y espectaculares, como en el pasado eran la caza o la guerra, marcando ellos el curso “normal” de la vida.  Por el contrario, a la Sociedad le corresponde, por un orden natural, estar situada en el campo de lo de abajo, de lo húmedo, de la monotonía y de lo continuo.  Se la imponen, por este orden, todos los trabajos privados y ocultos, invisibles o vergonzosos y muy especialmente los más sucios, monótonos y los más humildes.

Por esta forma de entender la vida, este orden natural, a esta clase dirigente, que vive arriba, todo el que puede hacerle frente cuestionándolo desde distintos ámbitos,  la cultura, la ciencia o llanamente la inteligencia, es enviado con una violencia silente a la caverna: abajo. Así el escritor, el actor, el médico, el juez, el educador y así tantos otros, en definitiva, el formado, el que es potencial opositor al orden natural, es denostado, ninguneado, ignorado o ridiculizado.

Parece que no somos libres; estamos adheridos a lo pasado. Parece que esta Sociedad está infectada del espíritu de la tradición, de este orden natural asumido. De este “arriba y abajo”. Conviene salir de una vez por todas de esta espantosa manifestación, de este mal, de esta herencia. El orden de las cosas no es un orden natural contra el que nada puede hacerse, sino que es una construcción mental, una visión del mundo con la que el político satisface su sed de dominio. Una visión que los propios ciudadanos, sus víctimas, han asumido aceptando inconscientemente su inferioridad.

Parafraseando a Barbusse quisiera pensar que puede que un día la humanidad logre echar fuera de sí la pesadilla de lo que fue y se centre en lo que puede llegar a ser. No es normal que los últimos de la clase dirijan a los primeros. La úlcera del mundo tiene una causa general, un orden natural pre-visto que impide el que se rehaga todo pulcramente según la razón y la moral.

Desgraciadamente las armas del débil , siempre son armas débiles. En mi caso, la palabra (con perdón).


1 comentario:

  1. Yo deseo que esto acabe de una vez. Habrá que esperar para que la sociedad poco a poco cambie ese concepto que está incrustado en su cerebro haciendola creer que hay personas destinadas a disfrutar y aprovecharse del trabajo de los demás y otros que no tienen más que derecho a trabajar para que ellos disfruten.

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