Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 28 de febrero de 2013

De conclaves y conchabes.





La Iglesia - entre otras razones ,que no sólo por la Fe-  ha permanecido en pié, tanto por lo que calla como por lo que cuenta. De hecho la etimología de la palabra conclave no puede ser mejor reflejo de esto: con-clave, con llave, bajo secreto, en secreto.  

Curiosamente conchabar  y conclave comparten la misma etimología. Pero de lo primero en España sabemos mucho más que en Roma. Es más,  de guardar secretos en España no tenemos ni puta idea. Dele usted por ejemplo a la UDEF un secreto sumarial y tardará menos tiempo en ser sacarlo a la luz que en conocerse la administración de lotería en la que ha caído el Gordo de Navidad.  Abra Vd. una agencia de detectives y mañana tendrá seis micrófonos en la maceta del poto en el mismísimo salón de su suegra.

La Iglesia se dio cuenta desde el principio que el que sabe callar es el más fuerte y que parte del secreto de su éxito está en el silencio, en el misterio y en las revelaciones confidentes. Quizás sea porque los Dioses saben callar más que los hombres que, estúpidamente, no han llegado a darse cuenta que en el callar no hay castigo ni respuesta.

Leo el periódico y me cuenta que numerosos observadores atribuyen al famoso  informe que ha sido desarrollado sólo para el  Papa, un papel fundamental en la decisión de Benedicto XVI de renunciar al Papado. El texto, como los secretos de Fátima, sólo lo conoce su Santidad, pero la redactora del diario  ya especula con que el documento desvelaría descarnadas luchas de poder en la Curia, relaciones homosexuales, chantajes y graves casos de corrupción.

El Papa ha optado por que ese informe, que consta de 300 páginas y que guarda en la caja fuerte del apartamento Pontificio, siga siendo secreto y que sólo su sucesor pueda acceder a él, pero la periodista, quizás a través de una filtración en los Juzgados de Plaza de Castilla, quizás gracias a un micrófono de los de Método 3, ya se conoce hasta la talla de calzoncillos del Pontífice que ha de llegar hoy.

Ya lo dijo el pobre de Larra, que supo reconocer nuestras virtudes hace más de 180 años: 

”Bienaventurados los que no hablan, porque ellos se entienden”

Bien por la periodista y sus pesquisas…que siga que siga.



miércoles, 27 de febrero de 2013

Mientras haya un yo.




Aún existe espacio más acá de la última frontera, millones de kilómetros hasta el límite. Hay maneras de no instalarse en la incierta inercia de existir; es posible vivir. Se trata de hacer de la vida un interludio amable, distraer el tedio, entretener la aflicción abriendo las puertas a la armonía, reservando espacios sensibles para la contemplación y la reflexión. 

Consiste en compartir sentimientos que se expresan en el milagro de una sonrisa, apelando a una melodía a una fotografía  o al lirismo de cualquier lectura.
Mientras habitemos el tiempo y el misterio de los días que encierran un color, un abrazo o un susurro; mientras seamos suficientes para alguien, mientras alguien o algo sea necesario para nosotros. 

Sin invocar a ningún dios, sin solicitar la ayuda de ningún héroe. Mientras haya un Yo habrá un Nosotros.


lunes, 25 de febrero de 2013

Una dulce melancolía


En el entorno del Señor Fanthom no pasaba nada,  nada excepto el sol, la lluvia, el aire, o un tranquilo hombre paseando por la playa en busca de conchas rojizas. No pasaba nada excepto la vida y la muerte.

Como cada mañana, bajaba por el infinito camino a lo largo de la quebrada, para atravesar después la espesura, casi impenetrable, de la sombra de los vetustos tejos y los robles milenarios, pisando sobre el suave musgo esparcido por doquier, como manta sobre el suelo. Le gustaba caminar por entre los árboles, especialmente estando todavía frio el cielo de marzo.

La ruta era suave y pálida por la neblina. Sus pasos iban lentamente acompasados a su silbido y guiados por los primeros rayos de la alborada. Sus pensamientos transcurrían lentos, pegados a  una luna, sólo imaginada, de una  luz debilísima. Fanthom y la luna languidecían en fase de retirada menguante. Apenas se vislumbra la dulce loma que conducía al mar y aquel hombre, con el corazón pertinazmente inquieto, empapaba de llanto las mangas de su levita. Respiraba angustiado pensando en si no volvería a ver las copas de los almendros floridos o las noches de verano que no consentían comparación, con el mar bravío cercano y tensa sobre su cabeza, la Vía Láctea en el firmamento. La densa oscuridad bajo los arboles espesos se juntaba con el borde de las nubes que aquella mañana parecía que lloviesen tierra.

Las colinas se han derrumbado, se dijo, las rocas se han medio enterrado en el suelo, los ríos han variado su curso, y el intenso verdor de los pinos se apaga. Las ramas de esos árboles ya viejos, que aun no han sido sustituidos por retoños jóvenes, aparecen retorcidas por el aire de la costa. Pasa el tiempo, cambian las edades y estas son las huellas ciertas de su paso. Todo es recuerdo de hace mil años. Es el tiempo, se dijo, destructor y corruptor; es el tiempo también, con su capacidad de descubrir la verdad de todo.

Anduvo por la melancolía de una playa en un invierno agotado, llamando a las puertas del límite, al confín de la existencia, a la llamada de un resurgimiento que se adivinaba en la brisa del mar, algo más suave que los días previos, empapado a esa hora ya de la soledad del ocaso. Paseó descalzo, ausente de un mundo de engaños, fugaz y traicionero, pródigo en traiciones y seductoras mentiras.

Adivinó que en su vida no pasaba nada, nada excepto las olas que traían recuerdos de otros sitios, la arena mojada bajo sus pies o las gaviotas que dibujaban picados sobre el mar. Advirtió que no pasaba nada en su entorno, nada excepto la vida y la muerte.



Blogscriptum:  John Dowland (1563 – 20 de febrero de 1626) fue un compositor y laudista inglés, uno de los músicos más famosos de su época. Aunque fue famoso como laudista y cantante, hoy en día es reconocido como un gran compositor de música melodiosa y armónica. Su música a menudo muestra la melancolía que estaba de moda en esa época. Una de sus obras se llama Semper Dowland, semper dolens ('Siempre Dowland, siempre triste') y se podría decir que es una descripción adecuada de su obra.


viernes, 22 de febrero de 2013

El orden natural.


A mi juicio vivimos un tiempo en el que impera un tipo de violencia con sordina, una violencia insensible, amortiguada e invisible para las propias víctimas, la Sociedad Civil en su conjunto. Una violencia que la atenaza y cohíbe de forma sutil. Esa es la única explicación coherente que encuentro al hecho de que este grito pre-revolucionario tan cacareado, palpable en el ambiente, no  se haya concretado aún.

Arriba y abajo no son sólo adverbios. Hoy más que nunca, o como siempre quizás,  se aprecia que “arriba y abajo” es la forma de ejercer el poder y de asumir el orden de las cosas.
¿Por qué seguimos siendo sumisos conociendo -como nunca lo hemos hecho antes- nuestra propia sumisión?  La respuesta es clara: por nuestra natural tendencia a vivir abajo, según un orden natural pre-establecido.

Corresponde a la clase dirigente, situada en el campo de lo exterior, de lo oficial, de lo público, del derecho, de lo cómodo, de lo seco, de lo discontinuo, de lo de arriba en definitiva, realizar todos los actos a la vez breves, peligrosos y espectaculares, como en el pasado eran la caza o la guerra, marcando ellos el curso “normal” de la vida.  Por el contrario, a la Sociedad le corresponde, por un orden natural, estar situada en el campo de lo de abajo, de lo húmedo, de la monotonía y de lo continuo.  Se la imponen, por este orden, todos los trabajos privados y ocultos, invisibles o vergonzosos y muy especialmente los más sucios, monótonos y los más humildes.

Por esta forma de entender la vida, este orden natural, a esta clase dirigente, que vive arriba, todo el que puede hacerle frente cuestionándolo desde distintos ámbitos,  la cultura, la ciencia o llanamente la inteligencia, es enviado con una violencia silente a la caverna: abajo. Así el escritor, el actor, el médico, el juez, el educador y así tantos otros, en definitiva, el formado, el que es potencial opositor al orden natural, es denostado, ninguneado, ignorado o ridiculizado.

Parece que no somos libres; estamos adheridos a lo pasado. Parece que esta Sociedad está infectada del espíritu de la tradición, de este orden natural asumido. De este “arriba y abajo”. Conviene salir de una vez por todas de esta espantosa manifestación, de este mal, de esta herencia. El orden de las cosas no es un orden natural contra el que nada puede hacerse, sino que es una construcción mental, una visión del mundo con la que el político satisface su sed de dominio. Una visión que los propios ciudadanos, sus víctimas, han asumido aceptando inconscientemente su inferioridad.

Parafraseando a Barbusse quisiera pensar que puede que un día la humanidad logre echar fuera de sí la pesadilla de lo que fue y se centre en lo que puede llegar a ser. No es normal que los últimos de la clase dirijan a los primeros. La úlcera del mundo tiene una causa general, un orden natural pre-visto que impide el que se rehaga todo pulcramente según la razón y la moral.

Desgraciadamente las armas del débil , siempre son armas débiles. En mi caso, la palabra (con perdón).


jueves, 21 de febrero de 2013

Tenía que ser así



Enfréntate a El y puedo asegurarte que no saldrás indemne. Será un combate a vida. No temas perder nada. Su música es el Templo, el gran edifico que da cabida a todos los afectos. Nada es casual en su música y todas ellas dibujan ramificaciones como un intrincado delta  que te conduce suavemente al océano de su simbolismo. Es generoso y desprendido y cada nota te lleva arropado, en un séquito jubiloso o doliente, según corresponda, a encontrarte con tu conciencia. Vivir en su música es hacerlo por el océano de sus tonalidades, todas las imaginables, flotando, gravitando en un Principio atemperado.

Porque El es el Newton de la música. Porque cada secuencia de su obra es un microcosmos una Summa musical en la que el Hombre, el Universo y Dios se encuentran en Paz y en una sola cosa.  Y su Principiae es tan rotundo, tan majestuoso que aunque no creas en ninguno de los tres, aunque hayas perdido la Fe en el Hombre, aunque temas el caos del Universo o aunque Dios no haya venido a reconocerte, hoy o ayer o nunca, entenderás por El y a través suyo, que la vida puede ser un clave bien temperado, su música es capaz de dar sentido a todo lo que conozco, de hacer visible lo borroso y de retirar el vaho de mi cristal.

Y si es así que consigo reconocer en El la expresión, la emoción, los sentidos, los afectos, las pasiones y los deseos;  si es por ello que con-siento que me turbe y que me calme, si es por eso que sus notas me hacen respirar, eso es ¡exacto! simplemente respirar, y noto en su acento musical la caricia, unas veces majestuosa y solemne otras lastimera y quejumbrosa; si es por todo ello que yo noto en mi su presencia, es cierto también que cada vez entiendo más que Bach es Vida.