Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 31 de enero de 2013

Las hermanas Schmidt no quieren ser iguales


Las hermanas Margarit y Korina Schmidt eran pura sinonimia biológica. Su imagen era turbadoramente especular, un experimento de la naturaleza que había resultado en una copia cromosómica a papel carboncillo de las dos chiquillas.
Como todos los gemelos del mundo disfrutaban de su mimetismo aprovechándolo constantemente en sus juegos, en sus estudios y en sus primeros amores. Todo constituía un divertido entretenimiento de pericia en el camuflaje, haciéndose pasar la una por la otra según surgiese la necesidad o el reto.

Así vivieron hasta que Korina no pudo saborear el último beso de despedida definitiva –no anunciada- de su padre que había dado por dos veces, de forma equivocada a Margarit, confundido también en un nuevo juego de suplantación adolescente. El Señor Adolf Schmidt, después de esos dos besos, saltó el Muro de la vergüenza para escapar a la libertad Occidental.

Margarit se sintió deudora de su hermana por un beso inmerecido y a partir de entonces acordaron vestir, hablar y reír de forma diferente.

Al cabo del tiempo, concretada su distinta identidad personal, acudieron a su vecina la Señora Fish, que gozaba de un permiso temporal diario para cruzar al Berlín de poniente, para que las ayudase a pasar al otro lado en busca de su padre.
Así, solicitaron dos permisos para cruzar la frontera que quedaron, por voluntad del funcionario de aduanas, reducidos a uno solo, argumentando que de esa forma se aseguraba la vuelta al Berlín oriental de la que decidiese viajar por un día, en busca de su otro Yo.
La Señora Fish acompañó en el tren que cruzaba la frontera inicialmente a Margarit y con la excusa de haber olvidado una pertenencia en la estación, regresó con el único pasaporte y el salvoconducto de las hermanas en el bolso para rescatar a Korina y pasarla al lado de la libertad.
El segundo viaje en tren se hizo eterno. Resultó para la imaginación de las tres como un viaje transiberiano. Cuando el policía del tren le solicitó la documentación apenas percibió la gota de sudor que corría espalda abajo de Korina, hasta encontrarse con la línea de su falda, que aquel día y después de varios años, era exactamente igual que la de su hermana.

Aquel reto resultó excitante y retornó a la vida de las hermanas la fuerza de los juegos infantiles, volviendo a disfrutar de una sola vida en dos cuerpos iguales. Las dos se enamoraron perdidamente del mismo hombre, el Señor van Retik, que durante años gozó sin saberlo de dos personas distintas que intercambiaban los días para poder compartirlo en comunión.

Korina disfrutó de la última noche que van Retik pudo estar con uno de los dos cuerpos antes de precipitarse con su coche por un acantilado. En ese momento a la misma velocidad con la que caía el coche, sin saber porqué, hacía también su viaje descendente otra gota de sudor,  esta vez en la espalda de Margarit. El auto encontró el suelo de bruces y la gota estalló entre las piernas de la chica.

Korina se sintió deudora de su hermana por haber recibido, como ella años antes, el último beso de su ser amado. Fue la última vez que compartieron la imagen, y a partir de aquel día, Korina llevó una boina verde y Margarit una de color rojo.

4 comentarios:

  1. Me gusta... asi es la vida, a veces hace falta mimetizarse a veces destacar... me ha gustado mucho y como siempre me deja pensando...
    K

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Je, je...pensar es lo único que nos hace ser distintos!!!!. Caterva de impensantes, impensables e impensados!!

      Eliminar
  2. Me recuerda mi infancia cuando mi madre se empeñaba en vestirnos a todas iguales, a mi me daba tanto coraje que cuando ibamos en el metro yo cogia otro vagon, ellas por hacerme rabiar me señalaban con el dedo desde el otro vagón y decian en voz alta "Esa es nuestra hermana"; "las hubiera matado en ese instante", no lo hice y ahora no me arrepiento de no haberlo hecho. Divertido y entrañable relato, me gusta y me ha hecho pensar en como sería su vida restante.....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por un minuto habia leído...y ahora me arrepiento de no haberlo hecho. Las dobles negaciones dan lugar a sustos. Por cierto que estan de moda entre los políticos. El otro día escuche decir (en serio): no existe ningún problema para que no podamos llegar a ningún acuerdo. Y claro no tenía ni puta idea de si querían llegar o no a un acuerdo. Pero creo que ellos tampoco tenían ni puta idea.

      Eliminar

Eres libre...¿Quieres decir algo?