Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 2 de noviembre de 2012

La muerte no se celebra...


Como títeres sin cabeza, pollos despelotados corriendo por el campo, sin dirección, sin pensar, siguiendo un rumbo estúpido marcado por el sinsentido.
Por fin, ya está. Se acabó esta fiesta imbécil, apretada en nuestro ahora con un calzador que nos violenta. Una celebración desarraigada y contrahecha, venida por cojones a quedarse en nuestro entorno. Arribada sin pedirlo y metida en nuestra cama a la fuerza. Y ya está, y te la tragas y te callas, ¿entiendes?, que es lo que toca.
Con la muerte no se juega. Esa enfermedad hereditaria e inevitable, no es preciso celebrarla. 
A tres chicas les ha costado caro celebrar el susto o muerte. ¿Qué coño de truco o trato?
Y sí: tenía que decirlo. Aquí, en este meridiano, en esta península de Íberos y Celtas, la muerte se visita una vez al año, en silencio y con respeto. Se reza, se recuerda y cada uno pá su casa.

Lo siento sobrina, lo siento que la vida te esté haciendo mayor a empujones.
No vuelvas a celebrar la muerte, el susto o la pesadilla. Eso no se celebra. Eso se evita cariño.

En cualquier caso te escribo algo que me escribí a mi mismo.


Solo, en la sombra de su sombra,
noche encendida donde reina la paz,
surge entonces el brazo de Dios
que mueve los pinos,
es el tiempo feliz.
Regresarán los emisarios
de la hora crepuscular
que invita al desamparo,
a recordarnos que el día venidero es cosa nuestra
soplando en nuestros ojos
su viento sucio y polvoriento
que ansía nuestras lágrimas,
para vivir fatalmente embarazados
de dudas y desgarros
en el páramo en que penamos cada día.
Pero sé que valió la pena el esfuerzo,
tendidos cara arriba a la esperanza
renegando los susurros,
abdicando de temores
combatiendo ferozmente,
pues sé que hicimos bastante
sin querer partir
sin fugarse a ningún sitio.

5 comentarios:

  1. Susto o muerte es una excusa. Todos celebramos cualquier cosa. Cualquier motivo nos sirvió para celebrar.
    Los tiempos cambian, pero las macrocelebraciones siempre han estado ahí. Yo iba a las "macrofiestas" de Caminos. Desde luego nada comparado con estas. Cuales eran las tuyas? Recuerda, seguro que había.
    El tiempo y el cambio de roles nos hacen ver las cosas desde otra perspectiva. Ahora somos padres.
    Pero Pieget decía que solo se aprende de lo que se experiementa. Yo aprendí mucho y otro mucho pasó por mi sin dejar huella.
    Aun así, y a pesar de todo lo dicho...he visto crecer a esa niña a la par de la mia...y duele mucho.

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    1. Salvador Sostres: Otra vez una aglomeración ha tenido un final trágico, y un niño ha muerto atropellado en la cabalgata de los Reyes Magos en Málaga. Mientras continuemos amontonándonos continuaremos llorando. La multitud es letal. Cada vez somos más y cada vez la falta de personalidad sume a más gente en lo gregario.
      Tenemos que educar a nuestros hijos en un gusto más refinado, tenemos que enseñarles a dudar del tumulto en lugar de este vulgarísimo querer ir donde todo el mundo va. Los niños tienen que crecer afirmándose en su singularidad mucho más que en la bravuconada colectiva. Nos falta introspección, elaboración, finura. Sobra seguidismo, lo macro y el gusto por lo masivo.
      Nos falta, sobre todo, elitismo, ese elitismo que no depende del dinero y que se basa en el espíritu, en la actitud, en una idea de la sofisticación moldeada con rigor, con capacidad de sacrificio y de superación, e intentando proyectarnos en todo lo que decimos y hacemos.
      Nos falta el elitismo que nos distingue como ciudadanos y nos rescata de la muchedumbre, de la carne vendida a peso y de la vida desperdiciada porque a nada le damos importancia. Nos falta dejar de tener miedo a ser nosotros mismos y atrevernos a jugar con nuestras propias reglas y a vivir según nuestros gustos y no según lo que se supone que nos tendría que gustar porque le gusta a todo el mundo.
      Nada tiene que ver con el espíritu navideño, ni con la magia de los Reyes, acudir en tromba a un desfile de siniestras carrozas con unos tipos disfrazados que lanzan caramelos. Los Reyes existen, como el Espíritu Santo y la virginidad de María, pero ni están ni estarán nunca en la deplorable horterada en que se han convertido las cabalgatas.
      Podemos hacerlo mejor. Podemos educar mejor a nuestros hijos, crearles un sistema de fascinaciones más rico y más intenso. Exactamente por el mismo precio por el que un niño va a una cabalgata puede quedarse en casa y tener una relación mucho más profunda y mágica con el Misterio. Podemos ser más exigentes, y más brillantes, y más buenos. Lo peor que nos puede pasar es hacer las cosas sin ningún criterio.
      Del mismo modo que cada cual tendrá que saber vivir con los recursos que sea capaz de generar -agotado ya el dinero de los demás- tendremos que empezar a huir de lo multitudinario si no queremos morir aplastados. Al principio cuesta y te sientes raro, pero luego te acostumbras a vivir a tu manera y te das cuenta de que el mundo es un lugar maravilloso.
      Existe el peligro, tenemos que tomar riesgos y nuestra naturaleza es exploradora y aventurera. Un hombre se define por los riesgos que asume y por el peligro que corre cuando lucha por defender las ideas en las que cree y a las personas a las que quiere. Es dulce y digno que así sea, pero no que perdamos la vida por cualquier tontería y del modo más absurdo e ingrato. Tendríamos que ser más agradecidos con la suerte que hemos tenido, y más conscientes de nuestra responsabilidad.
      Dependemos de nuestro dinero y de nuestro comportamiento. De nuestra higiene moral y de nuestra tensión espiritual. Cuanto antes lo aprendamos, antes dejaremos de quejarnos, y de morir pisoteados.

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  2. Por cierto...yo también andaba escribiendo sobre la muerte. Pero hoy no es casualidad.

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  3. mis tres hijas también fueron de fiesta ese día, afortunadamente a casa de una amiga. Cuando oí la noticia fuí a sus habitaciones para comprobar por segunda vez si estaban bién. Es tan horrible la noticia que me duele recordarla, no quiero pensar como estarán esos padres.

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