Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 2 de noviembre de 2012

Esto me suena...



Mi nombre es Caius Minimus Parvulus Quintilus, también conocido como Cayo el Grande. En realidad fui el sexto hijo de Caius Plinius Parvulus Pater,  pero el mármol del registro en el que fui inscrito presentaba un defecto  en el borde derecho y al escriba no le cupo mi número de nacimiento y en lugar de cincelar el preceptivo VI,  lo dejó sólo como V y por eso soy conocido desde entonces como Quintilus. 

Aquella tarde de Augustus decidí tomar el barco con dirección a Catania en lugar de quedarme con mi maestro Lucius Balanus Magnus. Eso me salvó la vida.  He querido recoger en este texto la última lección que nuestro amado maestro nos impartió. Sus palabras versaron sobre la experiencia y fueron cantadas con la dulce voz que Lucius usaba para elevarnos hasta las cotas más altas de la sabiduría.

Maestro, dijo Marco Primus dinos ¿cómo has llegado a acumular tanta sabiduría? ¿Cuándo alcanzaremos tu grado?  Háblanos de la experiencia.

Queridos alumnos, querido Marco: tu apellido es la antonomasia de tu propio ser. Podías haber sido de la familia Juliana, Rutilia u Ovidia, pero no, eres de los Primus y de entre ellos el maximum Primus.

La experiencia hijos, no es un grado, es un gramo. Un gramo es lo que diferencia a un hombre experto del que no lo es.  La experiencia para ese hombre es  la condición que le permite ser el primero en advertir que ha vuelto a equivocarse por segunda vez cometiendo el mismo error de antaño. Notarás pues Primus, que la experiencia no te hace inmune a los mismos errores en los que ya caíste. De esos errores repetidos, en los que nos movemos con soltura, nace la Verdad con más facilidad que de la confusión. La experiencia te procurará saber elegir en esa confusión la persona que será la diana de tus expiaciones.  Eso es más sencillo que tener dispuesta la solución de los errores repetidos. Entonces en el caos habrá centenares de hombres que estén dispuestos a seguirte, incluso a dar su vida por defender tus ideas -a condición de que no la tengan muy clara- pues es más fácil luchar por los principios que aprender a vivir con ellos y soportarlos.

Experiencia, Primus -más que Primus, imbécil- es la habilidad que tengo para cruzar la Vía de los Triunfos cuando viajo a Roma, a la hora sexta. A esa hora no me fío si sólo miro a derecha e izquierda antes de cruzar, pues las cuadrigas pueden venir por cualquier otro lado. Eso sería mi querido alumno confiar en la simplicidad, y la explicación más sencilla es aquella ,que a buen seguro, carece de sentido.
Primus, cuando hables en el foro, si es que alguna vez articulas más de dos palabras con sentido, prueba a emitir tres suposiciones con firmeza, valentía y de forma consecutiva y serás tenido como un experto; hazlo con potente voz con una cuarta suposición, aún cuando sea una soberana estupidez y será ésta  tomada como razón suficiente. Tu brazo será entonces poderoso pues no hay nada más peligroso que la ignorancia en acción ni mejor defensa contra cualquier lógica que la que posee un experto, que será aquel que ha cometido todos los errores posibles en un terreno de estudio limitado.

Y ahora mis queridos alumnos vayamos al implivium que entre el rumor de las fuentes y el eco de las columnas jónicas, mi voz se hará fresca y resonante, como experto que soy.

Maestro, dijo Aurelius, y por tu experiencia…¿a qué achacas tú el movimiento de la tierra que desde hace unos días hace temblar nuestras casas y el humo que sale de la boca del Vesuvio?

Mi querido Aurelius, en calidad de experto vulcanólogo he de decirte que no hay razón  que haya de preocuparte ni temor que te desvele. Ven con nosotros y échate sobre el fresco suelo de mármol a descansar y a meditar sobre mis palabras.

¡Oh Maestro! ¡Cuán excelso es tu saber!, vitoreamos todos a coro.

Y echándose sobre el suelo quedaron todos dormidos; ¿todos? No.
El que hoy escribe: Caius Minimus Parvulus Quintilus, “Cayo el Grande” (sexto hijo de Caius Plinius Parvulus Pater) cogió un barco a catania . No sé porqué, no quise creer al Maestro y al grito de: Qui dormierit cum hominibus illarum extremun salí tan rápido como pude.


Blogscritum:

La expresión que emitió Caius Minimus Parvulus Quintilus sería hoy traducida por: Aquel hombre que duerme con hombres es el último; o también Maricón el último.

2 comentarios:

  1. Yo diria que la experiencia es un grado o un gramo en cuanto a lo cotidiano, lo repetitivo. Pero hay un sentido o sexto sentido que en ocasiones hay que hacerle caso. ¿Será quizás el sentido comun o instinto de supervivencia?

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    1. La leyenda de Jaun de Alzate, Pío Baroja Delicioso ejemplo de actitud desafiante frente al viejo argumento de autoridad. Jaun es un aldeano inteligente que desconfía de los textos clásicos y busca una verdad basada en hechos. En un pasaje del libro, Jaun y sus compañeros fingen que salen volando del monte Larraun:

      «Chiqui: —Vamos al Mediterráneo, paralelamente a los Pirineos.
      »Macrosophos: —Alto ahí! ¿Cómo paralelamente? Eso no puede ser. Estrabón afirma que los Pirineos van de Norte a Sur, en dirección paralela al Rin.
      »Chiqui: —Estrabón se equivoca.
      »Macrosophos: —Estrabón no se puede equivocar.
      »Jaun: —Pues se equivoca. Plinio, el Antiguo, comprendió que los Pirineos van de Este a Oeste, y Tolomeo marcó la posición de los dos puntos extremos: uno, el promontorio de Easo, en el Océano; y el otro, el templo de Afrodita, de Portus Veneris, en el Mediterráneo.
      »Macrosophos: —Hay que ver quién tiene más prestigio, si Tolomeo o si Estrabón.
      »Jaun: —No; hay que ver quién dice la verdad.»

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