Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Alas en los pies


Cuarenta y tres segundos para trescientos cuarenta y un metros. El tiempo que tardan en sonar las doce campanadas dobles del Trinity College es cuarenta y tres segundos. Depende de la presión atmosférica y de si ha sido dado cuerda recientemente, pero esas doce campanadas dobles resuenan durante cuarenta y tres segundos. Las once primeras ven apagado su resonar por el golpeteo de la que les sigue, pero la última extiende su vibración y su eco durante algún instante más. Al final, después de un instante, termina por silenciarse su vibración en el aire y después en los oídos de los que caminan por su claustro.
El día de la cena de celebración de matriculación es costumbre que algún estudiante intente recorrer los trescientos cuarenta y un metros del patio del Trinity College, un escenario rectangular rebosante de historia, ciencia y melancólica solemnidad. Sólo han conseguido superar el límite del tiempo marcado por las campanadas tres personas a lo largo de la Historia.

La carrera quedó inmortalizada en la película Carros de Fuego, con una apuesta imaginaria entre Harold Abrahams, campeón olímpico de 100 metros en los Juegos de París de 1924 y Lord David Burghley, campeón olímpico de 400 metros vallas en Amsterdam-1928. En realidad, estos dos atletas jamás se vieron las caras en tal escenario, aunque parece probado que en 1927, Burghley completó el recorrido en 43 segundos, justamente el lapso en el que suenan las campanas.

En octubre de 1988, Sebastian Coe y Steve Cram -dos de las vacas sagradas del mediofondo británico- participaron en un duelo romántico para recaudar fondos benéficos con destino a una escuela infantil. La idea fue competir de una forma muy especial: no en una pista, ni en cross, ni en asfalto. Ser trataba de recorrer el perímetro del patio del Trinity College, en Cambridge, un   circuito rectangular lleno de baldosines y empedrado, en la fase ya crepuscular de su carrera deportiva y antes de que sonaran las doce campanadas del reloj de la torre. La Great Court Run.

Así se hizo. 29 de octubre de 1988. Lucía un sol espléndido. La BCC ofreció una retransmisión televisiva con señal en directo. La salida la daría el Príncipe Eduardo.
Los atletas se vistieron para la ocasión con la ropa de la época, años veinte. Se trataba de atletismo en estado puro: sin química, sin dólares, sin patrocinadores, sin fotofinish, sin enormes pantallas y cronómetros de grandes números rojo-iluminados. Se trataba simplemente de echar una carrera.

Sonó la primera campanada y esa fue la mítica señal de salida. Aquellos hombres parecían tener alas en los pies y una enorme esperanza en sus corazones. Doblaron las cuatro esquinas, realizando un enorme sprint a la salida de cada una. No había espacio para los adelantamientos. La imagen de los dos invitaba a correr descalzo por la Playa de Sant Andrews, como al inicio de la película, sentir la brisa salada en la cara y las plantas de los pies sobre la arena. Ganó Coe, uno de los atletas más elegantes de todos los tiempos. Su zancada larga, ágil, fácil, acompasada, era un auténtico regalo para la vista. Cruzó la meta cuando ya había sonado la última de las campanadas. En buena lid el reto no había sido superado. Sin embargo el escenario, los atletas, la vestimenta y el fin mismo por el que se corría, empujó a todos los asistentes a desear prolongar en sus oídos (y en su mente), aunque sólo fuera por un instante, aquella postrera campanada.

Blogscriptum:
Se buscan atletas con alas en los pies y esperanza en sus corazones. La carrera será sobre un pavimento empedrado irregular y resbaladizo. Les empujaremos a lo largo de cuatro sprints detrás de cada esquina y celebraremos con ellos haber alcanzado la gloria.
No importa que haya sonado ya la última campanada, pues desearemos prolongar, aunque sólo sea en nuestra mente, el postrero sonido de su vibración.
Atletismo en estado puro. SIN MENTIRAS.

-SVIJEST ¿Buscas líderes?
-BLOGSCRIPTUM: Exacto.
-SVIJEST: mmmmmmm.....Me apunto. 




1 comentario:

  1. ¿Tu crees que queda algún lider?, pero de los de verdád de los que creén que todos somos iguales desde el mismo momento de nacer, sea el sitio que sea, que la cuna que te acoge sea de oro o de paja, que seas blanco , negro , amarillo o colorado. Soy agnostica en ese sentido porque todo está movido por una sola cosa, bueno por dos : Dinero y poder. Tengo ganas que haya muchas personas que sean desinteresadas que sus hechos estén movidos por humanidad, por igualdad y porque realmente crean que todos somos IGUALES.

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