Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 23 de octubre de 2012

El canto de Jerjes.

Hay que haber empezado a perder la memoria aunque sólo sea a retazos para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida...
Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada.
Luis Buñuel.



Mi padre tiene demencia. No se si es Alzheimer, los médicos tampoco lo saben. Mi padre vive en un estado mental nebuloso. Parece un crío en ocasiones y yo creo que los niños viven en un paisaje mental sumamente complejo. Mientras vamos creciendo intentamos despejar ese paisaje de follaje y desorden exuberante, de un vergel primigenio. Y lo conseguimos unos años  porque el bosque parece a veces despejado. Pero con los años y agotados, la mala hierba y las enredaderas enturbian de nuevo, como en la infancia, ese paisaje mental al que me refería.

A mi me parece que mi padre vive en un estado semiparasitario de conciencia: estado de sueño, restos de conciencia normal y en definitiva una conciencia doble, una diplopia mental (concepto extraído de: El hombre que confundió a su mujer común sombreo, Oliver Sacks, Anagrama 1985) 

Esther Salaman en su libro sobre “recuerdos involuntarios” (A Collection of Moments 1970) expresa la necesidad de preservar o recuperar “los sagrados y preciosos recuerdos de la infancia”. Comenta lo empobrecida y desarraigada que resulta la vida sin ellos. La autora habla del gozo profundo del sentido de la realidad que puede aportar la recuperación de estos recuerdos. 

A mi me gustaría que mi padre retuviese en su memoria los brazos de su abuelo antes de entrar con él al Teatro Real de Madrid. De cómo su abuelo hacía sonar la trompa a las órdenes de las partituras de Don Ricardo (Wagner, claro)
Hoy yo recuerdo como mi padre me colaba en ese mismo Teatro, antes de la reforma. Recuerdo al acomodador al que mi padre dejaba algo secretamente en la palma de la mano recibida como un cuenco. Aquel señor de traje azul engalanado que a mi me parecía un militar de alto rango, y que a cambio de esa moneda a mi me daba una butaca y un programa.  

Todos somos exiliados de nuestro pasado, como tales necesitamos recuperarlo. Yo creo que mi padre ya no puede hacerlo sólo (ni acompañado) pero la verdad no estoy seguro, no quiero estar seguro. Y si es así  que no pueda nunca recuperarlo, me recuerda a un pobre desterrado que anda buscando sitio exacto dónde sentarse de una vez a descansar. Me recuerda a esos pobres subsaharianos recién bajados del barco de Salvamento Marítimo. Todos con la misma cara de perdidos, como mi padre, pero él sin la manta. Le veo buscando una patria, buscando un sitio, buscando un  porqué de su pasado y no encontrando ningún futuro que lo acoja.
Con la misma cara de despiste anda mi padre en la recuperación de recuerdos de la infancia, sagrados y preciosos como dice Salaman. Aún creo que en el estado “despierto” de esa diplopia mental, se realiza su propia historia en una anamnesis extraña, casi milagrosa, intentando abrir de par en par la puerta cerrada de su quehacer diario.
Creo que mi padre sufre una amnesia de la infancia.... cesaron las subidas y bajadas de los acordes de Bach y hoy ya no hay en su cabeza mucho más que fugas de ideas y contrapuntos de recuerdos. Ya no escucha las irrupciones y los arrebatos de Don Ricardo (Wagner, otra vez) y desgraciadamente los ataques furibundos ya no los hacen Valkirias, sino él, y el Oro del Rhin no brilla como antes –ni mucho menos-
Las reminiscencias románticas de las teclas de Beethoven no son ya Sinfónicas y las Sonatas ya no suenan integrales. La música y las escenas de la infancia no son ya más que “notas para conciertos imaginarios” (C. Gómez Amat Espasa Calpe 1987, libro delicioso).

Viendo como  le veo hoy, intento llevarle a aquel mundo de la temprana infancia que consiga renacer reminiscencias y reproduzca en el presente una realidad experimental y no una fantasía. Pretendo que segmentos concretos de su  existencia y una experiencia pasada sean las imágenes motrices y sensoriales que rehagan su vida actual. Desde las más simples escenas a los paisajes y los mundos imaginativos más complejos, la música  debería ser la cuerda tensa del telar que encordele los lizos, levas y pedales de su telar mental. Y él, sentado al banquillo del tejedor, siga manejando los plegadores y travesaños, bobinas y madejas que permitan ordenar la urdimbre de su tela.

Un repertorio, una memoria, una imaginación de la vida que sea esencialmente dramática, melódica y escénica. La forma final de su representación cerebral debería ser la melodía y el Abuelo Pepe (mi bisabuelo) con su trompa, debería hacerla sonar. Pero ahora me parece que sus instrumentos suenan desafinados, o no los oye, no lo sé. Y me parece que algún desgraciado volteó la partitura o algún mamarracho vertió sobre ella una copa de mal vino, y no hay cristiano que a estas alturas sepa leer más de dos corcheas seguidas.

A la sombra de ese árbol que es mi padre apoyé mi espalda miles de veces. Ahora me parece que el viento hace crujir su tronco y suena demasiado el ulular entre sus hojas. Mi padre tiene demencia. No se si es Alzheimer, los médicos tampoco lo saben. Mi padre vive en un estado mental nebuloso…


2 comentarios:

  1. No sé si es porque yo tampoco recuerdo muchas cosas de mi infancia, nunca he tenido más que vagos recuerdos de ella y siempre porque han sido cosas de bastante importancia,o eso creo, entiendo un poco a las personas que ya no tienen recuerdos o los están perdiendo. Quiero explicarte como me siento yo con ello y me imagino que ellos deben sentirse igual. De lo que no recuerdas, no tienes ni desasosiego ni falta de ello, no lo extrañas, no lo recuerdas. Algunas veces recordando con mis hermanas me han comentado que yo he debido de vivir en otra familia, porque he olvidado muchas cosas, quizas mi cabeza no le dió importancia. Con esto quiero apaciguar tu espiritu y creo que echas tu mucho más de menos a tu padre que él a tí. Vas a tener que llegar a una paz interior que no te produzca tanto dolor. Ten también en cuenta que tu madre ahora se había convertido en su madre y me imagino que en las circunstancias que ella se encuentra él la echará de menos, ella era su protección. Besos.

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  2. Estoy de acuerdo con amr....De lo que no recuerdas, no tienes ni desasosiego ni falta de ello, no lo extrañas, no lo recuerdas.... y no duele.
    Siento mucho que estés pasando por esta situación tan compleja. Ahora eres tú el guia de quienes te guiaron hasta donde estás. Empieza un nuevo camino e intenta asumir (palabra dificil de llevar a cabo, lo sé) que son personas distintas por las que sientes un amor incondicional, como el que sientes por tus hijos.
    Recuerda tú por él y reuniros en familia para que esta vez seas tu el que explique aquellas historias vividas.

    Ánimos!! Sigo aqui, no siempre te leo pero veo que escribes.. no dejes nunca de hacerlo llo que se escribe se puede leer sino se recuerda.
    Un beso y un abrazo fuerte
    K

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