Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 20 de septiembre de 2012

Recuerdo Cienfuegos arder. Capítulo 5


A la mañana siguiente la Plaza del Recreo se estiraba por sus cuatro rincones, perezosa, despacio, con la primera luz de la día. A la orilla de la bahía -mucho más alejada del malecón que nunca- llegaban las ondas tranquilas y concéntricas   de un mar que tampoco quería despertarse. Llevaban la cadencia circular de una marea cobarde que la noche anterior se había retirado, envuelta en pánico, por el ruido de la cantina.


Cuando el mar se echa para atrás puedes estar seguro que al cabo del rato regresará con su espuma izada de la violencia más cruel, que tira de ella hasta que la ola gigante roza el cielo, arrasándolo todo después. Pero en esta ocasión el agua de la bahía se batía en retirada por el impulso que venía de la tierra. El miedo del mar, hincado de rodillas, temeroso del poder de la Negra y su canto nocturno, presagiaba también noticias. Las barcas desnudas, con su cuerpo al aire y la quilla hundida en un fango nunca antes visto, daban a Cienfuegos un aspecto inquietante.


El nácar de las conchas  descansaba cara arriba hacia un cielo ya crepuscular, dando el aspecto de que esa noche hubiesen llovido estrellas sobre el mar de la bahía. Soplaba una brisa fresca que hacía mover algunas hojas caídas por el suelo y un viejo perro lastimero cruzaba en diagonal la Plaza y parecía con su triste jadeo poner fin a ese medio-silencio exótico.



Cuando Hamao abrió la puerta, el cerrojo sonó con estruendo y su eco retumbó hasta los cayos. La luz que salía del interior llegó de pronto a la Plaza a borbotones. Un intenso olor a miel, ron y vida nueva salió como un torrente desde dentro.  Lo inundó todo. Hamao dio permiso para abandonar aquel barco y con ello la fiesta se dio por concluida. Uno a uno fueron saliendo de la taberna. Mujeres y hombres. De todos los tamaños y de todos los colores.  En ese último baile de regreso, cada cual por su lado, en esa retirada de pasos inseguros y cierto ritmo bien disimulado en los pies, cada uno a su bohío, a su barco, o a su  propia bahía personal, se fue cerrando el trato de silencio de lo que aquella noche adentro había pasado. El lento caminar de aquella secta, dibujando sus pies la cuadricula de unas calles ordenadas, fue el hilo que tejió sobre Cienfuegos la red de complicidad y secretos que habría de unirles otra vez, casi diecisiete años después. El juramento de ron y sexo es más poderoso que el de sangre.


Luisa salió la última tras el Señor Cullings que portaba el estandarte de la victoria de aquella noche, arrogante, mirando a la luz del sol de frente, con la experiencia de haber vivido antes decenas de batallas iguales y con el corazón ardiente en deseo de disputar nuevas contiendas como esa. Del pecho de la Negra se agarraba la boca de Azurina que mamaba ávida la vitalidad de la madre, acurrucada y mecida con un ronroneo de una canción africana. Sentada a la puerta de la cantina, viendo pasar las primeras nubes de aquella mañana, le pareció vivir ese nuevo vínculo con una intensidad ardiente.


Del otro lado de la Plaza, por la esquina más alejada de la taberna, volvió  a aparecer el mismo flaco jadeante, ladrando desesperado, huyendo del sonido que producían las botas rompiendo el suelo, resonando sobre los oídos de todos los que ya transitaban por la calle. Los pasos no eran acompasados, todo lo contrario. El repiqueteo de los tacones de los soldados era desordenado, como sus uniformes. Ellos estaban tan gastados como su espíritu marcial. La ilusión de aquellos seis hombres había quedado olvidada en Cádiz hacía un año. Era sólo ya un tenue recuerdo peninsular.


Se acercaron al árbol, único, que se había parado ya después de la fiesta en el centro de la Plaza, en su sitio. Sobre el, clavó el sargento el edicto que anunciaba la amnistía general para los rebeldes firmado por el General Martínez Campos. El Gobernador llegado desde España un año antes con veinticinco mil hombres nuevos, entonces ilusionados, garantizaba tierras de antiguos realengos a todos los soldados fieles, voluntarios y habitantes necesitados leales. Prometía la liberación de esclavos y la libertad para los cabecillas revolucionarios que se avinieran a marcharse de la Isla. Todos deseaban pasar página, olvidar un pasado de una revolución que había durado demasiado, diez años, y que agonizaba por los dos bandos por las bajas y la falta de munición.


Luisa apretó aún más a su hija contra su pecho. Esas falsas treguas siempre eran el heraldo de futuros peores y la Negra temió por ella.  A ese nuevo vínculo lácteo que se estaba forjando le añadió Luisa la amarga semilla del odio y compartió el secreto sin hablar con ella: no hay mayor unión que la que nace de tener un enemigo común.



Azurina retiró su boca al primer sorbo de ese nuevo combinado que sabía distinto y su llanto sonó aún más violento que las botas de los soldados que se alejaban por la calle, con el sol en lo alto, capitaneados por el pulgoso que ahora movía el rabo complaciente.

5 comentarios:

  1. Cada vez me engancha más y la intriga se hace más intensa... no sé, no sé si tendré paciencia.

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  2. No me parece bien que sin haber publicado en mi vida ni cuatro líneas procedentes de mi imaginación atreverme con las aventuras inventadas por otros pero (esto es culpa tuya Blogscriptum) nos has invitado a decir lo que queramos porque somos libres de hacerlo ¿verdad? pues allá va: Los cuatro primeros capítulos son hermosos en descripciones, envuelven en aromas y sensaciones para que vivamos tu Caribe soñado pero en éste la descripción ahoga el relato y me he perdido :(( no sé qué ha pasado ni qué querías contar...

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    1. Cuanta razón tienes. No se entiende, es cierto, anónimo, pero las cosas a veces terminan adquiriendo su sentido. Se dejan puertas abiertas por las que después puedes entrar. Fíjate...en mi cabeza este es de los cinco capítulos el más explícito. El que más se acerca a un hecho real que se mezclará con la historia de nuestros personajes. Una madre que ha tenido na malísima experiencia con alguien a quien ella considera enemigo (el soldado español, en general), intenta inculcar ese mismo odio a la hija. El edicto del general Martinez Campos, real, no será mas que una falsa tregua... El futuro será peor para ella, Azurina...todos. El mar avisa a la negra y a los Cienfugueses.... Pero tienes razón. Así no se escribe un libro. Tienes derecho a recibir el libro entero. Por eso, como anunciaba en FB y salvo que cambie de opinión,te anuncio, en primicia que no habrá más capítulos sueltos. El libro estará estas navidades. Hace tiempo que tengo a Svijest olvidado y me ha llamado ya tres veces. Anónimo eres un gran crítico, es mi mejor crítico...porque eres el más sincero. Un fuerte abrazo.

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    2. Sufriré de impaciencia en la espera... pero será un buen parto ¡seguro! Me gustaba volver a la época de la literatura por entregas, de los añorados folletines, pero tienes razón, te sigo desde hace tiempo y me gusta más cómo escribes cuando te relees, cuando incluso a veces te reescribes. Tu sigue, que te seguimos. :))

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