Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 6 de septiembre de 2012

Mejor sonrisa a carcajada...


Como otros, prefiero la sonrisa discreta, no molesta a nadie; la risa me encanta disfrutarla con los amigos, con mi familia; pero la verdad es que la carcajada me la reservo para muy contadas ocasiones y especialmente cuando estoy solo que es cuando la disfruto enormemente. La sonrisa y la risa son contagiosas. La carcajada la mayor parte de las veces abruma por estruendosa, y a veces es incomprendida (¿Pero de qué se ríe?) 
Lo que ya radicalmente detesto son las carcajadas enlatadas.

La humanidad ha tenido la fortuna de disfrutar de asociaciones perfectas en la historia del cine: Jack Lemmon y Walter Mathau; Elizabeth Taylor y Richard Burton; Lauren Bacall y Humphrey Bogart;  Katherine Hepburn y Gary Grant; Robert Redford y Paul Newman Sería muy discutible cuál de ellas es la mejor, pero la de Stanley y Hardy pasa por ser una de las mejores. Y de los dos, que queréis que os diga, el tonto más tonto del cine, la simplicidad más absoluta, la necedad andante más dulce es la de  “El Flaco”. La mayoría de los gags fueron pensados por este niño grande que consiguió colocar 550 tartas de crema en la diana en “The Battle of the century”. Como dijo Mack Snnet el árbol de la risa hunde sus raíces en el Paraíso Terrenal, todo el que pretende haber inventado algo nuevo en este campo, es un mentiroso o un cretino o ambas cosas a la vez.

Tenía razón, el modo de usar los trucos más antiguos para hacer reír y conseguirlo, es propio de genios.  A Camilo José Cela le gustaba usar la expresión tonto de cuidado. Y por Dios que este lo era. Pura metafísica de la risa y especialista en casi todo: golpes, explosiones, incendios, caídas y persecuciones. Pero por encima de todo adoro la risa tensa que me producen sus gags parsimoniosos, la que me mantiene con los labios estirados en una mueca dulce y de puro placer silente durante minutos. La sonrisa afable de estar esperando por segundos interminables la bofetada con alevosía, la catástrofe o el empujón con premeditación y el lento disfrutar de lo que sabes que va a sobrevenir y que aún así te produce un hermoso sonreír. Siendo los dos (Hardy y Stanley) el paradigma de la amistad gamberra,  prefiero a Stanley, este genio de cejas levantadas, cara de cretino continuamente perplejo en una indecisión turbada, y miedoso patológico, porque me hace  verle, no como un actor, sino como realmente era: un tontorrón.



Hoy no voy al cine como quisiera. En cualquier caso me molesta enormemente, como a J.L. Garci, que ya no se descubra el telón del cine y que la imagen del León de la Metro no se proyecte sobre la ondulante tela que cubre la pantalla. Me gustan los pantallones, claro, pero echo de menos la intimidad de una pequeña sala con susurros al fondo y me abruman los maxicines de nosecuántas salas. Recuerdo vagamente las tardes de sábados y de algún día de diario las reposiciones en la TV de Buster Keaton, Harold Lloyd o el mismísimo Charlot, pero recuerdo bien el placer de ver la cara de este tonto tan tonto.

Y ahora dime tú si eres capaz de no mantener una discreta sonrisa (sin carcajada) durante los 5 minutos del video.



2 comentarios:

  1. Tienes razón esta pareja era especial hacian un humor fino, elegante par mi gusto un poco lento.Hay otra pareja que me encanta y son españoles son Faemino y Cansado, siempre que los veo hacen que me duelan las mandibulas de tanto reirme, son tan absurdos , que con ellos no puedes parar de reir .

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    1. Faemino y Cansado !!!!, mis héroes del humor absurdo. Genios. Enormes genios.

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