Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 6 de agosto de 2012

Los principios...ay los principios.



Malos tiempos para la lírica, rezaba la canción de Golpes Bajos, como los que nos dan ahora, añado yo. Ya de pequeño una oftalmólogo extraordinariamente fea, amiga de la familia,  justificaba mis problemas de visión amparándose en el tamaño de mi generosa trompeta facial, mi leve epicanto, mis cejas pobladas y en fin, todas las lindezas que uno se pueda imaginar -pero que no llegaban ni a igualar la fealdad de la referida oftalmólogo- y a pesar de asegurarle que no veía un carajo ninguna de las letras que ella me señalaba, mi problema  residía en una exagerada imaginación. De esta forma el bueno de mi padre y aquella especie de alien con gafotas me apodaron Antoñita la fantástica. Hoy llevo dos lentillas como dos culos de botella.

Las personas se dividen en dos grupos: las flexibles y las inflexibles. Las personas inflexibles están sometidas a la dictadura de los hechos. Las primeras se abrazan al gobierno de los principios.  Los segundos necesitan de la refutación de las pruebas y mediciones. Los primeros de las ideas.  Por lo general los primeros son tendentes al idealismo, al optimismo y al libre albedrío. Por lo general los segundos son más materialistas, tendentes al pesimismo, cuando no al fatalismo y se declaran a menudo como escépticos de lo que ocurre o han oído, al menos hasta que no tienen una prueba fehaciente que demuestre el hecho objeto de cuestión.
Unos echan en cara a los otros su forma de entender la vida. Las verdades para un flexible tienen un fin utilitarista, no tienen porque cumplir a raja tabla con todos los hechos conocidos, de facto, abren camino a verdades venideras, y si se diera el futuro de bruces con el presente actual, asumo la contradicción, cambio la teoría que forjé, y punto.

Mi natural tendencia me empuja a incluirme en el grupo de los flexibles, de los Antoñita la Fantástica, optimista, idealista y porqué no decirlo: utilitarista. Pero hay que tener cuidado porque en este grupo atractivo se pueden introducir sujetos de poco fiar.
Un humorista americano, Stephen Colbert, en su programa cómico The Colbert Report en el 2003, inventó la palabra thruthiness, que viene a traducirse algo así como verdadez.
Cuando los hechos conocidos no bastan para explicar nuestras acciones, las que vamos a tomar,  podemos recurrir a la intuición o el libre albedrío. Colbert definió las razones de Bush para invadir Irak (la existencia de armas químicas) en un movimiento thruthiness. Otros lo calificaron como informes erróneos, pero realmente debió existir mucho más cantidad de intuición que de certezas (a parte de intereses económicos, esto es obvio), y entonces, al cabo del tiempo, simplemente se asumieron las contradicciones cuando la acción ya estaba cometida.

Algo así tengo yo por cierto que está ocurriendo ahora. Durante una década nuestros dirigentes han estado actuando con el natural optimismo del flexible y la intuición derivada de su libre albedrío, haciendonos ver lo bueno que eran todas sus decisiones anteriores, que justificaban su manorrotismo (esta expresión me la invento yo) e inversionismo intuitivo. Ahora el presente no justifica sus decisiones anteriores y se ha de cambiar la teoría creada en el pasado, que fue generada (estoy esperando oírlo en breve) a malos informes y no sencillamente a verdadeces generadas, claro está, para mi bien, para el bien común. A todo esto hay que sumarle la idiosincrásica tendencia española al favoritismo, compadreo, dádivas y prebendas.
Y sencillamente aquí no pasa nada. Nadie es responsable de nada. Lo que se hizo se hizo por principios y como los hechos son jodidamente opuestos a los resultados que yo esperaba obtener, pues cambio mis principios y punto pelota. Uy, uy, uy...que esto no es original.

Quiero entonces reclasificar a las personas, ahora en tres grupos: los flexibles, los inflexibles y a la vista de lo que han liado los flexibles, me borro y me incluyo en el grupo de los volublemente inflexibles.



   

3 comentarios:

  1. No sé si esa clasificación me convence mucho. Yo me inclino más por los que Se aprovechan de una situación favorable y sin ningún escrupulo se erigen como lideres porque los demás no entienden; los que Mejor que ellos piensen por mí porque al fin y al cabo ellos han estudiado más y provienen de familias con tradición dineraria y Otros en los que me incluyo que nuestro proposito es hacer nuestro trabajo lo mejor que podemos, portarnos con el semejante lo mejor que sabemos y creer que el mundo deberia ser mas justo para todos (lo que en estos momentos se llama perroflautas o idealistas).Pero supongo que si me pusiera a pensar un poco mas saldrian muchos grupos mas. Espero que te encuentres mejor.

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    1. La tuya es perfecta igualmente. Me quedo en tu grupo.

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  2. Este espacio sigue siendo para mí un oasis. Me reconforta y me ayuda. Me gusta también leeros. Por supuesto existen muchas mas clasificaciones, esta está basada en una dada por William James, un filosofo de Harvard del siglo XIX, al que he leído.

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